Afganistán, cementerio de los imperios (IV)

Tropas pakistaníes en el valle del Swat en el área de Banai Baba Ziarat (Mayo de 2009) Foto:Pool/Getty Images Europe

La Conexión AF/PAK: Destinos encadenados

Desde mediados del siglo XX, en el destino de los afganos ha jugado un papel crucial la vecina nación de Pakistán. Debido a los lazos de sangre, historia, cultura y religión que comparten estos dos países a lo largo de su frontera, a menudo, lo que sucediera en uno repercutía como un eco en el otro, como si se tratara de un único ente cuyas diferencias solo estuviesen marcadas por una línea imaginaria sobre el papel. Por este motivo, para poder entender el futuro Afganistán, es necesario conocer el presente de su nación vecina, en concreto de las regiones fronterizas y sus gentes. Como si fuese una prolongación de su territorio nacional, se trata de un área geográfica no muy bien definida que discurre a lo largo de la Línea Durand y que da lugar a una región conocida como “Af/Pak”, la cual puede tener la clave para el futuro del país, de la paz o de la guerra.

Actualmente, con una creciente actividad terrorista dentro de sus fronteras, muy ligada al movimiento talibán, Pakistán está sufriendo serios problemas de seguridad y reputación. Además, a raíz de los problemas y roces con EEUU en el contexto de la extensión de las operaciones de la guerra afgana en territorio pakistaní (valle del Swat, Baluchistan, Queta etc.), el gobierno de Asif Ali Zardari ha visto a lo largo de los últimos años cómo se estrechaban las relaciones entre su aliado americano y su eterno enemigo, la India.

Tras la derrota de los talibán en noviembre de 2001, los supervivientes de los combates de las montañas de Tora Bora y Kandahar se retiraron atravesando la permeable frontera pakistaní, asentándose en un territorio habitado por las mismas tribus que comparten lazos de sangre con sus vecinos afganos. Desaparecieron entre la población y allí, esperaron.

Las presiones de EEUU para que se tomasen medidas contra ellos no tardaron en hacerse notar y, en el año 2002, el entonces presidente Pervez Musharraf prometió romper con ellos, tomando medidas como detenciones y control de escuelas coránicas que no se llegaron a materializar eficazmente.

El ex-presidente de Pakistán Pervez Musharraf. Foto: Ghulam Sarwar

A ojos de EEUU, ante la escasa cooperación de Pakistán en la llamada “Guerra contra el Terror”, el Departamento de Estado norteamericano emitió recientemente un informe en el que justificaba sus acciones militares en territorio de Pakistán, al que considera un país “prácticamente incapaz de administrar justicia a los sospechosos de terrorismo“. Este informe determinaba “que los acusados en numerosos incidentes terroristas de elevado perfil, en los que ha habido víctimas norteamericanas, habían sido todos absueltos por el sistema judicial paquistaní“.[1]

Para Pakistán, la situación en que se encuentra representa un verdadero conflicto de intereses. Por un lado, el gobierno está comprometido en una lucha contra grupos que tienen parentesco y alianzas tradicionales con una población de su propio territorio nacional. Este hecho deja a su Ejecutivo con muy poco margen de maniobra dado que, si los ataca, se ganará la enemistad y repulsa de su propia población y si no lo hace, su credibilidad y lealtad para con sus aliados se verá puesta en entredicho.

Por otro lado, obedeciendo a una necesidad estratégica, Pakistán no puede permitirse debilitar su frontera oriental con India y desviar tropas de un frente histórico de primer orden a otro, su “patio trasero”, al que tradicionalmente le ha bastado con apoyar con recursos, armamento y dinero. Por este motivo, necesita de Afganistán, si no la amistad, al menos su neutralidad. Una política agresiva y constante contra los talibán rompería esa neutralidad y dejaría a Pakistán en una situación de vulnerabilidad, atrapado entre dos frentes. Por estas razones los distintos gobiernos pakistaníes “han tenido con los talibán una política ambivalente, de dureza y contención, en unas épocas; y tolerancia y libertad, en otras”.[2]

