Casamance: treinta años de conflicto (V)

Impactos directos sobre la población civil

El conflicto de Casamance ha provocado consecuencias que recaen directamente sobre la población civil y que afectan a la vida cotidiana de los pueblos de la Baja Casamance. Estas consecuencias van desde la imposibilidad de trabajar las tierras, que es el medio de vida de un alto porcentaje de la población, a los desplazados y refugiados que se ven obligados a abandonar sus hogares; o incluso, en ocasiones, a la muerte. “El conflicto ha dejado efectos negativos en prácticamente todos los aspectos de la vida en Casamance: el entorno se ha degradado debido a la explotación incontrolada o la desatención (…) las vías de mercado cotidianas se han visto interrumpidas y muchos de los servicios (como ambulatorios y colegios) han sido suspendidos.”[1]  A pesar de los cientos de casos de abusos de derechos humanos que se han denunciado en esta región del sur de Senegal, realizados tanto por parte del Ejército como de los rebeldes, ninguno ha sido juzgado, además, según destaca un informe de Amnistía Internacional“ambas partes continúan negando esta información, lo que ha construido un muro de impunidad detrás del cual la responsabilidad de tales abusos puede esconderse.”[2]

Muerte de civiles

Durante las tres décadas de conflicto que vive la región de Casamance, los grados de violencia han ido variando; existiendo desde momentos de relativa calma a otros en los que la violencia, los asesinatos y los ataques directos a la población civil se producen repetidamente. Afortunadamente, durante los últimos años de conflicto, estos momentos son cada vez menos frecuentes, produciéndose ciertas escaladas de tensión en el mes de diciembre debido al aniversario del nacimiento del MFDC o como consecuencia de algunas cuestiones políticas. Desde que comenzó la lucha armada, el MFDC ha asesinado a cientos de civiles. [3]

De acuerdo a dichas situaciones de violencia en periodos determinados, diferentes organizaciones de derechos humanos han denunciado los asesinatos realizados tanto por el MFDC como por las tropas senegalesas. Así,  Amnistía Internacional informaba en 1997 que decenas de civiles habían muerto en Casamance, al mismo tiempo que un informe de RADDHO (Rencontre Africaine pour la Défense des Droits de l’Homme) publicaba los nombres de dieciséis civiles muertos a causa del conflicto, de los cuales tres fueron asesinados a manos del Ejército y doce por el MFDC.[4] Así mismo, se han producido numerosas muertes durante los ataques a vehículos en las carreteras. En este sentido, un informe de Global Security afirma: “En marzo de 2002 supuestos insurgentes del MFDC atacaron a un grupo de civiles en un vehículo a cuatro kilómetros del pueblo de Diouloulou (…), matando a siete personas y dejando cuatro heridos. En un rastreo militar siguiendo este ataque, los soldados mataron a varios supuestos insurgentes, aunque la cifra exacta no se conoce.”

En cuanto a los asesinatos cometidos con motivo de cuestiones políticas, encontramos por ejemplo unos hechos ocurridos en 1993, antes de la celebración de elecciones legislativas. En febrero de ese año el presidente Abdou Diouf visita Casamance como parte de su campaña política, donde es recibido por el presidente de la comunidad rural de Ousuok, Omar Diatta, muy cerca de Oussouye. Unas semanas más tarde Diatta fue asesinado. Amnistía Internacional recoge en un informe posterior declaraciones de un miembro del Partido Socialista de Casamance (el partido del ex presidente Diouf) acerca de este asesinato: “Omar Diatta estaba conduciendo su moto desde Oussouye (…) Estábamos todos en casa, esperándole, cuando escuchamos un fuerte estrépito. Varios hombres armados y enmascarados entraron de repente, saquearon nuestra tienda, quitándonos unos dos millones de francos CFA. (…) Después, nos dijeron que habían matado a Omar Diatta y especificaron dónde podíamos encontrar su cuerpo. Después de eso, toda la familia tuvo que dejar el pueblo y sufrimos serios problemas económicos.”[5]

También, se han producido numerosos asesinatos a personas sospechosas de colaborar con el gobierno de Senegal que procedían, en muchas ocasiones, del norte del país. Así, en 1998 se produce el asesinato de dos pescadores de la etnia tukulor: “Boubacar Bal y Babadou Sy fueron disparados por hombres que decían ser del MFDC en el pueblo de Kaléane, a 20 kilómetros al sureste de Ziguinchor.” El MFDC se hizo responsable de estos dos asesinatos en un comunicado oficial en el que afirmó que ambos “fueron asesinados por ser supuestos agentes al servicio de las autoridades senegalesas.”[6] Según el informe de Amnistía Internacional[7], veintisiete casos de asesinatos pudieron ser verificados por la organización entre 1992 y 1998, a manos del brazo militar del MFDC; además de docenas de asesinatos más que la organización no pudo corroborar.

