El poder absoluto de François Hollande

Por Beatriz Pascual Macías*.

La bandera tricolor ondea sobre el Palacio Bourbon. Superada la escalinata y bajo la atenta mirada de piedra de la diosa Atenea, los diputados electos penetran poco a poco en la Asamblea Nacional. Se disponen a realizar el “circuito” de bienvenida, al final del cual abrirán el maletín que contiene los símbolos de su cargo: la banda tricolor, la insignia en forma de barómetro para las ceremonias oficiales o la carta de identidad con su nuevo estatus político. Todo está listo para la apertura de la nueva legislatura el próximo 26 de junio: los sillones rojos de terciopelo ya tienen dueños.

Por primera vez desde la inauguración de la V República, Francia está teñida de rosa. Los socialistas cuentan con la mayoría en las dos Cámaras, tienen el poder del Eliseo, controlan el Senado desde 2011 y, además, dominan las alcaldías de muchas de las principales ciudades. Con 314 escaños, el Partido Socialista y sus aliados (el Partido Radical de Izquierda y El Movimiento Republicano y Ciudadano) superaron la barrera de los 289 escaños necesarios para lograr la mayoría absoluta. Así, el resultado es lo suficientemente holgado como para gobernar en solitario y prescindir del pacto con los verdes. Sin embargo, algunas de sus reformas más ambiciosas, aquellas que implican un cambio constitucional, necesitarán el apoyo de otros grupos. Será necesario reunir el voto de los 3/5 del total de los diputados de las dos cámaras  (Asamblea y Senado) para, por ejemplo, otorgar el derecho de voto a los extranjeros en las elecciones locales.

Los números y la reelección de los 25 ministros del nuevo gobierno han sido el mejor respaldo que la sociedad francesa podría haber dado a su “normal” presidente. Sin embargo, no todo son alegrías para los diputados del Partido Socialista, especialmente para Ségolène Royal. Tras el domingo, la expareja del presidente dejó de ser la dura adversaria de Sarkozy del 2007 y la posible presidenta de la Asamblea Nacional para “descender a los infiernos”. La pérdida de su escaño en La Rochelle frente a un disidente del Partido Socialista, Olivier Falorni, pone en duda su futuro político y abre el debate sobre la Presidencia de la Asamblea Nacional. La lista de aspirantes es extensa. Sin embargo, todo apunta a que el próximo en sentarse en la silla de madera con alas será Bruno Le Roux, un incondicional de Hollande.

Resultado del reparto de los diputados en el Parlamento francés. Fuente: web Ministerio de Interior de Francia

Otros incondicionales de Hollande tanto durante la campaña presidencial como durante las legislativas fueron los candidatos del partido de Eva Joly: Europa Ecología los Verdes (EELV), los otros grandes ganadores de la jornada electoral. Después de un débil resultado en las presidenciales, los verdes han logrando tres diputados más de los quince necesarios para formar, por primera vez, grupo parlamentario. El partido se ha visto recompensado por su estrategia de apoyo al PS. Una suerte que no han conocido otros partidos que rechazaron la alianza. Es el caso del centrista MoDem y de su líder François Bayrou que, por primera vez, después de quince años, estará ausente en la Asamblea Nacional.

Asimismo, la estrategia de independencia del Frente Izquierda de Jean-Luc Mélenchon,  y su método de acoso y derribo al Frente Nacional, resultó fallida. Al principio, la idea de formar una coalición de izquierdas parecía la opción idónea para conseguir un mayor peso político. Sin embargo, al final, la tasa récord de abstención (43.71%) y el auge del voto útil, han impedido a los resultados cumplir con las expectativas. Con solo diez diputados, el Frente Izquierda pierde nueve, con respecto al 2007, y se aleja del grupo parlamentario. A pesar de ello, su líder, Jean-Luc Mélenchon, que no resultó elegido, ha prometido pelear en los próximos días para lograr una bajada del número de diputados exigidos para formar grupo.

Fuente: Nicolas Messyasz (autor) / Blog de Jean-Luc Mèlenchon.

En realidad, Jean-Luc Mélenchon lleva peleando sin descanso, desde enero del año pasado cuando presentó su candidatura para presidente de la república. En las legislativas, el antiguo socialista se enfrentó a Marine Le Pen en su propio terreno: Hénin Beaumont. Una comuna norteña, donde el paso del tiempo sustituyó el carbón y el comunismo por el paro, el nacionalismo exaltado y el rechazo a los inmigrantes. Las circunstancias sociales convirtieron la región en un caldo de cultivo perfecto para el Frente Nacional, que consiguió un alto resultado en las presidenciales. Sin embargo, el partido y su candidata en la circunscripción, Marine Le Pen, han quedado fuera de la Asamblea Nacional al perder frente al socialista Philippe Kemel. A pesar de la derrota, la noche del domingo, Marine Le Pen manifestó su satisfacción por la entrada en la Asamblea de tres candidatos, entre los que se encuentra su sobrina de 22 años Marion Maréchal-Le Pen.

