Casamance: treinta años de conflicto (I)

La región de Casamance, situada al sur de Senegal, vive en su territorio uno de los grandes conflictos olvidados del mundo. El Mouvement des Forces Démocratiques de la Casamance (MFDC) -Movimiento de las Fuerzas Democráticas de Casamance- reclama la independencia de la región desde hace 30 años, protagonizando el conflicto más largo de África. A pesar de que se han comenzado negociaciones de paz entre el MFDC y el gobierno de Senegal en diferentes momentos, éstas nunca han fructificado. Entre otras cuestiones, esto se debe a que, por un lado, hay sectores radicales del movimiento que no aceptan ningún diálogo si éste no contiene en sus bases la independencia de Casamance y, por otro, el gobierno de Senegal no contempla tal cuestión como posible. Así, el MFDC sigue realizando ataques y aunque es un conflicto de baja intensidad[1], se producen repuntes de violencia intermitentes; de tal manera que la población de la región de Casamance sigue sufriendo  graves consecuencias, como el minado de diferentes zonas, los robos o los asaltos.

El conflicto de Casamance posee una naturaleza multicausal, es decir, nace por la conjunción de diversos factores en tres dimensiones principales: geográfica, étnica e histórica.

Factor geográfico

Si observamos el mapa de Senegal veremos la situación de la región de Casamance: fronteriza con Gambia y con Guinea Bissau se encuentra separada del resto del país. La distancia que separa la Baja Casamance (donde se encuentra focalizado el conflicto) de la frontera con Guinea Bissau es de unos 20 kilómetros, mientras que la que hay hasta Dakar ronda los 500 kilómetros. Por ello, y debido también al mal estado de las infraestructuras, Casamance se encuentra ciertamente aislada del resto del país.

Por otra parte, el clima entre el norte y el sur de Senegal también posee diferencias considerables: la región de Casamance es la zona más lluviosa del país, en contraste con el norte que posee un clima semiárido. Por ello, cuenta con una agricultura  muy fructífera: “Las áreas forestales proveen maderas duras destinadas a mobiliario y a la construcción; en los valles aluviales se encuentran extensos cultivos de arroz, mientras que las zonas llanas están dedicadas a vegetales, anacardos, mangos, frutas cítricas o aceite de palma. A lo largo del río Casamance la pesca también supone una importante actividad.”[2]

Mujeres diola durante la recolecta de arroz, Casamance. Fotografía: Emilio Navarino

Factor étnico

Senegal es un país donde conviven una multiplicidad de grupos étnicos y religiosos repartidos por todo el territorio. Según el último censo oficial de 1988, en el sur hay una mayoría de etnia diola (61%), seguida por otros grupos como los mandinga y los peul (fulanis); mientras que en el norte la etnia wolof es la mayoritaria (43%), seguida por los tukulor y los serer.[3] En la región de Casamance, por tanto, predomina la etnia diola, siendo mayoritariamente de este grupo los integrantes del Mouvement de les Forces Democratiques de Casamance (MFDC).

Por otra parte, existen en el país un gran número de religiones, “la población es mayoritariamente musulmana (75%) pero también existe un grupo significativo de cristianos  (17%, en su mayoría católicos), así como una minoría animista (8%).”[4] Entre los diola, cerca de un 60% son musulmanes. Esta cifra, comparada con la de musulmanes que existen en todo el país, representa una diferencia significativa de la media nacional. Según algunos autores, esto ha llevado a algunos medios occidentales a afirmar falsamente que la región de Ziguinchor es predominantemente católica o animista; cuando en la Baja Casamance las tres cuartas partes de la población son musulmanas.[5]

Rey de Oussouye

A pesar de ello, las diferencias de Casamance respecto al resto del país también se extienden a cuestiones religiosas y no sólo étnicas. En la Baja Casamance, junto con la mayoría musulmana, un 25% de la población, según el último el censo, es católico o seguidor de las creencias religiosas diola.[6] Por otra parte, también existen diferencias entre los musulmanes del norte y los del sur: “la forma del islam sufí que practican los musulmanes diola es distinta de la de los taalibe (discípulos) del norte, cuyos marabouts (líderes religiosos) ejercen un mayor poder económico y sociorreligioso, y por consiguiente una mayor influencia política.”[7]  Además, en esta región conviven las prácticas tradicionales con las religiones importadas.