Por otra parte, se producen numerosas muertes como consecuencia de las minas antipersonas que el brazo armado del MFDC ha esparcido por diferentes zonas, en su mayoría áreas rurales situadas en la frontera con Guinea Bissau. La existencia de campos minados afecta fuertemente a la población casamancesa, ya que imposibilita la entrada a los extensos cultivos de la región y provoca numerosos desplazamientos de familias que se ven obligadas a marchar porque no pueden seguir subsistiendo sin su principal medio de vida, la agricultura. A lo largo de los años, cientos de víctimas han muerto a causa de las minas.

Repartición de muertes por minas en Casamance (2001-2002). Fuente: REMI

El uso de minas antipersona y antitanque comienza a finales de los años noventa, cuando aumenta el tráfico interfronterizo con Gambia y Guinea Bissau que favorece la entrada de este tipo de armas en Casamance. Sin embargo, no se tiene información precisa sobre la cantidad de minas que existen en la región. En 1999, la ONG local RADDHO denunciaba que los rebeldes del MFDC eran responsables del uso generalizado e indiscriminado de minas en Casamance.[8] Según esta organización, el 80% de las tierras cultivables de Ziguinchor, Sedhiou, Oussouye y Bignona se encuentran inutilizables debido a las minas de tierra. Según el gobierno de Senegal, “la contaminación por minas afecta considerablemente al desarrollo económico de Casamance y en particular a los sectores de la agricultura, la pesca, el transporte de mercancías y el turismo, (…) [así como] al comercio entre el Senegal y Guinea-Bissau.”[9] Además de provocar numerosas víctimas mortales, se convierten en un impedimento a la vuelta de los cientos de refugiados que se encuentran en los países vecinos y que tienen miedo de volver a sus pueblos.

En el año 1999, tras la firma de la Convención de Ottawa[10], Senegal establece una comisión nacional con el fin de cumplir los puntos acordados. Para llevar a cabo el cumplimiento de la aquella, se crea el Centro Nacional de Actividades relativas a las Minas (CNAMS o Centre National d’Action Antimines du Sénégal); encargado de realizar diagnósticos sobre la situación de las áreas de Casamance que se encuentran minadas y poner en funcionamiento las tareas de desminado. Según un estudio realizado por la organización Handicap International (HI) en colaboración con el CNAMS, en 2006 había 93 poblaciones, 73 kilómetros de pistas o senderos contaminadas por minas o restos explosivos de guerra y 149 susceptibles de estar contaminadas. Los distritos más afectados son Niaguis, Nyassia y Diatacounda, situados en la frontera con Guinea Bissau. En 2008 el CNAMS tenía un total de 748 víctimas registradas. Además, dadas las malas condiciones de seguridad existen muchas aldeas que la organización no pudo visitar, por lo tanto, se calcula que el número de minas y de zonas afectadas podría ser aún mayor.[11]

Sin embargo, a pesar de  los esfuerzos realizados, las tareas de desminado no han podido terminarse debido a las tensiones que aún asolan la región. En el año 2008, según el gobierno de Senegal, se habían desminado algunas localidades cercanas a Ziguinchor y se habían señalizado 27.000 metros cuadrados.[12] Pero todavía quedan extensas zonas que siguen estando minadas, por lo que la realización de programas de desminado continúa teniendo un carácter urgente, con el objetivo de acabar con las muertes de personas y la inutilización de tierras.

Tareas de desminado. Fuente: Boytownmag

Refugiados y Desplazados

El alto número de refugiados y desplazados que ha provocado el conflicto de Casamance nos da una idea de la gravedad de este fenómeno. Tanto Gambia como Guinea Bissau han recibido a miles de casamanceses. El número total de refugiados es difícil de contabilizar, ya que varía en función de los niveles de violencia, muchas familias se van de sus pueblos cuando se producen ataques a la población civil o cuando la situación es más tensa, pero vuelven cuando se ha calmado. Según ACNUR, hay unos 15.000 refugiados senegaleses en Gambia y Guinea Bissau, dónde existen varios asentamientos que se encuentran muy masificados, y 65.000 desplazados.[13]

