La nacionalización de YPF: causas y consecuencias

Por Marcelo Bruchanski* 

La expropiación de YPF dio lugar a múltiples lecturas. En este caso se aborda principalmente la oposición entre los intereses del Estado argentino y Repsol.

Foto: Noticias La Paz

La disputa entre el gobierno argentino, por un lado, y Repsol y el gobierno español, por el otro, a raíz de la nacionalización de la empresa Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) fue analizada a ambos lados del Océano Atlántico desde múltiples perspectivas entre las que se pueden mencionar: la importancia estratégica de los recursos naturales no renovables, el debilitamiento de la cuentas externas argentinas, la crisis de la Eurozona en general y española en particular, la relación bilateral entre Argentina y España, el rol de los medios de comunicación, la adhesión de Argentina al Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones (CIADI), la extranjerización de la economía argentina, el respeto al derecho internacional o la valuación de una empresa, entre muchas otras. Como siempre, queda en la discrecionalidad de quien escribe el poder elegir qué aspectos de la disputa considerar y con qué profundidad hacerlo en cada caso.

En cuanto recurso estratégico para el desarrollo argentino, el petróleo tuvo ese carácter desde la misma fundación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Sociedad del Estado en 1922. Sin embargo, en la década del noventa, se dejó de considerar a los hidrocarburos como un recurso estratégico. Argentina fue el país donde el neoliberalismo predicado por el Consenso de Washington alcanzó su máxima expresión, siendo la transnacionalización del petróleo el mejor ejemplo de eso. Mediante la transferencia de los yacimientos a las provincias (para ocultar el retiro del Estado detrás de un supuesto federalismo), la transformación de YPF en una sociedad anónima y la posterior venta en 1998 de la mayoría accionaria a Repsol, la empresa española pudo disponer libremente del petróleo argentino como si se tratara de cualquier otra mercancía.

De esta manera, la exportación de combustibles se convirtió en uno de los principales rubros de exportación de Argentina. Tratándose de un país que tiene petróleo pero que no es petrolero, este punto resulta muy interesante y permite sugerir cuál fue la lógica del negocio de Repsol. La producción de YPF que lideró Repsol se realizó a costa de las reservas descubiertas antes de que esta última adquiriera la mayoría accionaria (esto es, bajo administración del Estado argentino). Esto generó una notable reducción de las reservas, lo que a su vez explica el declive en la producción de los últimos años. El comportamiento predatorio por parte de la empresa española aparentaría ser irracional, ya que el nivel de reservas es el principal activo de cualquier empresa petrolera. Pero en realidad, la estrategia global del grupo Repsol consistía en utilizar las extracciones de reservas de YPF para invertir las utilidades en otras partes del mundo. En cambio, como las inversiones necesarias para extraer las reservas no convencionales con las que cuenta Argentina implican un tiempo de maduración y un riesgo no deseados por la empresa, la inversión a través en YPF fue insignificante.[i]

En consecuencia, la política global de inversiones de Repsol era opuesta al interés argentino de utilizar el petróleo para el desarrollo de las fuerzas productivas y mejorar la competitividad. Esto quedó claramente expresado cuando YPF no pudo responder al intenso crecimiento económico de los últimos años, obligando a la Argentina a importar combustibles por más de 9 mil millones de dólares en 2011, lo que significó perder la capacidad de autoabastecimiento y un déficit de 3 mil millones de dólares en el sector. Dadas las dificultades que tiene el gobierno argentino para sostener una Cuenta Corriente superavitaria que le evite recurrir al crédito externo, el déficit en combustibles que originó Repsol pudo haber sido una de las principales causas de la expropiación.

Tanques de gasolina de YPF en Río Gallegos, Santa Cruz (Argentina). Foto: AFP

En los hechos, luego de algunas idas y vueltas, el 16 de abril, el gobierno argentino decidió la expropiación del 51% de las acciones de Repsol y declaró de interés público nacional el logro del autoabastecimiento de hidrocarburos, así como la explotación, industrialización, transporte y comercialización de hidrocarburos. Esto implica poder regular al conjunto de petroleras que operan en el país y no sólo a YPF. Asimismo, la presidenta detalló que de los 16.450 millones de dólares de utilidad neta que obtuvo Repsol desde 1999, giró dividendos por 13.246 millones y que, en América Latina, Argentina era el único país que no manejaba su petrolera. También se explayó sobre la merma de las reservas que fue descripta previamente.

La respuesta del gobierno español no se hizo esperar. De hecho, el jueves anterior, un borrador de Ley que nunca había ingresado al Congreso Nacional formalmente, ya había motivado que distintos representantes del gobierno de España amenazaran con represalias. Con la expropiación realizada, las amenazas continuaron y algunas se efectivizaron. En primer lugar, con la aplicación de cuotas para la compra de biodiesel argentino favoreciendo a las empresas de la Comunidad Europea. Luego, el Parlamento de la Unión Europea instó al Consejo y a la Comisión Europea a suspender las preferencias arancelarias unilaterales de las que goza Argentina. Todo esto dentro de una campaña diplomática que busca la condena internacional de Argentina. También la calificadora de riesgos Standard and Poor’s (S&P) rebajó de “estable” a “negativa” la perspectiva de la nota de deuda soberana de Argentina.

Asimismo, Repsol o cualquier otro accionista puede recurrir al CIADI dado el Tratado Bilateral de Inversión entre España y Argentina firmado en 1992. En dicho tribunal internacional se tiende a fallar sistemáticamente a favor de las empresas y en contra de los Estados. A pesar de un probable fallo adverso y excesivos costos en honorarios, Argentina cuenta con que el fallo del CIADI demoraría varios años. Es por eso que a Repsol le interesa negociar prontamente y obtener un buen precio por el 51% expropiado. Resulta entonces lógico pensar que las represalias adoptadas por España no son otra cosa que una fuerte presión para sentar a negociar al gobierno argentino y obtener un buen número.

En 1999, los ingresos generados por la venta de YPF a Repsol fueron utilizados por Argentina para financiar el déficit por Cuenta Corriente y hacer frente al pago de la deuda. Las políticas neoliberales junto a un tipo de cambio apreciado habían generado déficits gemelos (externo y fiscal) y los ingresos por la venta de YPF ayudaron fugazmente a sostener en el tiempo esta situación. Más de una década después, es España la que se enfrenta a déficits gemelos y quizás su gobierno crea que el pago por la expropiación de YPF ayudará a atenuar el ajuste. La experiencia argentina indica que esos ingresos fueron vanos y postergaron efímeramente la crisis.

* Marcelo Bruchanski es columnista en GEIC (Grupo de Estudios Internacionales Contemporáneos) (mbruchanski@geic.com.ar)

[i] Asiain, Andrés y Crivelli, Agustín, “La explotación de hidrocarburos enla Argentina. Estudio de caso: YPF S.A.”, Buenos Aires, IIHES-CONICET, febrero de 2012.


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