Por otra parte, en la Baja Casamance se asiste a un resurgimiento de la religión y la cultura tradicional diolas. Así sucede, por ejemplo, con el nombramiento en el año 2000 del rey de Oussouye, Sibilumbay, un puesto que estuvo vacante durante dieciséis años. La región de Oussouye es la de los diola Kasa y supone el último refugio de la tradición diola en Casamance. A pesar de que existen más reinados en la región, éste es el más representativo y el que tiene una imagen más fuerte. Sin embargo, esta cuestión del retorno a las tradiciones es ampliamente discutida por otros autores que afirman que no ha existido realmente una ruptura en las prácticas y el sentimiento religiosos en la sociedad diola y, por tanto, no puede existir tal retorno.

El rey de Oussouye observa a los hombres que trabajan los arrozales. Fotografía: Gloria Moronta.

Factor histórico

Periodo colonial

A partir del siglo XVII franceses, ingleses y portugueses comenzaron a competir por el control de África occidental, movidos por la importante fuente de esclavos, oro y marfil que esta zona del continente suponía debido principalmente a su situación geográfica, con salida al mar. Los primeros que llegaron a esta región fueron los portugueses a mediados del año 1400, cuando construyeron los primeros fuertes alrededor de la costa oeste del continente. La región de Casamance, descubierta en 1445 por Diniz Dias, fue la primera colonia portuguesa de África, utilizada como “fuente inagotable para la captura de esclavos que eran llevados a Brasil o vendidos a otros países.”[8]

Durante aquel siglo comienza la colonización francesa de Senegal, a través de la Compañía de Senegal, dedicada al comercio de esclavos negros. Alrededor de 1700, Francia controlaba desde el puerto de San Luis en el río Senegal hasta la orilla norte del río Gambia.[9] Mientras, los británicos también afianzaban su poder en África occidental controlando ambas orillas del río Gambia y el país del mismo nombre, que parte Senegal en su costa y que separa virtualmente la región de Casamance.[10]

Francia, por su parte, continuó su camino hasta la costa del río Casamance, haciéndose con el control de la misma en 1880.[11] Más hacia el sur, la ribera pertenecía a la Guinea portuguesa. Tras intensas presiones de la poderosa Francia, Portugal se ve obligado a ceder la región de Casamance en 1908, como resultado de los acuerdos de la Conferencia de Berlín celebrada entre 1885 y 1886, donde las potencias europeas se repartieron los territorios del continente africano.

Casa de los esclavos en la Isla de Gorée, Senegal. Tras esa puerta embarcaban los esclavos rumbo a América. Fotografía: Gloria Moronta.

Es precisamente durante la época colonial cuando se producen ciertas especificidades históricas de la región Casamance. Diversos autores relacionan estas particularidades con la naturaleza de la etnia diola: “los diola son generalmente considerados como un grupo singular debido a la ausencia de estratificación social y de un Estado precolonial centralizado.”[12] Debido a esta falta de estructuras de autoridades sociales, religiosas o políticas fuertes a los franceses no les fue fácil conquistar la Baja Casamance, al contrario de lo que sucedió en otros territorios como los de las comunidades mandinga y peul de la Media y Alta Casamance, donde el proceso fue más sencillo. Los casamanceses se opusieron al control extranjero y a pesar de no existir un liderazgo claro y centralizado, hubo desde el principio una resistencia a la colonización:

“Los franceses (…) se vieron obligados a conquistar la Baja Casamance aldea por aldea estableciendo un sinnúmero de tratados que eran poco respetados si no había una presencia militar que los apuntalase. Incluso una vez que la región fue conquistada, los diola siguieron practicando formas pasivas de resistencia, en algunas ocasiones rebelándose abiertamente contra la administración local.” [13] Por ello, la región estuvo bajo control militar durante mucho tiempo. Todo esto provocó, tal como desarrollan en un informe los autores Carrol y Jonathan Otto, que la zona recibiese menos inversiones y oportunidades educativas que el norte durante el periodo colonial.

