Identidades nacionales y televisión (II)

Por Javier Jurado*.

El periodista

El principal instrumento del sesgo informativo (estatal, pero también comercial) en nuestros medios de comunicación sigue siendo la autocensura de los propios periodistas que, al pertenecer a un gremio particularmente precario, raras veces se arriesgan a informar sobre sucesos particularmente (y realmente) espinosos o polémicos.

La condición de cuarto poder que siempre ha acompañado a la profesión periodística, concebido como contrapoder contra los abusos, se ha ido diluyendo a lo largo de las últimas décadas para pasar a formar parte de los instrumentos simbólicos de mantenimiento del status quo. Las presiones comerciales, institucionales y laborales a la que han sido sometidos, han ido haciendo de la idea romántica del periodista/reportero un mito cada vez más difuso y lejano que aun así sigue funcionando para llenar las facultades de periodismo, creando así un enorme “ejército de reserva” que precariza aún más a la profesión y la pone al servicio de los poderes fácticos.

La autocensura periodística funciona en los regímenes democráticos como espejo del liberalismo, cada vez más desideologizado y consumista, donde la fricción, el enfrentamiento y el debate se ven confinados a programas-espectáculo, la comúnmente conocida como telebasura. No es de extrañar, por tanto, que presentadores de informativos “serios” como Alfredo Urdaci puedan reciclarse como tertulianos de programas como La noria [1].

El director de ‘Network’ (1976), Sidney Lumet supo reflejar la crisis del telediario debido a la transformación de la información en entretenimiento

Aparte de la integridad o deontología de periodistas particulares, lo que señala este hecho es otro de mucha mayor importancia: la transformación de la información en entretenimiento o, como señala Ignacio Ramonet, la muerte del telediario [2] tal y como lo conocemos en Europa.

El modelo a seguir parece ser, por un lado, las enternews [3] americanas donde el sensacionalismo heredero de los programas de telebasura condiciona los contenidos informativos e impone lo banal, lo sangriento, el melodrama, sobre la información política y social [4]. Periodistas persiguiendo, corriendo, tropezándose e incluso peleándose con cantantes, futbolistas y demás “personajes públicos”, no son empero ya, una caricatura de una profesión devaluada.

El receptor

Este auge de la telebasura y las enternews tienen origen en el modelo de espectador-consumidor que domina el mercado audiovisual actual. La adaptación a los gustos personales del público es la norma. La tiranía del consumidor que “criba y selecciona las invitaciones que le salen al paso y no presta atención más que a lo que está en sintonía con sus intereses, sus expectativas y sus preferencias[5] indica la dirección que tomar a las cadenas de televisión que emiten programas donde sexo y violencia adquieren un papel protagonista.

Teniendo en cuenta que, tomando el caso de España como modelo de espectador [6], el tipo de programa que prefiere el 38,5 % del público son los noticiarios y que el 75,2 % de los espectadores los ve todos los días conviene prestar atención a las noticias que aparecen en dichos programas y la relevancia y tiempo que se le da a cada una de ellas.

A primera vista llama la atención el poco espacio dedicado a noticias de política internacional en comparación con la cobertura que se ofrece de los dos partidos políticos nacionales y los enfrentamientos, en su mayoría insignificantes e irrelevantes. En segundo lugar, la invasión de noticias “de sociedad” o de sucesos que otrora dominaran Telecinco y Antena 3, canales con un largo historial sensacionalista, y que hoy se han hecho con un importante espacio en la totalidad de los informativos nacionales, con la honrosa excepción de los -por otra parte minoritarios- informativos de La 2.

El tercer bloque que suele componer los informativos y que en algunos casos llega a ocupar casi un tercio de la información (llegando a tener un espacio y plató propio, como en el caso de Cuatro) es el dedicado a deportes. Éste es el más interesante para nuestro propósito inicial, pues aquí podemos observar la exagerada cobertura que se da a los deportistas y éxitos nacionales y que, irónicamente para la situación actual de la ciencia en nuestro país, a veces se contagia hacia los logros de los investigadores.

TVE, A3, T5 y Cuatro desplegaron una exhaustiva cobertura sobre la celebración de los campeones de Europa, monopolizando la información del día y sin dar otra opción al telespectador.

En definitiva, podemos observar un modelo de informativos donde lo nacional, en forma de politiqueo de apariencias y deporte de élite, se conjuga con lo local, a través de sucesos escabrosos para lograr a toda costa mejores resultados de audiencia. Sin embargo, la elección de los temas no es ni mucho menos inocente y obedece a un esquema que bebe de las necesidades de organización institucional de cualquier estado.

