Del modelo del ISI a la neoliberalización en Ecuador: claves de una evolución político-económica (I)

Con el desarrollo de la nueva serie, pretendemos comprender la realidad política del país latinoamericano desde la década de los cincuenta hasta la aparición de Rafael Correa a mediados de la presente centuria. El análisis a lo largo de varios capítulos abordará principalmente aspectos económicos y sociales que justifican la implantación de modelos de gobierno tan dispares como el caudillismo populista, dictaduras militares y, finalmente, un sistema, a priori, democrático influido por el neoliberalismo y las élites oligárquicas.

Como iremos presentando, la aproximación a la historia del último medio siglo en Ecuador la dividimos en tres periodos que, en ningún caso, son estancos, sino que son resultado de la evolución propia de la historia de Ecuador y que han supuesto una modificación en el modelo de desarrollo de dicha nación: 1948-1963. El banano como impulsor del fortalecimiento de las instituciones políticas; 1963-1979. El ‘boom’ petrolero y las intenciones reformistas de las Fuerzas Armadas durante sus Gobiernos; 1979-2006. La implementación de la agenda neoliberal en el Estado a través del Consenso de Washington y el  debilitamiento institucional.

Asimismo, creemos necesario identificar aquellos aspectos clave que caracterizan la evolución político-económica de Ecuador. Siguiendo a la profesora Lisa North [1], estos elementos tienen que ver con las divisiones regionales, la composición de sus clases dominantes y los patrones de organización socio-política entre las clases subordinadas. Así, destacan, por un lado, las clases terratenientes tradicionales que se asentaron en la sierra andina después de la independencia y gobernaron sobre una población indígena inmersa en relaciones serviles de trabajo y, por otro, la “moderna” élite financiera-comercial-terrateniente, que surgió en la costa durante los períodos cacaotero (1860 a 1920) y bananero (1948 a 1972).

Guayaquil, una de las ciudades más grandes de Latinoamérica, es un importante centro comercial y financiero con influencia a nivel regional. Fuente: Getty Images.

A través, de las principales instituciones de estas dos elites, es decir, sus respectivas cámaras de agricultura, industria y comercio, como también sus bancos, ubicados en las ciudades de Quito y Guayaquil, los líderes de estas instituciones han disfrutado del acceso directo a la elaboración de políticas públicas hasta la actualidad.

Asimismo, organizaciones políticas y sociales de clase media también han sido históricamente fragmentadas por las divisiones regionales mientras que los sectores populares urbanos y rurales han estado separados tanto por razones regionales como por razones étnicas. Analistas de la política ecuatoriana se han referido a las formas de participación política en el Ecuador como atomizadas, heterogéneas o segmentadas.

Los sectores subalternos permanecieron profundamente divididos y, en gran parte, movilizados por coaliciones dominadas por elites a través de líderes populistas como José María Velasco Ibarra [2] y Abdalá Bucaram [3]. Por su parte, las clases medias estaban enclaustradas dentro de partidos políticos dominados por elites. Como apunta Felipe Burbano de Lara, “la ciudadanía del país se presenta como el gran déficit en la construcción del Estado ecuatoriano desde su formación republicana en el siglo XIX; y como campo de conflictos y disputas entre clases subalternas, clases dominantes y elites políticas en torno al reconocimiento de derechos e inclusión en la comunidad nacional[4].

Para Anita Isaaks [5], el problema tiene raíces históricas, ya que los partidos políticos ecuatorianos no han realizado las funciones de mediación, moderación y representación, típicamente asignadas a los partidos políticos. En lugar de ello, los partidos políticos en el Ecuador han sido descritos ya sea como oportunistas, personalistas o elitistas. A menudo utilizados por sus líderes únicamente como un vehículo electoral, a los partidos les ha faltado en general una coherencia ideológica o programática, han tenido una estructura y organización internas débiles, y han demostrado una marcada propensión hacia la fragmentación.

José María Velasco Ibarra fue presidente de Ecuador hasta en cinco ocasiones.

