La mecánica, un oficio para los jóvenes de Dakar

Alumno de un garaje de mecánica. Foto: Alma Toranzo

Unos 200 niños y adolescentes de entre 12 y 20 años se forman en uno de los talleres de mecánica más importantes de Dakar. Setenta y cinco “garajes” especializados en las distintas áreas -carrocería, mecánica, pintura, tapicería, etc.- conforman este enorme terreno público situado en el corazón de la ciudad y dirigido por el Movimiento de Profesionales del Automóvil (MPA).  Esta asociación, gracias al apoyo de la Confederación Nacional de Empleadores de Senegal (CNES) y a financiación pública y privada, forma a chavales generalmente procedentes de familias con pocos recursos en el oficio de mecánico con el fin de proporcionarles una salida laboral. “No existe un contrato firmado, los niños vienen aquí, sus familias nos los confían y nosotros les ofrecemos una formación, comida y les pagamos el transporte”, afirma Mansour Gaye, uno de los representantes del sector automovilístico de la CNES.

Aprendiz reparando piezas. Foto: Alma Toranzo

Cada “garaje”, como denominan a cada pequeña parcela de terreno, tiene su jefe, algunos empleados y varios aprendices. Según explica a Hemisferio Zero Massaer Sarr, el responsable del taller, el periodo de formación de los adolescentes no está fijado, varía según las necesidades de cada uno y algunos pasan incluso 6 años para salir al mercado laboral con un conocimiento íntegro del oficio. “Muchas veces recogemos a niños que se encuentran excluidos. Les sacamos de la calle y, además de enseñarles una profesión, también les educamos”, señala Sarr.  En este sentido, han puesto en marcha una iniciativa que consiste en una pequeña escuela dentro del taller. Según cuenta el responsable, muchos de los adolescentes son analfabetos. Por eso, dedicaron una de las escasas salas con las que cuenta el terreno a una clase para los aprendices. Un profesor pagado por el Estado, venía dos veces por semana a enseñar a leer y a escribir en francés. Sin embargo, esta actividad se ha visto paralizada debido a la huelga que están llevando a cabo el sector de las enseñanza desde hace varios meses por los bajos salarios.

Aprendiz soldando piezas. Foto: Alma Toranzo

En sus rostros se puede ver el cansancio de las duras jornadas de trabajo, de lunes a sábado de ocho de la mañana a seis de la tarde. Sin embargo, el ambiente de los garajes se torna muy familiar. Los chavales pasan tantas horas con sus compañeros y profesores y, en ocasiones, durante tantos años, que los lazos que se generan entre ellos son muy fuertes. Sarr habla con mucho cariño de sus alumnos. Algunos, como Pierre, pasan allí prácticamente toda su adolescencia. Él llegó al taller con 12 años y ahora tiene 15, todavía le quedan tres años de formación. “Antes iba al colegio pero decidí venir aquí, prefiero estar en el taller y aprender el oficio para montar mi propio garaje”, cuenta Pierre con sus ojos hacia al suelo debido a su gran timidez.

Además, los jefes o profesores de cada garaje prestan mucha atención a la higiene. El encargado de uno de los garajes cuenta que han fabricado ellos mismos sus propias letrinas. “No todos los garajes tienen, pero nosotros construimos unas porque la higiene es muy importante. También les hacemos lavarse la ropa de trabajo una vez por semana. Esto forma parte de la educación que les damos”, cuenta orgulloso. Sin embargo, él también hace hincapié en las dificultades que tienen por la escasez de recursos. “No tenemos agua ni electricidad, y durante la temporada de lluvias tenemos que resguardarnos debajo de los techos fabricados con chatarra para poder trabajar”, afirma.

Alumno de “carrocería”. Foto: Alma Toranzo

Sin embargo, el dilema se plantea porque estos adolescentes, en su mayoría menores de edad, están llevando a cabo actividades que podrían estar consideradas como trabajo infantil. En ese caso Senegal, como firmante de las convenciones de la Organización Internacional del Trabajo relativas al trabajo infantil y de la Convención sobre los Derechos del Niño de Naciones Unidas, debería impedir este tipo de prácticas. Los niños dejan su lugar en el colegio para trabajar. “Aquí todo es legal, no podemos luchar contra eso, es la tradición”, explica Gaye, de la CNES. Algunos de los aprendices del taller, como Pierre, han abandonado los estudios para aprender el oficio. Otros han  salido de la calle para conocer una profesión y poder pagarse el pan de cada día. Allí, durante su aprendizaje, tienen la comida diaria y los gastos de transporte cubiertos; además, ganan una familia y un oficio. Pero no se puede olvidar el derecho de todos esos niños a estar en el colegio y la necesidad de impulsar medidas estatales reales y eficientes para que este tipo de prácticas se erradiquen a nivel nacional.

Aprendices empujando un taxi para repararlo. Foto: Alma Toranzo

 

* Con la colaboración de Sylvain Cherkaoui en la parte gráfica.


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Sobre Alma Toranzo

Periodista especializada en información internacional. Actualmente se encuentra en Dakar (Senegal). Anteriormente ha escrito crónicas desde Latinoamérica. Contacto: alma.toranzo@hemisferiozero.com