Los Caspicaras del siglo XXI: La Escuela Taller de Quito [FOTO-Reportaje]

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QUITO – ECUADOR

En 1978, la ciudad de San Francisco de Quito fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO.  Este hecho hizo resonar la conciencia sobre el patrimonio histórico artístico de muchos de los ecuatorianos. Tanto es así que hoy en día el centro histórico de esa ciudad es uno de los mejor conservados de Latinoamérica. En 1991 se suscribió un convenio internacional entre Ecuador y España mediante el cual la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), el Instituto Nacional de Empleo de España (INEM) trasladarían el programa de las Escuelas Taller al Ecuador, llegando a crear tres centros en Cuenca, San Andrés y en Quito.

La más grande de todas las Escuelas Taller y también la de más prestigio corresponde a la de la propia capital ecuatoriana, uno de los proyectos “estrella” de AECID en colaboración con el Municipio del Distrito Metropolitano de Quito. Con una capacidad para más de cien alumnos lleva ya 1.183 artesanos graduados a sus espaldas, formando a jóvenes de entre 16 y 22 años que no han podido acceder a la educación formal.

Las distintas especialidades que enseña la escuela son carpintería, ebanistería, tallado, jardinería artística, mecánica, metalurgia, electricidad, albañilería, picapedrería, lutería (instrumentos musicales), gasfitería, bordado y corte y confección. Los alumnos admitidos están becados en alimentación y movilidad durante los tres años que duran las clases y, tras su graduación, se les hace entrega de un fondo para herramientas y material con el que poder empezar a desarrollar su actividad laboral.

La filosofía de enseñanza va más allá de la adquisición de conocimientos funcionales para el trabajo, sino que aspira a “moldear una conciencia patrimonial colectiva a través de sus docentes, de sus alumnos y de su personal técnico y administrativo, en base a la premisa de que sólo se ama y se cuida lo que se conoce

La Escuela Taller se encuentra hoy en la antigua maternidad de Quito, un edificio histórico cuya restauración corre a cargo de los propios alumnos, desde las partes mas estructurales hasta los acabados externos, tratando de mantener siempre los materiales originales.

Además de las aulas, el viejo edificio es también un museo en dónde se pueden apreciar los trabajos finales de grado de los alumnos más brillantes, desde impresionantes retablos barrocos hasta piezas esculpidas en piedra y madera e instrumentos de música. El museo incluye también un homenaje a los Viejos Maestros, precursores de la Escuela y reconocidos artistas de la ciudad Quiteña a los que se les conoce como “Los últimos Caspicaras” en clara alusión a la herencia y obra de Manuel Chili, “el Caspicara” uno de los artistas de más renombre de la Escuela Quiteña durante la época colonial en el S.XVII.


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Sobre Diego Represa

Licenciado en Historia. Especialista en comunicación y conflictos armados, con interés y experiencia en los países de Oriente Medio y Asia Central. Fotógrafo en ciernes, mochilero y correcaminos profesional. Contacto: diego.represa@hemisferiozero.com