Irak y sus riquezas: los años de independencia (II)

 

Por Teodoro Navas Díaz*.

Irak se irá alineando con las directrices de Washington y Londres de forma progresiva. En 1955, Turquía e Irak firman el Pacto de Bagdad con el objetivo de combatir la amenaza de penetración soviética en Oriente Próximo, con la adhesión de las pro-occidentales Irán y Pakistán, además del Reino Unido. Este acuerdo pretendía dotar a la región energéticamente más densa del planeta de soberanía militar -bajo el liderazgo de EE.UU. e Inglaterra-, logrando como añadido el control de la zona pivote [1]. Para el geopolítico John Mackinder (1861-1947), esta región estaba llamada a dominar al resto con sus decisiones económicas, políticas, fronterizas, y por supuesto en cuanto a la administración de recursos [2]. Algunos de los principales conflictos armados que ha vivido este siglo XXI -Afganistán (2001), Irak (2003), Chechenia (2003), Líbano (2006), Georgia (2008), Libia (2011) y Siria e Irán en la actualidad- son una buena muestra de que esta afirmación iba ya entonces bien encaminada.

No resulta por tanto extraña la reacción de Francia, Gran Bretaña e Israel a la nacionalización del Canal de Suez por el gobierno de Nasser en 1956, una arteria vital para el flujo de los hidrocarburos y la muestra incipiente de que el proyecto panarabista podría desmembrar el control regional de Occidente sobre el área pivote bajo el Pacto de Bagdad -como ocurriría después con la fracasada República Árabe Unida o RAU-.

La sumisión de Bagdad a Occidente se volvería a hacer patente en la insistencia con la que Nuri Said, entonces primer ministro iraquí, recomendaba a su homólogo británico, Anthony Eden, la necesidad de dar una lección a Nasser. Lo cierto es que esta decisión tuvo sus consecuencias en Irak. En primer lugar, se reprimieron las manifestaciones contra la intervención franco-británica-israelí, dejando un gran número de muertos, lo que contribuyó a intensificar el ánimo panarabista en Irak. Asimismo, diversas figuras importantes, tales como Saddam Hussein, verán en la adhesión a la RAU la solución a dos problemas estructurales como eran los posibles desastres geopolíticos como el del Canal de Suez y la cuestión de soberanía sobre sus recursos. Este contexto se convertiría en la antesala de lo que ocurriría dos años después.

En 1958, a través de un golpe de estado, el general Abdel Karim Kassem pone fin a la monarquía iraquí, así como a la influencia que a través de ella Occidente tenía en los asuntos del país. En un primer momento, Saddam Hussein –participante activo en el golpe de estado y miembro del partido Baaz-, abogaba por adherirse a la República Árabe Unida, unión que en términos geoestratégicos hubiera cambiado el destino del siglo XX en muchos aspectos. Sin embargo, las diferencias con Kassem impidieron tomar una decisión antes del golpe de estado en Siria en 1961 que puso fin a la RAU, desmontando el potencialmente poderoso arco geopolítico sirio-iraquí.

Kuwait entra en escena

Desde entonces, Irak entiende la importancia de sumar Kuwait a su territorio y en el mismo año 1961 reclamará su adhesión. Por su parte, el Reino Unido había planeado convertir el país en un emirato independiente y fácilmente influenciable desde Londres. Para Irak, la anexión de Kuwait le convertía en el tercer gigante regional. Arabia Saudí poseía una capacidad titánica para producir petróleo, respaldada entonces por el invencible y ahora controvertido pozo de Ghawar, mientras Irán albergaba una capacidad de producción muy elevada, así como las segundas mayores reservas de gas del mundo.

Fuente: U.S. General Accountability Office.

Fuente: U.S. General Accountability Office.

Las ventajas que, para Irak, implicaba la adhesión de Kuwait a su territorio resultaban de vital importancia. De llevarse a cabo, el gobierno iraquí tomaría el control del pozo de Burgan -el segundo más grande el mundo-, además de generosas reservas de petróleo y gas -las vigésimas del mundo[3]-. Asimismo, obtendría un verdadero litoral de costa que conforme al Derecho del Mar le permitiría expandir sus zonas territoriales, además de hacer de segundo filtro a la navegación por el Golfo Pérsico, bajo control iraní por el Estrecho de Ormuz.

Sin embargo, el imperio británico era igualmente consciente de la importancia de este pequeño territorio y se había encargado de atar los cabos. Así, el convenio Sykes-Picot convertía en un protectorado británico Kuwait, mientras la Iraq Petroleum Company, de propiedad inglesa, se reservaba por setenta años el derecho a la extracción, búsqueda y comercialización del crudo iraquí, incluido Kuwait [4]. La presión de Gran Bretaña y la oposición de sus vecinos árabes impedirán que Irak logre su objetivo, dejando latente este anhelo de poder.

Conforme van avanzando los años 60, Irak vivirá un fuerte ascenso del partido Baaz y recuperará progresivamente el control del petróleo nacional explotado hasta ese momento por la británica Iraq Petroleum Company. Sin lugar a dudas, se trata de uno de los principales puntos de inflexión para Occidente en la pérdida de poder en la región [5], que culminará con la invasión de Afganistán y la rebelión islámica de Irán en 1979.

Guerra de los Seis Días

En 1967, Irak se ve obligado a participar en la Guerra de los Seis Días. El gobierno iraquí era consciente de que la derrota de Israel es imprescindible para articular una adecuada coalición regional bajo pena de ver boicoteados cualquier proyección geoestratégica regional al mundo. En otras palabras, el Estado de Israel siempre ha tratado de impedir que la riqueza geopolítica del Máshreq [6], la mayor del mundo, esté bajo el control de asociaciones regionales. Sólo en base a este razonamiento se explica la impunidad con que Occidente lleva décadas defendiendo las aberraciones al pueblo palestino para contentar las ambiciones israelíes, pues está en juego el dominio de las principales arterias económicas mundiales.

