Perdidos en la lucha por la audiencia

Un programa de Cuatro Televisión criticado por utilizar comunidades indígenas para un show mediático. El canal ha estrenado recientemente una nueva temporada de su programa “Perdidos en la tribu”. Anteriormente, con “Perdidos en la ciudad” la cadena daba “una vuelta de tuerca al formato” y llevaba a miembros de las comunidades himba y mentawai a convivir con familias en la sociedad española. El programa pretendía ser un espectáculo en el que observar sus reacciones ante situaciones absoluta y radicalmente nuevas para ellos y que son el día a día entre nosotros. Un ejercicio de vouyerismo no ajeno de polémica.

“Tres familias viviendo con tribus primitivas. Sin entender su idioma, sin agua caliente y cazando para comer”, rezaba la publicidad del programa “Perdidos en la Tribu”. Un año después, llegaba la segunda parte de este show televisivo. Ahora “las tribus primitivas” eran llevadas a Europa para convivir con las familias españolas.

“Perdidos en la tribu”

Imagen del programa "Perdidos en la tribu"

En la primera etapa, el programa levantó críticas de diferentes entidades. La propia Agencia Española de Cooperación (AECID) denunció que la grabación del programa tuvo “consecuencias negativas” para las comunidades himba, bosquimana y mentawai. La AECID denunció que, por ejemplo, adultos y niños bosquimanos fueron llevados a más de 700 km de su hogar para participar en el programa y recibieron entre 67 euros y 175 euros. Mientras, Survival Internacional hizo pública una carta dirigida directamente a la presentadora Nuria Roca. “Nunca obtuvimos respuesta –nos informa su responsable de comunicación, Laura de Luis- ni de Cuatro TV, ni de la productora Cuatro Cabezas, ni de la presentadora del reality, Nuria Roca. Les escribimos dos años consecutivos”. La Fundación de la Comisión de Ayuda al Refugiado (CEAR) por su parte denunció que algunos de los niños que participaron en las supuestas actividades de ‘interacción cultural’ con las familias españolas fueron excluidos de las escuelas durante todo el rodaje.

Tratamos de visitar a una de las etnias escogidas por Cuatro TV en su propio contexto, los himba. Queremos saber su opinión, su reacción ante estas costumbres extrañas de los europeos. Estamos en Opuwo, al norte de Namibia, cerca de la frontera con Angola. Nadie parece saber nada de televisiones extranjeras. Y menos de ‘intercambios’ culturales con blancos de Europa. Los himba son ganaderos seminómadas que se encuentran a ambos lados del río Kunene, que separa los dos países. Caminando por su polvorienta y única calle principal, nuestras pupilas se quedan enganchadas con la experiencia que supone ver a himbas, herero o kawango caminando, comprando o hablando entre ellos. O mejor dicho, entre ellas, ya que son las mujeres quienes parecen dominar el paisaje humano de la localidad.

“Dicen que se estaba poniendo mala”

Por la noche, tomando una cerveza con Sam, nuestro traductor, conocemos a Bob, nuestro joven contacto para la visita del día siguiente. Él sí parece saber algo del tema. “Por aquí vino una televisión holandesa y se llevaron a varios himba a Holanda. Mamadi regresó a los diez días. Dicen que se estaba poniendo mala”. Mamadi era una mujer de cerca de cuarenta años, es decir, casi una anciana en el lugar. Pregunto si la puedo visitar, pero no es posible. Está encerrada desde que regresó y no quiere ver a nadie que no sea su familia.

Comunidad himba en las cercanías de Opuwo, Namibia. Foto: Karlos Ordoñez Ferrer

Consultamos a la doctora Mercedes Cano, antropóloga de la Universidad de Valladolid,  sobre los efectos que ha podido sufrir la mujer. “Cualquier descontextualización es mala, más si se traduce en un espectáculo en el que se presenta a los otros como algo diferente y curioso, con costumbres raras, y se les expone a golpes de efecto terribles, como los que están sufriendo en nuestro país (museo de cera, cine 3D, indigentes abandonados en la calle…) o al enseñarles un gorila encarcelado, privado de libertad, y se les dice que es nuestro pariente, cuando ellos no pueden entender la privación de libertad para ningún ser vivo, ni siquiera para el ganado de los himba, que solo se encierra por la noche, como ellos”.