Debido a esta resistencia, los franceses decidieron crear una región administrativa especial, que se encontraba bajo el control del gobernador del África occidental francesa en San Luis. Posteriormente, fue incorporada a la colonia senegalesa como un distrito. Los colonos, cansados de la resistencia casamancesa una vez ya conquistado el territorio, y ante la falta de autoridad de los líderes diola, decidieron enviar a los senegaleses del norte, los wolof de carácter centralizado y jerárquico, para que ayudasen a gobernar a los diola. Esto contribuyó enormemente al descontento de los habitantes de Casamance y es ahí donde comienzan a sembrarse las semillas del rechazo hacia los wolof, a quienes relacionaban con el poder colonial que tanto trataba de someterles. Esta situación se mantuvo hasta el final de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, aunque los diola tenían ya en ese momento autoridad en su región, los funcionarios del norte siguieron ocupando los puestos de la administración francesa y, posteriormente a la independencia, los de la república senegalesa.[14]

El hecho de haber tenido una naturaleza diferente al resto de Senegal al comienzo de la colonización es una cuestión ampliamente utilizada por los independistas. “Esta experiencia colonial característica se convirtió en una de las bases de la reclamación de los separatistas del MFDC, la autodeterminación como antigua colonia autónoma de Francia”. [15]

Periodo postcolonial

En 1960 Senegal adquiere la independencia en medio de la oleada de luchas por la liberación del resto de países africanos, sin embargo, al contrario que otros vecinos del continente, en Senegal se produjo de manera pacífica de la mano de Leopold Sedar Senghor. Este hombre cultivado que había estudiado en Francia, poeta y ensayista, valoraba profundamente a los franceses, su cultura, su política y su aportación a Senegal. Fue, además, el padre de la negritud, una conciencia negra que reivindicaba las aportaciones, los valores y las peculiaridades específicas de la civilización negra.[16]

Léopold Sédar Senghor, 1963. Foto: Radio France Internacional/AGIP

Durante el gobierno de Senghor, se reprodujeron las estructuras de la administración colonial: la mayoría de los funcionarios públicos eran wolof. “Mejor educados a la manera europea y mejor posicionados en Dakar, los norteños tomaron el control tras la independencia de Senegal.”[17] Sin embargo, a pesar de que muchos autores sostienen que los casamanceses no tuvieron cabida en el gobierno, Beck y Foucher afirman que estuvieron bien representados en la administración senghoriana. A pesar de ello, continúan los autores, la población de Casamance se sentía marginada en comparación con el norte y, principalmente, con la capital.[18]

Durante la época colonial y los años posteriores a la independencia se produce una llegada masiva de comerciantes, pescaderos, granjeros, etc. del norte atraídos por las buenas condiciones climáticas de Casamance, que “eran vistos [por la población casamancesa] como una transgresión contra el acceso y la gestión local de los recursos naturales de la región”. Además, el aumento del turismo atrajo a europeos y comerciantes wolof y tukulor. Esta injerencia de nuevos habitantes en la Baja Casamance, trajo consigo un problema con la distribución de las tierras, que provocó un mayor sentimiento de marginación e indignación entre los casamanceses y que diversos autores sitúan como uno de los primeros desencadenantes del movimiento independentista.

Los comerciantes procedentes del norte, al llegar a la región, se asentaron en los arrozales que pertenecían a las aldeas diola, sin ningún tipo de autorización por parte de los propietarios, ni por supuesto de compensación. El estado senegalés, en aras de solucionar este tema, promulgó una ley sobre la tenencia de tierras en 1964, Loi sur le Domaine National (Ley sobre el Dominio Nacional) que “ofrecía la propiedad de todas las tierras que no estaban formalmente registradas (situación en la que estaban la mayoría de los terrenos) a quien la formalizase; privilegiando así a aquellos que tenían acceso al registro legal; normalmente los nordistas beneficiados por el gobierno patrimonial y no los propietarios diola tradicionales.”[19] A pesar de la ley, los problemas por la propiedad de las tierras empeoraron. “El ejemplo más escandaloso se produjo en la región de Ziguinchor, donde los administradores del norte, los líderes del Partido Socialista gobernante y los mercaderes tukulor locales se involucraron descaradamente en la especulación de tierras a mediados de los setenta.”[20]