En Gambia se contaban en 2002 unos cinco mil refugiados permanentes y dos mil refugiados temporales procedentes de Senegal, agrupados principalmente en el campamento de Banbali, a 90 kilómetros de la capital, Banjul.[14] Además existen otros miles que buscan asilo político y que tratan de tener el estatus de refugiados. En Banbali, las familias casamancesas sobreviven principalmente a través de la agricultura y del cultivo, que se complementa con raciones de comida y pesca.[15]

Campamentos de refugiados en Gambia (2006). Fuente: ACNUR

El alto número de refugiados que recibe Gambia para un país de 11.000 kilómetros cuadrados que se encuentra en el puesto 168 en el Índice de Desarrollo Humano, es una gran carga social y económica, si tenemos además en cuenta que este país ha recibido también un gran  número de refugiados de otros países como Sierra Leona y Liberia.Según analiza Bruce Baker en un artículo sobre la política de refugiados de Gambia, existen varias razones que facilitan la entrada de personas al país desde el vecino Senegal. En primer lugar, la frontera sur de Gambia, de 300 kilómetros, es ciertamente indefinida, no está señalizada y muchos puntos se encuentran sin vigilancia. Esto hace que los refugiados puedan entrar sin siquiera identificarse o registrarse. Esta es la razón por la que se hace difícil la contabilización de las personas que entran en el país. Por otra parte, los lazos culturales, étnicos y familiares que existen en las fronteras de la región de Casamance también juegan un papel importante. Así ocurre en la zona fronteriza con Gambia, dónde “existe una interacción social normal. Familias y amigos se encuentran en ambos lados de la frontera, la cual se visita con regularidad y mediante la que se comercia; aumentado por el hecho de que muchos comparten la cultura y la lengua diolas”[16] Además, la política del presidente Yahya Jammeh (también de la etnia diola), consciente de que se encuentra completamente rodeado por Senegal, siempre ha estado abierta a la recepción de refugiados.

El mayor problema relacionado con el influjo de personas en Gambia es el aumento masivo de entrada de refugiados cuando se producen enfrentamientos armados en la Baja Casamance. Esta situación queda reflejada en el siguiente fragmento publicado por ACNUR en 2002: “2.000 nuevos refugiados de la región senegalesa de Casamance han llegado al sur de Gambia en los últimos días. Huyeron del área de Diouloulou al norte de Casamance, y han llegado a las ciudades de Kargton y Darsilami en Gambia (…) Según informaciones recibidas, el gobierno senegalés envió a ese área fuerzas adicionales de seguridad como parte de una operación (…) [que] se vio impulsada por un ataque el miércoles a un convoy del gobierno electoral que se atribuyó al Movimiento de Fuerzas Democráticas de Casamance (siglas francesas MFDC (…) El 6 de mayo un total de 808 refugiados se habían registrado en Gambia, la mayor parte de ellos mujeres y niños (…) El 7 de Mayo, se estimaba que la cifra había aumentado hasta aproximadamente 2.000 llegadas, (…) En la frontera, se estima que arriban un promedio de entre 50 y 100 refugiados por día.”

La cantidad de refugiados casamanceses que acceden a Gambia, sobre todo cuando se encrudecen los enfrentamientos, es muy alto. Además, muchos de ellos no quieren ser alojados definitivamente porque pretenden volver cuando la situación se calme. Estos factores provocan que establecer una solución duradera en torno a esta cuestión sea altamente complicada. Aun así, Gambia se muestra cooperativa en este asunto.

En Guinea Bissau también existe cierta presencia de refugiados, aunque este fenómeno se produce en menor medida que en Gambia y de manera más aislada. Esto se debe, principalmente, a que la zona fronteriza con Guinea Bissau es un tanto más tensa, se producen enfrentamientos con mayor frecuencia y muchas áreas se encuentran minadas. Por ello, el problema más grave derivado del conflicto son los desplazamientos internos, es decir, personas que se han visto obligadas a desplazarse de sus hogares pero que no cruzan las fronteras del país. Según el Centro de Monitoreo de los Desplazamientos Internos (IDMC según sus siglas en inglés), en 2010 existían en Senegal entre 10.000 y 40.000 desplazados internos o IDPs (Internally Displaced Persons). Según esta misma fuente, “la mayoría de los desplazados casamanceses se encuentran alojados con familiares, amigos o centros de acogida (…) Muchos han encontrado refugio en Ziguinchor, la primera ciudad de Casamance, [donde] se estima que hay entre 10.000 y 14.000 desplazados.”[17]