Ante las presiones norteamericanas para una definitiva respuesta contra la insurgencia talibán en su propio territorio nacional, Pakistán emprendió en el verano de 2007 un nuevo marco de operaciones ligadas a acabar con el extremismo islámico terrorista y los centros de instrucción y reclutamiento de yihadistas en forma de madrasas (escuelas coránicas) y mezquitas cuyos imam predicaban discursos y arengas incitando a la Yihad contra el gobierno, como fue el caso de Abdul Rashid Ghazi, imam de la Mezquita Roja de Islamabad y líder de la resistencia armada contra los militares que asaltaron dicho complejo en la semana del 3 al 11 de julio de 2007.[3]

Mapa del valle del Swat. Fuente: Der Spiegel

A partir de ahí comenzaron numerosas operaciones en las Áreas Tribales Administradas Federalmente (FATA), en la Provincia Fronteriza del Noroeste (NWFP) y, tras el gran atentado del Hotel Marriot en Islamabad, en las regiones de Bajaur y Dera Adam Khel, en las cercanías de Peshawar, llegando a armarse a milicias pastún anti-talibán.  El valle del Swat fue el lugar donde se produjeron los combates más intensos, enfrentando a cuatro brigadas del ejército pakistaní (15.000 hombres), contra un número indeterminado de milicias talibán que los analistas sitúan entren 2.000 y 4.000 efectivos.[4]

Un dron predator MQ-1 del Ejército de EEUU en pleno vuelo.

Sin embargo, los resultados de los enfrentamientos tuvieron poca repercusión, lo cual movió a EEUU a aumentar sus ataques con drones (aviones no tripulados) UAV-Predator, que aunque tuvieron éxito en operaciones como la que causó la muerte de Osama al-Kini, considerado jefe de operaciones de Al Qaeda en Pakistán, y su lugarteniente, Sheikh Ahmed Salim Swedan[5], también provocaron estragos en la población al causar numerosos muertos civiles.[6] Según estudios de la Fundación New America, desde que comenzaran las operaciones en el noroeste de Pakistán, se han producido 269 ataques con misiles de los cuales 56 se han registrado en 2011. El cómputo total de bajas causadas oscila entre 1.658 y 2.597 personas, de las que entre 1.356 y 2.126 eran consideradas miembros de Al Qaeda o insurgentes talibanes. El resto, cerca de un 20%, fueron víctimas civiles.[7]

Estos hechos favorecen a la insurgencia talibán en tanto en cuanto su lucha se carga de motivos y razones, y se pueden presentar ante los habitantes de las áreas tribales de la difusa frontera afgano-pakistaní como los “verdaderos defensores del pueblo que ve sus atentados como una respuesta ante la pasividad del Gobierno ante los ataques extranjeros”.[8]

Desplazados pakistaníes de las áreas tribales en la Provincia Noroeste. Foto: The Times of India

Para compensar esos esfuerzos, en 2009 el Congreso de EEUU, consciente del compromiso que estaba aceptando Pakistán, autorizó un plan de ayuda de 7.500 millones de dólares. Sin embargo, tras la localización final de Osama bin-Laden en territorio de Pakistán, muchos congresistas exigen ahora que se reduzca o se retire, así como también demandan respuestas y explicaciones por parte del ejército paquistaní y sus servicios de inteligencia.[9]

La muerte de Osama bin Laden y el descrédito pakistaní

Después del asesinato de bin Laden, la credibilidad de Pakistán quedó en entredicho para los norteamericanos. Todo cuanto la guerra de Afganistán  se inició para capturar a ese hombre y el gobierno de Islamabad, como aliado de EEUU, se comprometió hacer todos los esfuerzos posibles por ayudar en su busca. Sin embargo, el hecho de que se le encontrase dentro de su territorio nacional, a escasos metros de un acuartelamiento y academia militar de gran importancia en Abbottabad y que los servicios de inteligencia norteamericanos no comunicasen ni pidiesen autorización al gobierno pakistaní para realizar la operación, hace pensar a algunos analistas en la complicidad o bien del gobierno o bien de los servicios de inteligencia pakistaníes para ocultar y proteger al hombre más buscado por los Estados Unidos en los últimos diez años.

Esta posibilidad no debe parecer extraña o inverosímil en tanto en cuanto Pakistán es un país que ha sufrido de una gran inestabilidad política a lo largo de su breve historia y donde la única institución fuerte son las Fuerzas Armadas, que en ocasiones incluso escapan al control de su Ejecutivo.[10]

Así pues, este incidente terminó por deteriorar las relaciones con EEUU, puestas a prueba durante la extensión de la guerra contra los talibán en territorio pakistaní y que culminó en una clara sensación de desconfianza y descrédito hacia Pakistán y su gobierno. El presidente Zardari por su parte, como no es de extrañar, no ha tardado en poner el grito en el cielo y cuestionar la legalidad de la operación militar norteamericana en su territorio nacional sin su consentimiento y está aún por ver qué repercusiones tendrán, a la larga, los actos de unos y otros.