Por otro lado, desde Survival Internacional, Laura de Luis nos plantea que “si se les está tratando como a iguales que muestran su sorpresa sobre nuestro modo de vida diferente para ellos, entonces no creo que se esté incidiendo en tan negativo estereotipo. Si por el contrario, se les está ridiculizando, entonces el programa, desde luego, no estaría ayudando en absoluto a que estas personas dejen de sufrir las inmensas injusticias de las que son víctimas”.

Tierras usurpadas

Hay algo claro. El programa no nos habla de esas “inmensas injusticias de las que son víctimas”. Insistimos en nuestras preguntas a Laura, ya que “la gran mayoría de las veces se les priva de este derecho fundamental: sus tierras les son usurpadas por multinacionales o individuos que pretenden explotarlas, dejándolos en una situación de marginalidad y desamparo absolutos, cuando no los lleva directamente a la muerte. No se les permite vivir en sus tierras y, como consecuencia, no se les da la opción de elegir cómo quieren vivir sus vidas”.

Obviamente, el programa no aborda todo esto. “Perdidos en la tribu” -y después “Perdidos en la ciudad”- está hecho para entretener y no para contarnos problemas. Sin embargo, nosotros sí queremos conocer sus problemas. “Muchas veces tenemos una visión estereotipada de los pueblos indígenas porque a gobiernos y empresas les interesa que los sigamos viendo como a seres inferiores, primitivos, incapaces de decidir lo que quieren por sí mismos. En pleno siglo XXI no son pocos los gobiernos que esgrimen este tipo de argumentos para despojarles de su tierra, su modo de vida y su cultura. Sus tierras son el objetivo de cuantiosos intereses económicos”. Parece que ahora también su ‘exotismo’.

La visita

Nos dirigimos a la mañana siguiente con Sam y Bob a una de las aldeas himba al norte de Opuwo. Para ello, tal y como dictan las normas, hemos comprado un saco de tabaco, maíz y algún otro regalo para ofrecer a nuestros anfitriones en señal de reconocimiento. Tras cerca de 20 kilómetros dando tumbos en el todoterreno llegamos a la aldea. Casi una decena de chozas de paja y adobe se hayan diseminadas dentro de un círculo. En la mitad está el fuego sagrado que no hay que cruzar.

Comunidad himba en las cercanías de Opuwo, Namibia. Foto: Karlos Ordoñez Ferrer

En los últimos años el turismo es una fuente de supervivencia para los himba. Con sus contradicciones, se pone a prueba el frágil equilibrio entre una fuente de ingresos sostenible y gestionada por los actores locales y la ‘contaminación’ que esos encuentros en ocasiones provoca. En cualquier caso, nos cuesta imaginar que un equipo de televisión con un programa tan complejo como el producido para Cuatro TV no suponga una dosis de ‘invasión’ de una cultura sobre otra.

Desde Survival Internacional aseguran desconocer los términos en los que se desarrolla el contrato entre productora e indígenas. Sí nos dicen que en cualquier caso debiera de realizarse un acuerdo justo, con total conocimiento de lo que esta experiencia podría acarrearles, con información imparcial y fidedigna. “En tal caso no tendríamos nada que objetar. En Survival defendemos que los pueblos indígenas tienen derecho a elegir cómo vivir y qué hacer con sus vidas, independientemente de que a nivel individual a cada uno nos guste o no lo que decidan”. ¿Hablamos de colonialismo cultural?, preguntamos a Laura. “A menudo nos parece que la colonización es algo del pasado. Pero si analizamos las actuales y extendidas expulsiones de pueblos indígenas de sus tierras, la violación constante de sus derechos territoriales, el despojo, el desarraigo y la miseria que les dejamos como recompensa por poder generar un “progreso” y un “desarrollo” a nuestra medida a costa de explotar sus tierras… creo que no encontraremos mucha diferencia con respecto a la colonización de hace varios siglos”.

