Fotógrafas en la Guerra Civil: Gerda Taro, Kati Horna y Tina Modotti (II)

Por A. G. Abella*

KATI HORNA  (Hungría, 1912 – México, 2000)

“Creo que al final mis fotos viajarán solas. Sólo soy una obrera del arte”. Kati Horna

Kati Horna fotografiada por Robert Capa

 

Cuando Horna llega a España en 1937, en plena guerra civil, con el encargo del Ministerio de Propaganda Exterior de un reportaje para la CNT-FAI, ella ya es una militante anarquista. Su formación en Budapest con las vanguardias (József Pécsi y Lászlo Molí-Nagy,), el exilio en Berlín (la Bauhaus, Bertold Brecht y Agencia Dephot, donde trabaja con Robert Capa) y más tarde en París (primeros reportajes profesionales), la han llevado a una visión artística cercana al surrealismo y a una militancia política en el anarquismo.

A diferencia de sus compañeros de profesión como Capa, Taro, Centellés, Cartier-Bresson, etc. su interés no está en publicar en los grandes medios del momento, sino en acercarse a círculos menores de distribución, con una difusión reducida pero más cercanos a su ética personal y artística. Como “obrera de la fotografía” su aspiración no es la prensa internacional ni hacer negocio con su obra. Su objetivo no estaba en ocupar la primera plana. Tampoco capturar los cuerpos destrozados por las bombas.

Ella no va a hacer una cobertura de la crueldad del conflicto ni va a acercarse a la muerte de forma directa. Kati evitará cualquier manera de representación que pueda convertir la muerte en espectáculo, eligiendo un tipo de imagen en que la violencia y la muerte sean presentadas de forma indirecta. Sus fotos son muy diferentes a las de sus compañeros: Frente a la acción de las fotos de batalla, la sangre, los cuerpos desmembrados o los rostros desfigurados, Horna abre espacios para la reflexión. ¿Cuál es el sentido del conflicto? Muy raramente fotografía el sufrimiento, tan sólo en tres o cuatro aparecen bombardeos y en una única foto hay muertos. Pero el dolor de la muerte en el frente no se omite, quedaba desplazado por los desastres sobre la vida cotidiana de los civiles.

 “Me hice fotógrafa en París y fotoreportera en España”  Kati Horna

Miliciano escribiendo una carta en el frente. Kati Horna

 

Un miliciano desarmado escribiendo una carta, sentado en medio de un prado y rodeado de hierba. Vestido de uniforme pero descalzo, con sus calcetines tendidos a su lado. Más allá del sufrimiento y los bombardeos Horna buscaba proteger los momentos en los que cabía hablar de humanidad.

El miliciano se encuentra en un paréntesis temporal. La batalla le concede una tregua y el hombre escribe protegido por un encuadre que omite cualquier eco de violencia. En esos momentos puede olvidar para volver a ser el padre, el hermano, el marido, el hijo que era antes de la guerra.

Horna, pacifista y anarquista, rescataba lo que la guerra borra; la memoria de lo cotidiano.

 

Milicianos descansando. Kati Horna

 

En la imagen vemos a la división Ascaso, una organización anarcosindicalista que se organizó en Barcelona y partió al frente de Aragón en julio de 1936. En un momento de descanso la fotógrafa les pide a los soldados que posen y cada uno adopta una actitud; leen, charlan, duermen.

Foto para la portada de Tierra y Libertad. Kati Horna

Foto para un cartel de propaganda. Kati Horna

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Del grupo saltamos al individuo. Kati avanza y rescata a un miliciano de entre los doce del grupo. Sus pasos nos acercan a un chico joven de aspecto fuerte. Gorro, pañuelo al cuello y el mauser al hombro. En actitud serena y optimista, su expresión muestra un gesto acogedor al que lo observa. Una sonrisa para hacer cómplice al que lo veía en una revista, o en el cartel de la CNT-FAI que colgaba de los muros en las calles.

“Las madres combativas”

En el imaginario social la imagen de la “madre combativa” convivía con la imagen de la miliciana. El mensaje era que ellas podían y tenían que ayudar en la causa. Las madres se convirtieron en heroínas, en un ejemplo a imitar. Había que apelar al derecho de las madres a defender a sus hijos de las barbaridades fascistas. La maternidad se convertía en símbolo y si además aparecía en un entorno de desastre, la posibilidad de sensibilizar aumentaba.

Lucía Sánchez Saornil, telefonista, poetisa y una de las pensadoras más importantes anarquistas españolas, colabora con Kati Horna en la redacción de un artículo sobre el tema de la maternidad para la revista Umbral, que se publica el 2 de octubre de 1937 con el título “La maternidad bajo el signo de la Revolución”:

“Tenemos nuevamente enfrentados el concepto de mujer y el de madre, a través de todas las edades se ha venido practicando la exaltación mística de la maternidad y, peor aún, el papel de la madre absorbe al de la mujer, la función anulando al individuo. Hay que restablecer las cosas en sus verdaderos términos. Que las mujeres sean mujeres ante todo, sólo siendo mujeres tendréis después las madres que necesitéis”

Centro de Acogida en Vélez-Rubio, 1937

Refugiados en Alcázar de Cervantes, 1937

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Kati Horna acompaña los textos con las fotos que realiza en los centros de refugiados en Almería y Alcázar. A la izquierda una madre es retratada mientras da el pecho a su hijo. Lo que interesa a Horna y donde acerca su objetivo es a la mirada, a la unión entre la madre y el hijo en el momento de amamantar. En la revista Umbral aparece la siguiente introducción: “El instinto de la vida, más fuerte que la muerte y la destrucción, palpita en esta escena”.

