Afganistán, cementerio de los imperios (III)

Soldados de EEUU de patrulla en Afganistán. Foto: AP / David Guttenfelder

La guerra de la información: El conflicto afgano y su repercusión mediática

Una de las características de los conflictos modernos es la importancia de la propaganda, la creación de opinión  y sus efectos sobre la población civil de ambos contendientes y su repercusión en el desenlace de la guerra. Para muchos analistas militares el concepto de la “guerra de la percepción” o “guerra de la información” en referencia a la dicotomía entre el desarrollo y desenlace final de un conflicto y la percepción final de los hechos, es algo a tener en cuenta dentro de las guerras actuales. La experiencia está demostrando que uno de los factores más determinantes en los conflictos modernos no es la superioridad numérica ni aérea, ni siquiera las armas nucleares, sino que más bien habría que decantarse por los medios de comunicación pública”[1]

En este tipo de escenarios palabra, imagen y silencio (que no olvidemos su capacidad creadora de discurso) se entremezclan con las armas de la guerra, obligando a los dos contendientes a enfrentarse en dos planos interdependientes: el táctico, el de las operaciones, y el mediático, el de los relatos. Una situación delicada muy a tener en cuenta en los conflictos de hoy en día donde una victoria en términos militares puede percibirse como una sonora derrota “virtual” por parte de la opinión pública, pudiendo provocar que ésta llegue a serlo en la práctica.[2]

Tropas británicas patrullan la provincia de Helmand

Tropas británicas patrullan el desierto oriental de la provincia de Helmand. Foto: Ben Birchall/PA Archive/Press Association Images

En Afganistán, para la insurgencia talibán, esta situación no es algo desconocido. La violencia ejercida por algunos grupos armados, a través del combate irregular y de atentados terroristas en diferentes partes del mundo, persigue un objetivo claro: atraer las miradas de la comunidad internacional, mostrar la irregularidad del conflicto, la disparidad de fuerzas y según qué público, despertar apoyos por simpatía. Además, pese a la superioridad técnica y económica de sus adversarios, este tipo de acciones consigue apelar a un sentimiento nacional que tiene como consecuencia el rechazo, desconfianza o animadversión hacia las fuerzas extranjeras.[3]

Las acciones de los talibán, tras diez años de luchas, han visto fracasado  su empeño de mermar o reducir la capacidad ofensiva de la coalición. En este tiempo la cantidad de tropas internacionales desplegadas en Afganistán no han hecho más que aumentar, pero sí que han conseguido sembrar la duda sobre la victoria entre sus enemigos y hacer que “en casa” se cuestione la estrategia, los beneficios, la moralidad y el costo de la guerra. Algo que a la larga puede colocar a la insurgencia en una posición muy ventajosa para una hipotética negociación de paz o un papel en el poder, al lado del gobierno afgano de Hamid Karzai.

La guerra informativa llevada a cabo por las fuerzas armadas convencionales en Afganistán utiliza tres tipos de instrumentos: las operaciones de información (INFOOPS), las operaciones psicológicas (PSYOPS) y los trabajos de las oficinas de información pública (PIO). Sin embargo, aunque todas ellas pueden influir sobre la insurgencia y la población local, a menudo se las identifica con la propaganda clásica, haciendo que su calado sea mucho menor en las opiniones propias o de los aliados, un hecho poco desdeñable en tanto en cuanto puede ser determinante en la voluntad de vencer de las propias tropas.[4]

Fuente: http://publicintelligence.net/journalists-recent-work-examined-before-embeds/

Corresponsal estadounidense en Afganistán contratado por el Pentágono.

Los ejércitos regulares en un conflicto armado de estas características suelen partir con cierta desventaja en cuanto a credibilidad. Tradicionalmente las Fuerzas Armadas han deformado la información a conveniencia (censura y propaganda) por motivos que obedecen a los intereses de sus operaciones. En opinión del Teniente Coronel José Luis Calvo Alberto, Diplomado del Estado Mayor y especialista en cuestiones de propaganda y opinión pública, esta misma desconfianza en los últimos años se ha extendido a toda organización estatal. “En los países del mundo occidental existe una tendencia a sospechar que los gobiernos ocultan la verdad especialmente en temas relacionados con seguridad nacional. Este hecho se acentúa enormemente en países en vías de desarrollo en los que la comunidad oral sigue siendo una de las principales fuentes de información”. Estas circunstancias colocan a los gobiernos y a sus fuerzas armadas en una posición de desventaja, siendo los actores “no estatales” de los conflictos asimétricos los más beneficiados por este fenómeno.[5]

