El tanque del Sheriff y el oficial curioso

Por Manuel Larios Cortés.

Tucson, Arizona, 16 de agosto de 2012.- “Si se portan bien todos, no habrá problemas”, advierte uno de los oficiales de la prisión del condado de Maricopa que vigila a los manifestantes de la Caravana por la Paz que protestan frente a un tanque que promociona la “Guerra de las Drogas de Joe Arpaio”.

Protesta delante de la cárcel del condado de Maricopa. Fotografía: Manuel Larios

El tanque, que parece más bien una reliquia de guerra, está montado sobre un remolque negro, en el exterior de la cárcel conocida como Tent City, una prisión que posee el record de denuncias por violaciones a los derechos humanos de los internos, en su mayoría inmigrantes indocumentados, en Estados Unidos.

En el cañón del artefacto de guerra se lee “Blastingaway at Drugs” (‘Bombardeando a las drogas’), y la punta del mismo está adornado por llamas amarillas y rojas; también lleva varios relámpagos como adorno, y en la parte trasera se observan cuatro símbolos de prohibido, que representan los cuatro enemigos que combate el alguacil que se ostenta como el “más rudo” de América: No drogas; no alcohol; no tabaco; y no pandillas.

Tanto la prisión como el tanque de modelo Howitzer parecen ser el orgullo del alguacil Arpaio. Al mismo tiempo, simbolizan la antítesis de la misión pacífica que ha traído a esta ciudad del sudoeste estadounidense a los cerca de 100 integrantes del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Por eso, varios de ellos portan el mensaje opuesto en cartulinas rojas y amarillas: “paren la guerra contra las drogas”.

Y mientras Javier Sicilia se encuentra del otro lado de la calle anticipando a medios locales su interés de platicar con el alguacil Arpaio, el oficial que porta un chaleco antibalas con la leyenda Sheriff en amarillo y tiene ambos brazos cubiertos de tatuajes de distintos colores, y al inicio de la manifestación auguraba que no habría problemas, escucha con atención la historia de Melchor Flores, padre del Vaquero Galáctico, un artista callejero detenido en las calles de Monterrey por policías municipales en el año 2008, y que hasta la fecha sigue desaparecido.

Pero cuando Melchor -apodado por los miembros del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad como El Vaquero- intenta entregarle un documento con la historia de vida de su hijo desaparecido, junto con los oficios que ha enviado a procuradurías y oficinas municipales, estatales y federales, el agente de JoeArpaio inmediatamente recula.

“Manténganse en la banqueta”, dice en un español bien articulado. El policía se resiste a dar su nombre, pero en su gorra y en uno de sus brazos se repite el mismo nombre: Cosme. Al notar la charla entre El Vaquero y el policía, dos reporteros se acercan cámara en mano para entrevistar al oficial, quien nuevamente se pone  a la defensiva.

“No tengo permiso para dar entrevistas”, reitera tajante. Pero, al parecer, su curiosidad por saber más sobre la protesta es más fuerte que cualquier orden. “¿Ya entró el presidente nuevo? ¿Creen que vaya a hacer algo diferente o no? ¿Por qué están protestando aquí?”, cuestiona.

Después de que sus preguntas fueron respondidas, Cosme comenta que nunca ha estado en México, pero habla un español fluido porque su mamá, originaria de Choix, Sinaloa, le hablaba en esa lengua desde que era niño.

El Vaquero cuenta a Cosme, agente de la prisión, la historia de su hijo fallecido. Fotografía: Manuel Larios

Al preguntarle qué siente un hijo de mexicanos al trabajar para un alguacil que es calificado a nivel nacional e internacional como racista y anti inmigrante, el guardia, otra vez, retoma su parquedad al hablar. “Yo sólo hago mi trabajo y lo hago bien. De lo demás, no me preocupo”, afirma.

Asegura también que sigue las noticias de la violencia en México por internet y nuevamente solicita que se le esclarezcan varias dudas sobre los objetivos de la Caravana por la Paz, para intentar comprender por qué este grupo no se queda a protestar en su propio país por la violencia.

A cambio, comienza a dar detalles del tanque de guerra negro que Arpaio mantiene estacionado desde hace años afuera de la prisión del condado como un elemento de propaganda para promover la “guerra contra las drogas” en esta ciudad.

Ya pasaron más de diez minutos bajo un sol intenso que quema la piel, y el intercambio de opiniones entre Cosme y los caravaneros continua. De repente, otro oficial del condado aparece y le dice algo a su compañero al oído.

De inmediato, el oficial de origen mexicano hace un gesto de despedida con la cabeza y se aleja con dirección al interior de las oficinas de la prisión. El nuevo guardia no habla español, ni se le nota interés de platicar con nadie.

La temperatura, que ya rebasó los 40 grados centígrados, comienza a afectar el estado físico de los manifestantes y son dos las personas que han vomitado a causa de la exposición de más de 60 minutos al calor. Es la señal de que la hora de regresar al autobús y seguir la caravana hacia Tucson ha llegado.

 


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