Todas estas cuestiones generaban un fuerte descontento en la Baja Casamance y provocaban un sentimiento de rechazo hacia los nordistas, con quienes no compartían vínculos de ningún tipo: estaban separados geográficamente de ellos, procedían de etnias diferentes, cada una con su lengua y su cultura tradicional; y, además, el sentimiento de marginación política y económica por parte de la administración senegalesa crecía cada vez más. Sumado a esto, se produjo el problema de la distribución de las tierras por el que los casamanceses se sintieron fuertemente atacados. Todos estos hechos, junto a las protestas acerca de la autonomía política de Casamance durante los tiempos coloniales[21], contribuían al crecimiento de un sentimiento regionalista casamancés cada más fuerte. Estos reclamos  se vieron agravados por la incapacidad de integrar a la Baja Casamance en la economía política nacional y la imposibilidad estatal por ofrecer a los migrantes diola en Dakar puestos en el sector público.

Lycée de Djignabo

En 1980 se produce uno de los primeros acontecimientos considerado como germen del movimiento, cuando se realiza un golpe estudiantil en un colegio de Ziguinchor, el Lycée de Djignabo, con motivo de las deterioradas condiciones generadas por la crisis presupuestaria del gobierno; que se saldaron con un estudiante muerto a manos de las fuerzas de seguridad senegalesas.[22]

Movidos por el descontento generalizado y la indignación de la población de la Baja Casamance, un grupo de casamanceses se reunió en 1981 con el objetivo de reactivar el Mouvement des Forces Démocratiques de Casamance (MFDC). Este movimiento nació en 1947 como “una voz de la región durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los africanos empezaron a visionar el fin del orden colonial”[23], y fue absorbido por el Partido Socialista antes de la independencia. La reunión dio lugar a una manifestación en 1982, que se sitúa como el momento del nacimiento del MFDC actual. “Más de mil de casamanceses, la mayoría diola, partiendo del bosque sagrado de Diabir en las afueras de Ziguinchor, recorrieron las calles de la ciudad, retirando la bandera senegalesa de los edificios gubernamentales y reemplazándola por una sábana blanca a modo de afirmación de la independencia de Casamance.”[24] Los integrantes del recién nacido MFDC repartieron además panfletos reclamando la independencia de la región.

La represión policial fue brutal, dejando numerosos muertos, heridos y detenidos; sin embargo, los diversos informes que existen sobre la cuestión varían en el número de víctimas; algunos hablan de sólo algunos heridos, como Martin Evans, otros como Carrol y Jonathan Otto citan a cientos de muertos, incluyendo a mujeres y niños. Según algunas versiones, los manifestantes marcharon de manera totalmente pacífica y la represión y la violencia de las fuerzas de seguridad fueron muy altas, hecho que justificó el comienzo del movimiento de guerrillas en el seno del MFDC. Aunque no queda claro, según otros autores, si los manifestantes iban armados o no. “Los líderes del MFDC sostienen que fue una manifestación pacífica en la que las banderas senegalesas no fueron quemadas, sino respetuosamente plegadas. No obstante, según se dijo, muchos de los manifestantes llevaban machetes, arcos y flechas.”[25]

Augustin Diamacoune Senghor. Foto: Le Soleil

Durante el siguiente año hubo un periodo de relativa calma hasta diciembre de 1983, fecha en la que se iba a producir el juicio a los detenidos acusados de atentar contra la integridad territorial en la manifestación del año anterior.[26] Entre ellos se encontraba el Abad Diamacoune Senghor, un sacerdote diola portavoz del independentismo casamancés, considerado fundador del movimiento. Antes de que empezasen los juicios, el MFDC convocó una nueva reunión en el bosque sagrado de Ziguinchor que fue violentamente reprimida por los gendarmes. Poco tiempo después, treinta y dos de los detenidos fueron condenados a penas de cárcel de hasta cinco años.[27]

