Irak y sus riquezas: caída y nuevo vasallaje neocolonial (III)

Tropas estadounidenses en la frontera con Kuwait. Foto: The U.S. Army.

Tropas estadounidenses en la frontera con Kuwait. Foto: The U.S. Army.

Por Teodoro Navas Díaz*.

Los años noventa arrancan con la Segunda Guerra del Golfo (1991), que llevará al enfrentamiento de una coalición internacional contra Saddam Hussein por la invasión de Kuwait.

Tal como hemos visto a lo largo de esta serie, el sueño de expansión iraquí a costa de anexionar Kuwait se remonta a los años 30 del siglo XX. La guerra contra Irán había producido serios problemas de infraestructura en la industria petrolífera iraquí, lo que conllevó una ralentización en la producción de petróleo del régimen de Saddam. Por su parte, Kuwait había decidido saltarse los acuerdos establecidos en las últimas cumbres de la OPEP y se encontraba produciendo por encima de su cuota, absorbiendo a su vez parte del mercado iraquí.

El gobierno de Kuwait decide comenzar a explotar los pozos de Rumaillah, zona fronteriza con Irak que protagonizó múltiples conflictos diplomáticos. La OPEP hará oídos sordos a las peticiones de Saddam, al igual que Washington y Riad, que tampoco apoyarán a Bagdad. Los movimientos de la monarquía kuwaití contribuirán sobremanera a mermar las ya de por sí limitadas arcas del régimen de Hussein y su capacidad para pagar las brutales deudas contraídas [1]. La continua caída del precio del barril, iniciada a mediados de los ochenta, contribuye a agravar el problema.

Irak sufrió una violenta derrota en su asalto a Kuwait. Pese a la rotunda victoria de la coalición –autorizada por la ONU, compuesta por 34 países y liderada por Estados Unidos-, hubo que esperar doce años para que las potencias occidentales ejecutaran la invasión sobre el régimen de Saddam Hussein. En ese momento, se optó por no derrocar al gobierno iraquí. El objetivo era desgastar el régimen a medio plazo a través de “pequeñas” incursiones (1993, 1996 y 1998) y severas sanciones [2]. Existen algunos factores que explican esta estrategia.

En primer lugar, la coalición carecía de una justificación lo suficientemente importante a ojos de la sociedad como para controlar en gran medida toda una región del planeta. Esta no existiría hasta que se acuñó el concepto “guerra contra el terrorismo islámico”. Asimismo, resultaba peligroso desplegar una intervención de hard power en las inmediaciones de una U.R.S.S. que se estaba desmoronando, pues podría generar una reacción fatal por parte del bando soviético. Finalmente, una invasión del territorio iraquí no contaba con la cobertura legal de la ONU y podría poner en guardia a la República de Irán. Se apostó entonces por una conquista progresiva de la zona, que pasaría por tratar de controlar los Balcanes y “otanizar” Europa del Este.

La coalición de potencias es consciente de que, a medida que la ecuación energética va ocupando más espacio, moverse en los ajustados límites de influencia del Derecho Internacional puede conllevar graves riesgos para su status quo. Hasta ahora, la presencia de la U.R.S.S. había mantenido al todopoderoso bloque atlántico fuera del control de estas zonas vitales. La desintegración de la potencia soviética abrió el camino al mundo unipolar y conllevó la involución del Derecho Internacional, pensado para evitar grandes conflictos.

Reunión del Consejo Seguridad de las Naciones Unidas, incapaz de proteger los principios del Derecho Internacional.

Reunión del Consejo Seguridad de las Naciones Unidas, incapaz de proteger los principios del Derecho Internacional.

Por tercera vez en cinco años tras las irrupciones ilegales en Serbia (1998) y Afganistán (2001) [3], el bloque se acogerá al espíritu del ius ad bellum, derecho soberano de los Estados al que se comenzó a recurrir de forma frecuente con el fin de la Segunda Guerra Mundial. Este derecho a declarar la guerra al margen de la sociedad internacional, trasformado por la administración Bush en el principio de guerra preventiva, sepultará el consensuado de los artículos 1 y 2.4 de la Carta de las Naciones Unidas para proscribir la guerra entre Estados. El Consejo de Seguridad emite la Resolución 1441, que si bien no consiente ni autoriza el uso de la fuerza, fue esgrimida como lo más próximo a la legalidad por los Estados partidarios de invadir Irak [4].

Durante el siglo XIX, se atisba lo que se confirmará como un equilibrio de poderes concertados. El Congreso de Viena estableció que ningún Estado podía obtener la supremacía sobre toda la región. Allí los llamados Estados tapón [5] son formalizados en base a su alto valor geopolítico y a la creencia de que muchos Estados pequeños serían conquistables sin demasiada dificultad por potencias superiores. Ningún Estado permitiría a su rival hacerse fácilmente con uno de estos Estados, por lo que se opta por una protección general a todos los países.