De esta forma, si bien el resultado no ha sido tan espectacular como se esperaba, el retorno del partido a la Asamblea Nacional, tras catorce años de ausencia, pone de manifiesto un doble éxito. Por un lado, Marine Le Pen ha conseguido “des-diabolizar” el partido de su padre; y por otro, bajo la denominación de Agrupación Azul Marine, la líder ha logrado unir otras opciones políticas con posicionamientos ideológicos similares (como la Entente Republicana), cumpliendo con su objetivo de “reconstruir la derecha”. De igual modo, Marine Le Pen ha marcado otro hito en la historia del partido al romper con su tradicional neutralidad. Tras la primera vuelta de las legislativas, realizó una lista de ocho diputados (cuatro de izquierda y cuatro de la UMP) a los que había que vencer  “a todo precio”. Así, el partido jugaba un rol esencial para la  “no-elección” de cuatro de los candidatos de la lista. Entre ellos destaca Nathalie Kosciusko-Morizet, antiguo ministro y portavoz de la campaña de Sarkozy, que estaba en el punto de mira del Frente Nacional tras haber escrito un panfleto anti-FN (“El Frente antinacional”).

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Además, ni la oposición a la extrema derecha ni los guiños a su electorado podían evitar lo que era una derrota segura para la Unión por un Movimiento Popular y su aliado, el Nuevo Centro. La pérdida de 110 diputados y de algunos de los “tenores” del sarkozysmo, como el antiguo consejero de Sarkozy, Claude Guéant, o la anterior ministra Nadine Morano, ponían de manifiesto el rechazo de la sociedad a las antiguas estructuras. Así, si el sarkozysmo ha muerto, la renovación, que ya comenzó en plena campaña, se mostraba más que necesaria. A pesar de las 226 sillas el partido no ha conseguido comunicarse de forma correcta con los franceses: la campaña de la UMP ha estado “demasiado contaminada” por los enfrentamientos de su líderes por el trono de Sarkozy.

Así, mientras el ex presidente observaba el desarrollo de la campaña  alejado del mundanal ruido en un palacio del rey Mohammed VI en Marrakech, sus pupilos sepultaban el “comité estratégico de campaña”. La lucha fraticida se llevaba a cabo no con enfrentamientos directos, sino con frases de segundo plano y estratégicas posiciones dentro del espectro político. Si bien, el anterior ministro de Asuntos Exteriores, Alain Juppé, decidía ocultarse en su alcaldía de Burdeos y no presentarse como diputado a la Asamblea, los otros dos posibles candidatos al liderazgo elegían otra vía. El primero de ellos, Jean-François Copé, secretario general de la UMP, decidió seguir encarnando la tendencia más conservadora de esporádicos guiños a la extrema derecha. De esta forma, ante el miedo a la aplastante victoria del PS, durante la campaña, Copé decidió romper el histórico pacto con los socialistas para la formación de un Frente Republicano, que permitía aislar a los candidatos del Frente Nacional: uno de los candidatos renunciaba a concurrir y todos los votos “republicanos” se concentraban. En segundo lugar, y frente a Jean-François Copé, se sitúa, con una tendencia más centrista, el primer ministro saliente, François Fillon. El líder, que recibió el apoyo de Bayrou durante la campaña, pidió la noche del domingo “una renovación de la UMP” y afirmó que “el tiempo de las ilusiones y el tiempo de los eslóganes ha acabado”.

Jean-François Copé.

Sin embargo, si bien es cierto que Francia da fin a unos intensos meses de campañas políticas, los candidatos de la UMP no se despiden de la lucha por el poder. A partir del miércoles la batalla se librará en torno a la presidencia del grupo en la Asamblea. Todo apunta a que el elegido será, o bien Christian Jacob, fiel a Jean-François Copé, o bien, el anterior ministro de trabajo, Xavier Bertrand por François Fillon. Aún así, la guerra no terminará hasta noviembre, cuando la UMP elija al sustituto de Sarkozy.

François Fillon

Sin duda a Francia le queda todavía un largo camino que recorrer. Por el momento, el “normal” Hollande ha conseguido crear una situación “anormal”, que le permitirá gobernar sin pactos ni sobresaltos. El domingo, el PS se hizo con una mayoría absoluta, que ha sido, ampliamente, comparada con aquella de François Mitterrand en 1981. Sin embargo, si bien el programa político de Hollande no es el de Mitterrand, hay una idea clave que hace coincidir a ambos dirigentes: la importancia de la moneda única europea. De esta forma, si el poder que se la ha conferido a Hollande no es despreciable, tampoco lo son las esperanzas, que no solo los franceses, sino muchos europeos, han depositado en él. Hollande ha marcado un hito con los resultados electorales de los últimos meses, sin embargo,  lo que se espera de él no son números, sino sobre todo, cambios históricos.

*Beatriz Pascual Macías. Twitter: @bpmacias. Estudiante de Periodismo, especialista en Francia e interesada en los Balcanes y en el mundo árabe. Trabajó en La Razón y descubrió los medios digitales con La Cuestión. Actualmente, redactora de InFronteras, becaria en Europa Press y con mil proyectos en mente, ¿qué será lo próximo?


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Sobre Beatriz Pascual

Estudiante de Periodismo, especialista en Francia e interesada en los Balcanes y en el mundo árabe. Trabajó en La Razón y descubrió los medios digitales con La Cuestión. Actualmente, redactora de InFronteras, becaria en Europa Press y con mil proyectos en mente, ¿qué será lo próximo?