Al observar esta foto es difícil encontrar a la mujer combativa que difundía la propaganda. Horna nos muestra una madre, pero no en el papel reproductor alabado por la propaganda. La mujer expresa sentimientos de ternura e intimidad en la relación con su hijo, como si la guerra no existiera. Pero la guerra está presente por la ausencia: en los centros de refugiados la falta del hombre remiten tanto a la guerra como a la muerte.

 

 

 

 

 

 

Kati Horna se acerca con su cámara al mundo femenino. A la infancia y a la maternidad. Y la vejez como final del círculo que da sentido al ciclo de la vida. La fotógrafa no excluye ninguna época de la vida de la mujer, y representa la vida como un conjunto. La imagen de la mujer no resulta estereotipada con una imagen-tipo, sino que se va recreando en distintos papeles a lo largo de su vida.

           “Una joven con cuerpo de anciana, intransigente, mágica, inteligentísima, sabia, inagotable, una luchadora”. Jose Santiago, amigo de Kati Horna

José y Kati Horna

El exilio de nuevo. A México

Poco antes de terminar la guerra, ella y su pareja, José Horna, abandonan España. José, un pintor español que Kati había conocido en la revista Umbral, pasa por varios campos de concentración en Francia, de donde ella consigue rescatarle para escapar rumbo a México. En el equipaje de Horna se esconde una caja de hojalata en la que guarda sus negativos.

En el barco De Grasse llegan a Veracruz y de ahí partirán en tren a su destino en Ciudad de México, único lugar en el que fueron acogidos. Allí se alojan en la Colonia Roma, como tantos otros desplazados y artistas de la época: Remedios Varo, Leonora Carrington y Emerico “Chiki” Weisz, amigo y compatriota de Horna y Capa, y encargado de custodiar los desaparecidos negativos de la Maleta Mexicana, un tema del que nunca quiso hablar.

Lo que ocurrió con el destino del material fotográfico de Horna durante la Guerra Civil nos da señales de las diferencias que existieron entre ella y sus compañeros. Mientras los negativos de la llamada Maleta Mexicana (Capa, Taro, Chim) terminan en Nueva York en manos del ICP (Centro Internacional de Fotografía), el trabajo de Kati Horna fue regalado por su propia autora al Ministerio de Cultura español. La única condición que puso Kati fue que sólo entregaría su material cuando hubiera un gobierno democrático en España. Hoy pueden verse los 270 negativos en los Archivos estatales de Salamanca.

Exposición de Horna en Londres, 2010

El diario The Independent del 13 de Junio de 2010 titula así una exposición con obras de Kati Horna en el Pallant House Gallery: “La mujer que capturó el corazón de Robert Capa”.

Robert Capa fotografiado por Kati Horna

En el artículo su hija Norah explica el titular:

“José fue mucho mejor para mi madre que Capa, incluso cuando en Nueva York, en el camino a una nueva vida Capa le rogó que se quedara con él, ella se negó. El año siguiente Capa visitó México. Mientras estuvo allí, el le contaba a Horna que estaba harto de las dificultades y exigencias de su peligroso trabajo en el frente de batalla. El dijo que realmente todo lo que quería hacer era quedarse con ella y tener 12 hijos. Pero mi madre se limitó a sonreir. Ella no estaba disponible. Ella estaba con mi padre”

México. El hogar.

La casa de Kati era mágica. Tenía una puerta que dividía su estudio-biblioteca del comedor donde había empotrado canicas de colores. Eran como su universo particular. Si encendía la luz del cuarto próximo, el vidrio de las canicas relucía como planetas. Retazos y botones recreaban por igual su universo personal. No veía la televisión ni escuchaba música pero su casa estaba llena de imágenes y sonidos. Objetos y conchas cantaban con el viento y siempre tenía una historia que contar. Si sabía que ibas a verla te ofrecía un banquete: pan de centeno, pepinos, aguacate, mantequilla, queso y mermelada, fajitas de pollo con páprika, vino blanco y combinaciones de té de todos los sabores.

Kati Horna en México, fecha y autor sin determinar

 

*A. G. Abella (@a_g_abella) es redactora de la revista digital aaaaarte.com.

 

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Este artículo está basado en la siguiente bibliografía consultada:

Lisa Pelizzon: “Más allá de la foto. La mirada de Kati Horna”

Alicia Sánchez Mejorada: “El canto de Kati Horna” Colección Abrevian. Ensayos

The Independent, 13 de junio de 2010 http://www.independent.co.uk/arts-entertainment/art/features/the-woman-who-captured-robert-capas-heart-1999038.html

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