Lo que está claro es que las relaciones entre ambos países están atravesando su peor momento. Por un lado, el gobierno norteamericano continúa recriminando cada vez con más fuerza que su “aliado” actúe como tal y ataque las posiciones talibán en las regiones tribales de la frontera y deje de “dar cobijo a terroristas”. Pakistán, por su parte, se ha negado recientemente a atacar objetivos vinculados a la red Haqqani, un grupo vinculado a los talibán y a Al-Qaeda, al que se le atribuyó en los meses de junio-agosto de 2011 la autoría de varios atentados contra instalaciones y ciudadanos estadounidenses en territorio afgano. En su defensa, el gobierno de Zardari pronuncia un discurso totalmente distinto en donde se muestra como víctima del crecimiento del terrorismo yihadista en su país, a la vez que tiene que soportar las reprimendas de EEUU, que pretende hacerle responsable de su propio fracaso en la guerra contra su país vecino.[11]

En conclusión, la situación actual ha colocado al gobierno de Pakistán ante una especie de callejón sin salida donde por un lado debe ceder ante las presiones de su aliado norteamericano para enfrentarse a los yihadistas y, por otro, ante su propia población  quien, hastiada de la inestabilidad y de la guerra, cada vez muestra de una manera más evidente su animadversión hacia todo lo norteamericano.


[1] ALANDETE, David. Para ELPAIS.com: “Washington considera que Pakistán es el nuevo objetivo antiterrorista” Washington – 03/09/2011 [en línea] <http://www.elpais.com/articulo/internacional/EE/UU/considera/Pakistan/nuevo/objetivo/antiterrorista/elpepiint/20110903elpepiint_8/Tes>

[2] PÉREZ MORENO, Alberto. Coronel de Infantería. DEM. “Paquistán, un aliado cada vez más incómodo para EEUU”. Revista Ejército de Tierra, Nº 815, marzo de 2009, p.117-118.

[3] BBC.MUNDO.com. “Finaliza la toma de la Mezquita Roja” 11/07/1007, [en línea]  <http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/news/newsid_6289000/6289090.stm>

[4] PÉREZ MORENO, Alberto. “Paquistán, un aliado cada vez más incómodo…Op.cit, p.117-118.

[5] ELPAIS.com, “La CIA mata a dos jefes de Al Qaeda en Pakistán”,Washington – 10/01/2009 [en línea] <http://www.elpais.com/articulo/internacional/CIA/mata/jefes/Qaeda/Pakistan/elpepiint/20090110elpepiint_7/Tes>

[6] ELPAIS.com, Agencias: “Medio centenar de muertos por los ataques de aviones no tripulados de EE UU en Pakistán” Islamabad – 12/07/2011 [en línea]<http://www.elpais.com/articulo/internacional/Medio/centenar/muertos/ataques/aviones/tripulados/EE/UU/Pakistan/elpepuint/20110712elpepuint_8/Tes>

[7] ALANDETE, David. Para ELPAIS.com: “Washington considera que Pakistán… ” Op.cit.

[8] PÉREZ MORENO, Alberto. “Paquistán, un aliado…” Op.cit.

[9] ALANDETE, David. Para ELPAIS.com: “Washington considera que Pakistán… ” Op.cit.

[10] BENI, Clara: Entrevista a Florentino Portero, experto en Relaciones Internacionales, Defensa y Política Exterior. Para Tierra: Boletín informativo del Ejército español. Nº187. 19/5/2011.

[11] HIGUERAS, Georgina: “Pakistán en alerta tras el deterioro de relaciones con EEUU”, para ELPAIS.com, Madrid, 26/09/2011, [en línea] <http://www.elpais.com/articulo/internacional/Pakistan/alerta/deterioro/relaciones/EE/UU/elpepuint/20110926elpepuint_6/Tes>

 


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Sobre Diego Represa

Licenciado en Historia. Especialista en comunicación y conflictos armados, con interés y experiencia en los países de Oriente Medio y Asia Central. Fotógrafo en ciernes, mochilero y correcaminos profesional. Contacto: diego.represa@hemisferiozero.com