La nación

El 24 de septiembre de 2007 en una charla en la Universidad de Columbia en Estados Unidos, el presidente de la República de Irán, Mahmud Ahmadineyad, negaba el holocausto judío durante el Tercer Reich, defendía la mayor libertad que disfrutan las mujeres en su país y afirmaba que en su país no existían homosexuales. Aparte de la polémica que provocó y que pudo o no buscar con los asistentes al evento -y el público norteamericano y europeo de manera más general-, parece que el mensaje iba dirigido más bien a su propia población. Era, en definitiva, un acto público donde el presidente de una república incomprendida por los occidentales se presentaba para explicar las bondades de su gobierno y, por extensión, de su país.

La charla se convirtió en un tema de especial relevancia tanto en los informativos iraníes como en los estadounidenses [7], y en uno más de los asuntos sobre los que reafirmar la identidad del pueblo iraní como soberano e independiente. El hecho es que la prensa y televisión iraní son una de las más rígidas del mundo, donde el control informativo es tan asfixiante que una población tradicionalmente culta busca cadenas por satélite para informarse de la actualidad. Curiosamente, los medios de comunicación del gobierno este mismo año acusaron a estas cadenas por satélite de provocar un aumento de divorcios el año pasado y de esta manera desquebrajar los cimientos de la sociedad persa [8].

El control de los medios de comunicación y su uso como mecanismo nacionalizador es especialmente flagrante en los casos de China y Rusia donde, en el caso del primero cualquier información necesita de una licencia del partido para ser emitida y donde se multa fuertemente (250 yuanes) a los presentadores de televisión por no leer específicamente lo que dice el guion [9]. En el caso del gigante ruso, el dominio que -después del trabajo de reagrupación de medios de comunicación que hizo Vladimir Putin- tiene actualmente el estado sobre estaciones de radio y televisión llega al 80% [10].

Sin embargo, en países considerados plenamente democráticos como Japón, el control editorial sobre los contenidos de la programación sigue monopolizado por élites administrativas nombradas por el estado y que responde a la estrategia de posguerra [11] durante la cual la infiltración comunista se veía como una amenaza real para un pueblo con claras dificultades económicas.

El modelo japonés sorprende por su similaridad con el español en cuanto a la creación de una nacionalidad a través de la parrilla televisiva: la importancia de la familia imperial en la actualidad informativa, y televisiva en particular [12], como se demostró en la boda entre el príncipe Akihito y Michico Shouda en 1958, y el espectacular aumento de venta de televisiones para presenciar el evento [13]. Estos eventos que con una rapidez asombrosa son considerados históricos por la prensa (no sólo rosa) llegan a acaparar gran parte de los noticiarios, como ocurrió con el caso de la boda de Felipe de Borbón y Letizia Ortiz en un intento por dar legitimidad y continuidad a una institución surgida de un golpe de estado, de una guerra civil de tres años y de una dictadura de casi cuarenta.

Este último periodo, particularmente difícil para la población española, es también objeto de la programación televisiva, en forma de seriales, que son uno de los programas favoritos de los espectadores nacionales [14]. Tal es el caso del famoso Cuéntame o las sagas de Amar en tiempos revueltosLa Señora o 14 de abril. La República. Mediante estas series se conecta la memoria doméstica con la historia nacional, creando un discurso convincente y sólido que busca remplazar lo que Walter Benjamin identificaba con la pérdida del aura, o de la experiencia contada por sus actores que tras experiencias traumáticas prefieren callar antes que revivirlas [15]. Aquí también el caso japonés nos ofrece un ejemplo similar con Musume to Watashi (‘Mi hija y yo’), serie que cuenta la historia de dos mujeres en ausencia del padre de familia durante la Segunda Guerra Mundial y la posguerra y que tuvo un éxito sin precedentes en la televisión nipona [16].

Pero la reconstrucción de la memoria colectiva no se limita exclusivamente a épocas recientes, como fácilmente se aprecia con series como Los TudorAguila Roja o Roma, por poner ejemplos de sobra conocidos. En India el Ramayana, la gran epopeya india, ha sido llevado a la pantalla en forma de telenovela, alcanzando un éxito sin precedentes a principios de los años noventa [17] y sirviendo como prólogo para la expansión de la industria cinematográfica radicada en Bombay, el centro del nacionalismo hindú. Allí las producciones fílmicas han conseguido homogeneizar a la población alrededor de un producto audiovisual unificando diversas etnias, castas e incluso las occidentales categorías de cultura “noble” y cultura popular [18].

Conclusión

La televisión, con su enorme influencia sobre el imaginario colectivo, sigue siendo uno de los principales agentes socializadores de las sociedades contemporáneas. Pese al auge de internet, con su innumerable variedad de blogs, sitios de información alternativa, páginas de enlaces a noticias… el medio televisivo sigue siendo la principal fuente de noticias para la mayoría de la población de los países denominados desarrollados así como los que se consideran en vías de desarrollo.