Los enfrentamientos armados, la violencia ejercida tanto por el brazo militar del movimiento separatista como por el Ejército y el minado de extensas áreas rurales son tres factores primordiales que provocan la gran cantidad de desplazamientos que se producen en esta región. Esto genera consecuencias muy graves en la población, ya que, al ser eminentemente rural a través de una agricultura de subsistencia, la mayoría de las familias se ven desprovistas de su medio principal de vida, viéndose obligados a buscar tierras de cultivo en otras zonas. “Las áreas de cultivo restringidas como consecuencia de los ataques rebeldes han afectado a los medios de vida, tanto rurales como urbanos, de los desplazados internos (…) Las mujeres (…) han tenido que buscar alternativas de cultivo y, en muchos casos, han caído en la prostitución. Los niños suelen fracasar en el colegio o sufren el riesgo de ser abandonados por sus familias debido a la pobreza y el estrés (…) Los problemas sociales y psicosociales entre los desplazados prevalecen”.[18]

Los desplazamientos internos siguen la misma lógica de funcionamiento que la de los refugiados, es decir, cuando se producen escaladas de tensión entre el MFDC y el Ejército o ataques violentos a la población civil, muchas familias se marchan buscando un lugar seguro donde vivir, generalmente con la idea de volver cuando las condiciones mejoren. Sin embargo, este retorno no siempre es posible, ya que, existen muchas áreas que se encuentran bajo un contexto generalizado de inseguridad. Así, con el aumento de la violencia entre el año 2009 y 2010, tras un periodo de relativa calma desde 2004, un número indefinido de personas (alrededor de seiscientas) se ven obligados a desplazarse de sus hogares. El servicio de noticias IRIN (Integrated Regional Information Networks), de Naciones Unidas, informaba en septiembre de 2009: “Al menos 600 personas han abandonado sus casas de las afueras de Ziguinchor (…) tras luchas entre el Ejército senegalés y los separatistas rebeldes. Muchas familias caminaron hasta Ziguinchor (…) pero entrada la tarde aún quedaban 150 familias sentadas encima de sus maletas (…) “No tenemos donde ir”, dijo un hombre sentado junto a su mujer y sus cuatro hijos (…) El 4 de septiembre podían escucharse disparos de armamento pesado en el centro de Ziguinchor. Al fuego de mortero le siguió un ataque del Mouvement des Forces Démocratiques de Casamance a una base militar”.

Debido a la gran cantidad de desplazamientos que se producen durante estos periodos de violencia, es muy difícil contabilizar la cifra exacta de desplazados internos que existen en Senegal y este número varía en función de la fuente. Varias organizaciones de derechos humanos y ayuda humanitaria como UNICEF, Cruz Roja Internacional o ACNUR, se encuentran en la zona ofreciendo asistencia a los desplazados.

Casamance: treinta años de conflicto (IV)

Casamance: treinta años de conflicto (III)

Casamance: treinta años de conflicto (II)

Casamance: treinta años de conflicto (I)


[2] AMNISTÍA INTERNACIONAL. Senegal: Climate of terror in Casamance, 5/04/1998 , pág.38

[3] Ibidem, pág.34

[4] RELIABLE SECURITY INFORMATION. Op.Cit.

[6] AI, Senegal: Climate of terror in Casamance, Op.Cit., pág.35

[6] Ibidem, pág.36

[7] Ibidem

[8] RELIABLE SECURITY INFORMATION. Op.Cit.

[9] Ibidem

[10] Convención sobre la prohibición del empleo, almacenamiento, producción y transferencia de minas antipersonal y sobre su destrucción.

[11] Reunión de los Estados partes en la Convención sobre la prohibición del empleo, almacenamiento, producción y transferencia de minas antipersonal y sobre su destrucción, 22 de octubre de 2008, pág.2 [http://www.apminebanconvention.org/fileadmin/pdf/other_languages/spanish/MBC/clearing-mined-areas/art5_extensions/countries/9MSP-extension-request-exec-summary-Senegal-sp.pdf]

[12] Ibidem, pág.3

[13] BAKER, B., “Political Sensitivities in Gambian Refugee Policy”, The Journal of Humanitarian Assistance, mayo de 2002

[15] BAKER, B. Op.Cit.

[17] Internal Displacing Monitoring Center. Senegal: New displacement and challenges to durable solutions in Casamance, 18 de junio de 2010, pág.1

[18] Ibidem

[19] Ibidem

 


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Sobre Alma Toranzo

Periodista especializada en información internacional. Actualmente se encuentra en Dakar (Senegal). Anteriormente ha escrito crónicas desde Latinoamérica. Contacto: alma.toranzo@hemisferiozero.com