El fin de la Segunda Guerra Mundial busca instaurar un régimen de juego sólido entre potencias. Se trataba de evitar una nueva gran guerra previsiblemente más sangrienta que la Segunda Guerra Mundial, en la que entrarían en juego gigantes energéticos con capacidad nuclear. En este nuevo equilibrio, los miembros de la Comunidad Internacional debían ceder su derecho al ius ad bellum.

En este contexto, los expertos calculan que el cénit del petróleo llegará en la primera década del siglo XXI (luego descubriríamos que su punto álgido llegó efectivamente en 2005). Conscientes de la importancia del control de Oriente Medio, EE.UU. y sus aliados ya habían tomado posiciones de ventaja en el control de los últimos hidrocarburos del planeta. La guerra contra Irak era cuestión de tiempo.

Lo cierto es que la invasión de Irak se empieza a fraguar en 1998 mediante una ley aprobada en el Congreso de los EE.UU. [6], fruto de una propuesta del PNAC (Proyecto por un Nuevo Siglo Americano). Los atentados del 11 de Septiembre darán inicio a toda una campaña propagandística que tenía como objetivo allanar el camino de la guerra.

En marzo del año 2003 estalla el conflicto en Irak. Desde un principio, el objetivo fue la ocupación del país, a pesar de que las ruedas de prensa desde Washington hablaran constantemente de “guerra” en lugar de “invasión” [7] o “agresión”, términos sin duda más descriptivos y fieles a la realidad de lo que sucedió.

Así, la ofensiva en Irak estuvo minuciosamente calculada para lograr el control del petróleo iraquí. Primero se encargaron de defender los campos de petróleo [8] que por derecho correspondían a un Irak ya muy debilitado por las fuertes sanciones [9]. Se destruyó completa e injustificadamente el país, pero haciendo especial hincapié en las infraestructuras petrolíferas. Posteriormente, se aprobaría una ley draconiana sobre la administración de los recursos soberanos y, finalmente, el país es militarizado al modo occidental.

La población iraquí se ha visto obligada a vivir uno de los peores infiernos del siglo XX en sus propias carnes a causa de la inagotable sed energética de las potencias occidentales. En definitiva, este ha sido el devenir de Irak durante el siglo pasado y el comienzo de este en su particular lucha y defensa por los recursos energéticos. Una historia reciente llena de contradicciones y en la que se priorizó en todo momento la codicia de los Estados sobre el bienestar del pueblo iraquí.

Niño del kurdistán iraquí en una escuela gestionada por la UNHCR. Foto: UNHCR.

Niño del kurdistán iraquí en una escuela gestionada por la UNHCR. Foto: UNHCR.

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*Teodoro Navas Díaz es historiador. Licenciado en Historia, especializado en Mundo Contemporáneo por la UCM y Máster en Geopolítica y Relaciones Internacionales. Su proyección profesional e intereses están volcados en los países del golfo y Oriente Medio.
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[1] FRATTINI, Eric. Irak: el Estado incierto. Madrid: Espasa Calpe, 2003, p. 133.

[2] VAREA, Carlos; MAESTRO, Ángeles et al. Guerra y sanciones a Irak. Naciones Unidas y el ‘nuevo orden mundial’. Madrid: Los libros de la Catarata, 1997, passim.

[3]PRESS TV. http://edition.presstv.ir/detail/149520.html. 7-2012. La Resolución 1368 (2001) del 12 de Septiembre del Consejo de Seguridad en base al artículo 51 al derecho inmanente de defensa frente a la agresión de un tercer Estado se fundamento en mentiras y suposiciones. El propio FBI confirmó ocho meses más tarde la inexistencia de pruebas.

[4]THOMAS DE ANTONIO, Mª Clara. Principales interrogantes sobre la crisis de Iraq. Sevilla: Universidad de Sevilla, 2003, p. 92 y p. 97.

[5] Estado tapón es un término geopolítico que hace referencia a un país geográficamente situado entre dos grandes potencias previsiblemente hostiles.

[6] Iraq Liberation Act, S. 2525, 105 Congreso, 2da sesión, 29 de septiembre de 1998.

[7]THOMAS DE ANTONIO, Mª Clara. Op. cit. p. 24.

[8] REBELIÓN.ORG. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=59019. 8-2012 “Nuestra primera misión en Iraq no fue para dar apoyo humanitario, como decían los medios, sino para asegurar los campos petroleros de Bassora. En la ciudad de Karbala usamos la artillería por 24 horas. Fue la primera ciudad que atacamos. Yo pensé que íbamos a darle ayuda médica y alimenticia a la población. No. Seguimos de largo hasta los campos petroleros. Antes de llegar a Iraq, estuvimos en Kuwait. Llegamos en enero de 2003 y nuestros vehículos estaban llenos de comida y medicina. Le pregunté al teniente qué íbamos a hacer con los suministros, pues apenas cabíamos nosotros con tantas cosas dentro. Me dijo que su capitán le había ordenado dejar todo en Kuwait. Poco después nos dieron la orden de quemarlo todo: alimentos y suministros médicos humanitarios”.

[9] VAREA, Carlos; MAESTRO Ángeles et al. Op. cit., pp. 126-133.


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