Secuencia de Fahrenheit 451 (François Truffaut, 1966) donde muestra la fuerza de la televisión para influir en el imaginario colectivo y ser un agente socializador en la sociedad contemporánea.

Esta influencia no ha sido descuidada por los gobiernos que pese a pretender en muchos casos ser garantes del libre mercado, imponen una determinada agenda propagandística tanto en los medios públicos como en los privados. Concesión de licencias, subvenciones, autocensura periodística y disposiciones legales son los mecanismos usados por los poderes políticos para establecer una identidad, un lenguaje difícilmente contestable por parte del espectador del medio de comunicación probablemente más conformista, pasivo y conservador.

Debido a esta pasividad inducida pero también intrínseca a la televisión, pues se consume en el hogar, más concretamente en el sofá o a la hora de comer, la resistencia al mensaje es débil y, en su caso, necesitada de un esfuerzo por parte del observador de comparar las informaciones recibidas. Como en su mayoría los espectadores no contrastan las informaciones recibidas, mucho menos con publicaciones especializadas o medios internacionales, se crea una división entre estos televidentes y una mayoría que tiene como bagaje político aquello que ven en la televisión “c’est-à-dire à peu près rien”[19].

Es en ese grupo donde el fermento nacionalista prende con mayor facilidad, también quizás la explicación del auge de una derecha que se ha esforzado en apelar a los sentimientos de los votantes antes que en el pensamiento razonado que promueven los sectores progresistas. El nacionalismo, el racismo y la xenofobia, si no son sentimientos inherentes a la condición humana, sí obedecen al instinto de pertenencia a una comunidad y ello es aprovechado por los gobiernos para lograr una cohesión social que en muchos casos se cimenta sobre un chovinismo contraproducente para la construcción de una sociedad culta y verdaderamente solidaria. 

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Javier Jurado. Licenciado en Antropología Social y Cultural por la Universidad Complutense; actualmente doctorando en Historia por la Carlos III y estudiante de grado de Historia del Arte en la UCM. Máster en Literatura comparada por la University of Kent (Reino Unido), también ha participado en los seminarios de Teoría Política del Máster en Democracia y Gobierno en la Universidad Autónoma de Madrid. Líneas de investigación: Medios de Comunicación y Cine, Historia Contemporánea y Estudios Culturales. Edita el blog “El Pireo”.

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[1] “Alfredo Urdaci se pone al servicio del Pocero”. En Público, 05-01-2009

[2] Ramonet, I (2006) [2001] La tyrannie de la communication. Gallimard. Paris (p. 143)

[3] Castells, M (2010) Comunicación y poder. Alianza. Madrid

[4] “Si l’on emploie des minutes si précieuses pour dire des choses si futiles, c’est que ces choses si futiles sont en fait très importantes dans la mesure où elles cachent des choses précieuses” Bourdieu, P (2005) [1996] Sur la télévision. Raisons d’agir. Paris. (p. 17)

[5] Lipovetsky, G (2007) [2006] La felicidad paradójica. Anagrama. Barcelona (p. 169)

[6] Datos sacados principalmente del Barómetro de mayo de 2010 y en menor medida del de julio de 2000

[7] “The limits of free expression”. En The Economist 24-07-2007

[8] “Ever-resilient but maybe more maleable”. En The Economist, 03-03-2012

[9] Castells, 2010: 368

[10] Castells, 2010: 359

[11] Yoshimi, 2003: 462-463

[12] A este respecto el tratamiento de la figura del rey en nuestro país es uno de los más vergonzosos ejemplos de manipulación y autocensura informativa concebibles en una democracia y por el cual incluso sucesos como la implicación de su yerno en un caso claro de corrupción y fraude y el “affaire Bostwana” es disculpado por el editorial del diario líder de ventas en dos de los más bochornosos artículos aparecidos en la prensa reciente.

[13] Yoshimi, 2003: 468

[14] 8,3 % según el Barómetro de mayo de 2010

[15] Benjamin, W (2007) [1933] “Experiencia y pobreza”, en Obras, libro II/vol. 1. Abada. Madrid.

[16] Yoshimi, 2003: 478

[17] Singh, V (1988) “Sous le choc d’un feuilleton télévisé” en Manière de Voir, 94. Agosto-Septiembre 2007 (pp. 88-89)

[18] Lequeret (2004) “La synthése magique du cinéma indien” en Manière de Voir, 111. Junio-Julio 2010. (pp. 17-21)

[19] Bourdieu, P (2005) [1996] Sur la télévision. Raisons d’agir. Paris.

 


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