En cierta medida, el carácter elitista u oligárquico del sistema político ecuatoriano es un reflejo de la naturaleza del desarrollo social y económico del Ecuador. El predominio de las prácticas laborales precapitalistas en la Sierraecuatoriana hasta mediados de los años 60 debilitó los esfuerzos para organizar a los pobres en el área rural. De igual forma, el predominio de una economía de exportación agrícola con base en la costa, con mínimos requerimientos de mano de obra y efectos multiplicadores, y el resultante retraso en la industrialización del país, explican la ausencia de una fuerte clase trabajadora o burguesía industrial capaz de oponerse a la influencia política y económica de la elite exportadora.

Para concluir y, dadas las estructuras sociales y económicas diferentes de las sociedades de la sierra y de la costa, las elites regionales del país han mostrado una capacidad notable para movilizar a las clases subordinadas hacia la acción política en defensa de sus propios intereses económicos privados. De hecho, los dos grupos de elites han logrado montar un frente común cuando han sido amenazados por movilizaciones populares o políticas redistributivas, como ya veremos en futuras publicaciones [6]. En este sentido, Felipe Burbano destaca “la capacidad desplegada por parte de los grupos de poder y/o por las elites locales y regionales de la costa y la sierra para posicionarse e incidir en los procesos de construcción estatal y nacional[7].



[1] NORTH, Lisa: “Militares y Estado en Ecuador: ¿Construcción militar y desmantelamiento civil?”. Iconos. Revista de Ciencias Sociales. Num. 26, Quito, septiembre 2006.

[2] José María Velasco Ibarra fue elegido por quinta vez presidente de la República en 1968 y derrocado por las Fuerzas Armadas en 1971. La presencia de Velasco Ibarra gravita en la política ecuatoriana desde la década de los treinta; aprovechando con sagacidad el debilitamiento de los partidos políticos tradicionales, y sin una sólida base ideológica alcanza éxitos electorales sin precedentes basados en la atracción que su persona ejercía sobre las masas. MELO GONZÁLEZ, Claudio (coord.): Ecuador Contemporáneo. Edita la Universidad Autónoma de México. México D.F. 1991. Pág. 7.

[3]Abdalá Bucaram se presentó hasta en tres ocasiones a la presidencia del país (1988, 1992 y 1996). En esta última elección venció pero apenas estuvo medio año en el poder (1996-1997), ya que “todo pareció estallar, pues en apenas seis meses se resumió la podredumbre política y la conflictividad del país. Desde 1979, el de Bucaram fue el primer gobierno en ser derrocado por el hastío nacional”. PAZ Y MIÑO CEPEDA, Juan J.: “La coyuntura electoral del Ecuador en un contexto de comparaciones históricas”. Revita La Tendencia, Quito, Enero 2007. Pág 5. Abdallá Bucaram se presentó como el presidente de los pobres e intentó llevar la economía ecuatoriana a un estado superior del neoliberalismo con su programa de convertibilidad, con el cual forzaría la aprobación de una lista de reformas neoliberales, la aceleración de las privatizaciones, así como la radicalización de la flexibilidad laboral. MONTES DEL CASTILLO, Ángel (coord.): Ecuador Contemporáneo. Editala Universidad de Murcia, 2009.

[4] BURBANO DE LARA, Felipe (coord.): Transición y rupturas. El Ecuador en la segunda mitad del siglo XX. Edita FLACSO y Ministerio de Cultura de Ecuador. Quito, 2010. Pág. 11.

[5] ISAAKS, Anita: “Los problemas de consolidación democrática en el Ecuador” en BURBANO DE LARA, Felipe (coord.): Democracia, gobernabilidad y cultura política. Edita FLACSO. Quito, 2003. Pág. 266. Disponible online: http://www.flacso.org.ec/docs/antdemocracia.pdf

[6] Op. Cit. NORTH, Lisa: “Militares y Estado en Ecuador…”. Pág. 87.

[7] Op. Cit. BURBANO DE LARA, F.: “Transición y rupturas…”. Pág. 26.


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Sobre Adrián Rodrigo

Licenciado en Historia y Periodismo. Ha trabajado en el diario La Razón y en el Observatorio de Medios de Mediapro. En la actualidad, trabaja para la empresa de análisis de medios de comunicación y política Alert Media y colabora con la Revista aauc3m. Devorador de letras contemporáneas, fotogramas clásicos y enganchado a Europa del Este. Contacto: adrian.rodrigo@hemisferiozero.com