Nos reciben con cordialidad. Dejamos los avituallamientos junto al jefe de la aldea. Las mujeres nos muestran orgullosas el barro rojo con el que se colorean y nos invitan a que lo hagamos. Intercambiamos risas y buenos deseos. Nos sentimos un tanto cohibidos. Miramos con respeto el fuego sagrado conscientes de que no debemos atravesar una línea invisible que parte de él. Una de las mujeres se quita una pulsera y nos la regala. Lleva una curiosa talla en bajorrelieve de figuras geométricas. “¿De qué material crees que está hecho?”, me pregunta Sam. Es flexible y a la vez duro. No tengo ni idea. ¿Cartílago de algún animal? Se lo traduce a nuestras anfitrionas y todas se ríen. “Los europeos tenéis mucha imaginación –nos responden sin dejar de reír-. Esas pulseras están hechas con trozos de tubos de PVC”.

“Perdidos en la ciudad”

Tal y como reza la propaganda del programa “¿Qué ocurre cuando varios miembros de una remota tribu son invitados a pasar varias semanas en casa de la familia occidental con la que convivieron meses atrás? ¿Cómo reaccionarán ante el ruidoso tráfico, el ajetreo de las ciudades, la contaminación, las nuevas tecnologías o las celebraciones familiares? ¿Qué harán cuando vean que hemos excavado bajo tierra para construir un medio de transporte como el metro? ¿Se mostrarán fascinados por la modernidad o juzgarán algunas de nuestras prioridades como demasiado superficiales?”. Después de haber visitado una comunidad himba en su entorno natural no pedemos evitar sentirnos un tanto alerta ante las consecuencias del ‘experimento’.

"Perdidos en la ciudad"

Según el profesor Bartolomé Clavero, miembro del Foro Permanente de Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas, la cadena de televisión “declara que el objetivo del programa es precisamente el de resaltar el contraste entre la vida civilizada y la de las tribus más antiguas del mundo, concediendo que a dicho efecto la productora ha podido acentuar los aspectos más pintorescosymás rupestres de las tribus, en lo cual consiste al fin y al cabo el programa”. Y sin morderse la lengua añade: “de parte de quienes cumplen la función de voceros de Canal Cuatro no parece haber la más mínima conciencia de que todo ese lenguaje sea por sí mismo la prueba contundente del más flagrante racismo, pero cabe poner en duda que la inconsciencia deba presumirse de la empresa misma, de una empresa que contrata como portavoces a personas capaces de producirse seriamente en tales términos ofensivos respecto a quienes realmente constituyen lo que llaman tribus rupestres’. No es de extrañar entonces el planteamiento racista del programa y el comportamiento racista de la productora”

‘Éxito’ y ‘daños colaterales’

Puestos al habla con la empresa ‘Eyeworks Cuatro Cabezas’, productora del programa “Perdidos en la ciudad”, para que nos den su versión de las críticas que recibimos, encontramos algunas dificultades para la comunicación. Quieren saber las preguntas con antelación y quiénes somos exactamente. Finalmente conseguimos hablar con Alejandro del Real, jefe de prensa de “Perdidos en la Ciudad”. Preguntado por las audiencias, se muestra muy contento, ya que “con dos millones y medio, la cuota de pantalla ha sido muy superior a la etapa anterior”. Las razones de ese aumento de la audiencia cree que se debe a que “resulta más pintoresco ver las diferencias de las tribus aquí que la de los españoles allá”. Ante esa respuesta, es el momento de preguntarle por las críticas. “En esta etapa, que yo sepa, no hemos recibido ninguna. Y la vez anterior, era otra empresa. No se habían juntado Cuatro y Tele5”.

Es evidente que desde la empresa se muestran felices por el ‘éxito’ del programa y no se preguntan por los ‘daños colaterales’. Mientras tanto, allá en su aldea cerca de Opuwo, Mamadi sigue temerosa y sin querer recibir visitas de blancos europeos.

*Publicado en África Fundación Sur.


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Sobre Karlos Ordóñez Ferrer

Ha trabajado doce años como realizador de televisión y ha colaborado con Amnistía Internacional. Actualmente trabaja en Mugak (Centro de Documentación de SOS Racismo) y es especialista en Información Internacional y Países del Sur. Ha vivido en El Salvador, Estados Unidos, Ecuador, Uruguay y Mozambique. Escribe libros de relatos y tiene un hijo y una hija (que le hacen feliz). Los árboles los usa para subirse a ellos y mirar lejos.