La respuesta que dan las FAS hoy en día ante esta situación se traduce en una estrategia informativa enfocada a recuperar la credibilidad, sacrificando por ello la tradicional manipulación informativa (censura y propaganda) como método de apoyo al combate. No obstante, el uso de la verdad cueste lo que cueste, no está exento de problemas y en ocasiones resulta especialmente duro para los ejércitos que persiguen o necesitan una victoria rápida. Las sociedades occidentales “toleran muy poco las bajas propias, quizá todavía peor las bajas civiles, e incluso exigen que las bajas del enemigo no sean excesivas[6]. Además, en todo conflicto armado existen errores (bombas que fallan su objetivo, informes de inteligencia erróneos, etc.), fracasos (operaciones mal planeadas o ejecutadas) e incluso crímenes (asesinatos, violaciones, genocidios). Escándalos que repercuten obviamente en la opinión pública y, por ende, pueden ser determinantes en la continuación de las operaciones. La experiencia ha demostrado a los ejércitos que a la larga resulta mucho más perjudicial cuando se intentan ocultar estos hechos que cuando se reconocen y comunican públicamente. La “guerra de la información” puede deformar relativamente la realidad, pero no puede crear una realidad alternativa o falsa.[7]

El periodista Hernán Zin empotrado con tropas estadounidenses de la famosa 101 División Aerotransportada

Además de estos problemas, los roces entre los aparatos de información de los ejércitos y los  medios de comunicación civiles siguen siendo una constante. Rosa María Calaf, periodista y corresponsal de guerra en numerosos conflictos, define la situación como un escenario en donde “los intereses de los periodistas y militares son muchas veces contrapuestos. El periodista quiere saber y el militar trata de impedir que eso complique las operaciones. Hay que encontrar el justo equilibrio”. Quizás por estos motivos, es cada vez más frecuente encontrar, desde Iraq hasta Afganistán, periodistas empotrados en unidades operativas. Un hecho que acomoda tanto a los medios como a los ejércitos en tanto en cuanto los primeros se benefician de una relativa seguridad y protección ofrecida por los soldados (recordemos que tampoco beneficia a la opinión pública un número elevado de periodistas muertos en un conflicto) y los segundos disponen en todo momento del control de la información que el corresponsal va a transmitir.[8]

En conclusión, podemos decir que ese “cuarto poder” que conforman los medios de información supone un elemento más a tener en cuenta dentro de los conflictos modernos, pues de la posesión, control y difusión de información puede venir la victoria determinante en la carrera para ganar “los corazones y las mentes” de la gente, algo que ya hemos señalado anteriormente como factor decisivo en los conflictos de baja intensidad como el de Afganistán.

 


[1]CALVO ALBERTO, José Luis. Teniente Coronel de Infantería. DEM. “La guerra de la percepción y la batalla por la credibilidad” Revista Ejército de Tierra Nº 815, marzo de 2009.

[2]HERNÁNDEZ GARCÍA, Luís. Comandante. Ejército del Aire. DEM. “Choque de retóricas: la dimensión discursiva de los conflictos” Revista Ejército de Tierra Nº 837. Nº Extraordinario, diciembre 2010.

[3]Entrevista a Leila Khaled. En PISANO, Isabel: Yo Terrorista, Hablan los protagonistas. , p-285

[4]CALVO ALBERTO, José Luis. “La guerra de la percepción y la…Op.cit.

[5]Ibídem.

[6]JORDÁN, Javier y CALVO, José L.”El nuevo rostro de la guerra” Navarra, 2005, p. 197. En HERNÁNDEZ GARCÍA, Luís. Comandante. Ejército del Aire. DEM. “Choque de retóricas: la dimensión discursiva de los conflictos” Revista Ejército de Tierra Nº 837. Nº Extraordinario, diciembre 2010.

[7]CALVO ALBERTO, José Luis. “La guerra de la percepción y la…Op.cit.

[8]TIERRA: Boletín informativo del Ejército español. Nº 188. 20 de junio de 2011. “Entrevista a Rosa María Calaf” p.14.


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Sobre Diego Represa

Licenciado en Historia. Especialista en comunicación y conflictos armados, con interés y experiencia en los países de Oriente Medio y Asia Central. Fotógrafo en ciernes, mochilero y correcaminos profesional. Contacto: diego.represa@hemisferiozero.com