La derrota de Siria y Egipto dejará a Irak como único competidor frente al Estado de Israel. Desde ese momento, se inicia una dura carrera armamentista con el Estado sionista -apoyado tecnológicamente por Occidente- que tenía como objetivo alcanzar un potencial bélico capaz de evitar desastres como el del 67. Es el momento de comenzar a desarrollar armas de destrucción masiva. Cabe señalar que el estado de Israel posee armas nucleares desde 1975, a pesar de que se hiciera oficial en 1986. En 1972 se completa la nacionalización del petróleo iraquí, movimiento que precedió a la Primera Crisis del Petróleo.

La carrera armamentística de Irak respondía también a la amenaza de Irán, el otro gran aliado de los EE.UU. en Oriente Medio y receptor asiduo de armamento por parte de las potencias occidentales. Irán pasó de presupuestar 241 millones de dólares en armamento en 1964 a 4.000 millones en 1974 y 10.000 millones en 1977. El equipamiento se adquiría con tal celeridad que muchas veces se revendía con apenas uso a Pakistán por otro nuevo e incluso en ocasiones no era operativo por carecer de los técnicos cualificados para su uso[7].

Gráfico producción de petróleo de los EE.UU. Fuente: US Energy Information Administration.

Gráfico producción de petróleo de los EE.UU. Fuente: US Energy Information Administration.

Paralelamente, los EE.UU. alcanzan su pico de producción de petróleo a finales de 1970, año tras el cual comienza un fuerte declive. En términos prácticos, esto implica dos cosas. En primer lugar, el gobierno norteamericano se ve obligado a importar cada vez más toneladas de petróleo de Oriente Medio. A su vez, la fortaleza del dólar dependerá de ahora en adelante de su capacidad para consumir más y más petróleo -la declaración de Nixon de no respaldar más los dólares con oro está muy ligado a este aspecto-.

En este contexto se inicia la crisis de 1973, con objetivos claros como lograr desmantelar la posición de Israel, drenar un precio justo a las economías occidentales por el precio del barril y disminuir su poder en la región. Pese a ganar momentáneamente el pulso a Occidente, el sueño nuclear de Irak es sepultado en Osirak por los cazas iraníes e israelíes a principios de los años 80 [8].

Irán vs Irak, rivalidad regional

Durante esta nueva década de enfrentamiento con Irán (1980-1988), el anuncio de un notable incremento -62%- en sólo seis años de las reservas de la OPEP sin haberse producido descubrimientos significativos [9] generó una fuerte polémica. Dado que la cuota de venta, la concesión de créditos y el rumbo de la confianza económica mundial dependen directamente de las reservas de crudo, de comprobarse que estos datos eran falsos o estaban inflados, el barril podría subir de los 200 dólares y generar unos efectos económicos letales a corto plazo. Para Irak, el enfrentamiento con Irán reclamaba grandes recursos económicos, por lo que el anuncio de estas inesperadas reservas permite aumentar más la producción de petróleo, hundiendo los precios y generando graves problemas en las arcas soviéticas.

No cabe duda de que, para Irak, una victoria contra su vecino Irán suponía un paso de gigante en la carrera por lograr la hegemonía en la región. Irán se encontraba sumida en una revolución islámica, y la destrucción de sus principales infraestructuras petroleras le había dejado sin el 80% de los ingresos de capital extranjero. Una hipotética victoria sobre Irán hubiera convertido a este país en un “segundón” regional. Saddam Hussein contó con el apoyo de la URSS y los EE.UU., ambos con grandes intereses en juego de consolidarse la independencia iraní.

La derrota contra Irán hará que Irak se vea obligado a buscar nuevas formas de aumentar su poder en la región, entre las que se encontrará la invasión de Kuwait.

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Consultar la primera parte de la serie: Irak y sus riquezas: los años de colonia

*Teodoro Navas Díaz es historiador. Licenciado en Historia, especializado en Mundo Contemporáneo por la UCM y Máster en Geopolítica y Relaciones Internacionales. Su proyección profesional e intereses están volcados en los países del golfo y Oriente Medio.

 


[1] La “zona pivote” incluye Oriente Medio y Asia Central.

[2] MACKINDER, Halford. Geographical pivot oh History. [s. l.]: Royal Geographical Society, Vol. 23, nº 4 (April 1904), passim.

[3] CIA World Factbook.

[4] ABU-HAKIMA, Ahmad Mustafá. Historia moderna del Kuwait 1750-1965. Montreal: Universidad McGill, 1992, passim.

[5] BERGIER, Jacques, Thomas, Bernard. La Guerra secreta del petróleo. Barcelona: Plaza & Janes, 1969, pp. 52-53.

[6] El concepto ‘Máshreq’ responde a razones geográficas y culturales. Son parte del Máshreq todos los países árabes al este de Libia, mientras que este último país ha sido tradicionalmente considerado territorio de transición.

[7] SERVAN-SCHREIBER, Jean-Jacques. El Desafío Mundial. Barcelona: 1980, Plaza&Janes, pp. 155-157.

[8]  FRATTINI, Eric. Irak: el Estado incierto, Madrid, Espasa Calpe, 2003, pp. 104-108.

[9] G. SALAMEH, Mamdouh.  ¿Son realistas las reservas probadas de la OPEP?.  [s. l.]: Petroleum Review, Agosto de 2004. pp. 26-30.


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