Madres sí, pero no así

El riesgo que tiene una mujer de morir por complicaciones en el parto o el embarazo en un país menos desarrollado es 300 veces mayor que para una mujer que viva en un país económicamente más desarrollado.

Fotografía: Almudena Barragán

El embarazo y el alumbramiento son por lo general motivo de alegría en cualquier parte del mundo. Pero la diferencia que existe entre los países en materia de salud materna y neonatal, hace que ser madre en países subdesarrollados cueste la vida de la mujer, del bebé o de ambos.

Desde 1990, la estimación de muertes maternas que se producen en todo el mundo supera las 500.000. Los progresos alcanzados en relación con la primera meta del Objetivo de Desarrollo del Milenio 5 han sido limitados, se trata de reducir la tasa de mortalidad materna de 1990 en tres cuartas partes para 2015. En África Subsahariana la reducción ha sido prácticamente inexistente, aún sigue albergando la mitad de todas la muertes maternas en el mundo.

La cifra de muertes de recién nacidos en los países en desarrollo tampoco ha recibido mucha atención. El 40% de estas muertes (3,7 millones) se produjo en los primeros 28 días de vida del niño. Un bebé nacido en un país menos adelantado tiene 14 veces más probabilidades de morir durante estas primeras cuatro semanas.

Otro desafío relacionado con la maternidad en estos países es plantarle cara a la extrema juventud de las madres, niñas entre los 15 y los 19 años, que poseen más riesgos de tener complicaciones durante el embarazo y en el parto. Si la madre tiene menos de dieciocho años, el riesgo del bebé de morir durante su primer año de vida es un 60% más alto que en el caso de un bebé nacido de una madre mayor de diecinueve años. Pero crear un entorno propicio para la salud materna y neonatal incluye abordar barreras sociales, culturales y económicas que perpetúan la desigualdad entre géneros. La prohibición que muchas mujeres tienen de acceder a la educación les impide recibir o buscar atención médica adecuada, o adquirir las técnicas necesarias para protegerse de las infecciones de transmisión sexual (sobre todo del VIH), informarse del espaciamiento adecuado de los embarazos, o buscar mecanismos u organizaciones que las ayuden a defenderse de  la violencia, el abuso y la explotación.

Esta coacción puede restringir su capacidad de generar ingresos cuando se convierten en mujeres adultas, condenándolas a una vida de esclavitud y sometimiento cuando contraen matrimonio, lo que a menudo ocurre cuando son aún menores de dieciocho años.

Las tasas de mortalidad materna son un fiable barómetro de la eficacia de los sistemas sanitarios, que en muchos países representan deficiencias en la capacidad administrativa, técnica y logística, sin inversiones financieras y con un personal sanitario inadecuado. Los estudios demuestran que aproximadamente el 80% de las muertes maternas podrían evitarse si las mujeres tuvieran acceso a los servicios esenciales de salud materna y a una atención sanitaria básica. Cincuenta y siete países, 36 en África Subsahariana, tienen menos de 2,28 trabajadores sanitarios por cada 1.000 habitantes, el umbral mínimo establecido por la OMS para prestar una asistencia adecuada durante el parto.

De la misma manera existen pruebas que dan fe de los efectos multiplicadores de invertir en igualdad entre los géneros, en este caso, fomentar la participación de los hombres y jóvenes adolescentes en la salud y la atención materna y neonatal; y la promoción de la autonomía de la mujer. Las inversiones en educación, salud de la reproducción y en los derechos económicos y políticos de las mujeres pueden traer avances en la reducción de la pobreza y el logro de un desarrollo sostenible.

Entre las alternativas para una atención materna y neonatal más equitativa están aumentar los presupuestos para la salud; abolir los cargos directos a los usuarios, un grave obstáculo en el acceso a los servicios de salud para los más pobres, como ya hicieron Burundi o Ghana; creación de seguros médicos (Bolivia posee un seguro de salud materna e infantil) y el establecimiento de programas de transferencia de efectivo.

Mejorar e integrar la atención de la salud materna y neonatal requiere compromisos a nivel nacional e internacional y alianzas mundiales en materia de salud entre organismos e instituciones.

Publicado en La Huella Digital.

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Fuente: Informe sobre salud materna y neonatal UNICEF 2009: http://www.iin.oea.org/iin/newsletter/boletin3/documentos/Publicaciones/8Estado%20


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Sobre Almudena Barragán

Periodista y especialista en información internacional y países del sur. Diplomada en Derechos Humanos por la Universdidad Iberoamericana de México. Ha trabajado en Punto Radio Madrid y el Periódico Reforma de México. Del Sáhara Occidental al Altiplano, pasando por el Itsmo de Tehuantepec. Movimientos sociales y recursos naturales. Derechos de la mujer. Sigue de cerca el movimiento migrante centroamericano. Fotografía documental. Nómada. Contacto: almudena.barragan@hemisferiozero.com