Esto provocó una nueva manifestación el 18 de diciembre de 1983, conocida como el domingo rojo, que marchó nuevamente por las calles de Ziguinchor en torno al edificio gubernamental, la gendarmería y la radio local. De nuevo las fuerzas de seguridad reprimieron brutalmente la protesta, dejando oficialmente veinticuatro muertos, aunque según Evans la cifra real varía entre cincuenta y doscientos.[28] “Cientos de personas fueron detenidas y algunas retenidas durante meses, e incluso años, sin que se presentasen cargos contra ellas.”[29] A partir de entonces, el gobierno senegalés llevó a cabo una represión muy fuerte contra cualquiera que supusieran del movimiento o simpatizante con la independencia, lo que provocó una mayor radicalización en el seno del MFDC y un aumento del rechazo al gobierno de Dakar. “De un modo característico, el recurso a la represión militar en vez de a la negociación al principio de la rebelión, que en aquel momento era poco más que un movimiento de protesta, solamente sirvió para echar más leña al fuego.”[30]

Foto: SeneNews

El discurso separatista caló profundamente en la sociedad casamancesa, obteniendo muchos apoyos durante los primeros años de lucha. Según Beck y Foucher, “lo más característico de los diola es el hecho de que la falta de coacciones socio-culturales asociadas a las jerarquías étnicas y religiosas que se encuentran en el Senegal septentrional dejaron relativamente libres a las fuerzas sociopolíticas que desafiaban las estructuras de la autoridad tanto en la sociedad diola como en el Estado central (…) La aptitud de los intelectuales diola para producir un discurso secesionista por medio de la (re) interpretación y la identidad casamancesas dependía de la existencia de un espacio sociocultural en el que pudiese florecer este discurso alternativo”.[31]

Desde su nacimiento en 1982, el MFDC ha luchado activamente por la independencia de la región. Lo que empezó siendo una lucha política, se convirtió apresuradamente en un movimiento de guerrilla debido principalmente a la represión ejercida por el gobierno senegalés, que llevó a los integrantes del MFDC a esconderse y asentarse entre las montañas.


[1] Según el Manual de Campo 100-20 del Ejército de EE.UU., “el conflicto de baja intensidad es un enfrentamiento político-militar entre estados o grupos de contendientes por debajo de la guerra convencional y por encima de la rutinaria competencia pacífica entre los Estados. A menudo involucra luchas prolongadas de principios e ideologías. El conflicto de baja intensidad va desde la subversión hasta el uso de la fuerza armada. Se da por una combinación de medios que emplean instrumentos políticos, económicos, informativos y militares. Los conflictos de baja intensidad se localizan generalmente en los países del Tercer Mundo, pero tienen implicaciones en la seguridad regional y mundial”

[2] EVANS, M. “Senegal: Mouvement des Forces Démocratiques de Casamance, MFDC”, Chatham House. African Programme, 2004, pág. 2

[3] Ibidem, pág.3

[4] Ibidem

[5] MARUT, J.C., “Le retour au religieux dans la Kasa (Casamance): guerre des dieux ou troisième voie?, Studia Africa. Revista interuniversitària d’estudis africans, Centre d’estudis africans,Ed.per l’agrupament per ala Recerca i ala Docència d’Africa (ARDA), Barcelona, abril 2003, nº14: Mites de fundació, pág.31

[7] Ibidem

[8] QUEIROZ (de), M., “Senegal: Casamance, herencia sangrienta del reparto colonial”, WebIslam, Internacional, 24/03/2006

[9] OTTO, C. y OTTO, J. Building for peace and prosperity in the Casamance region of Senegal, World Education Report, USAID, 2005, pág.3

[10] Ibidem

[11] Ibidem

[12] BECK y FOUCHER, Op.Cit., pág.99

[13] Ibidem, pág.100

[14] Ibidem

[15] Ibidem

[16] MEREDITH, M., “África. Una historia de 50 años de independencia.”,  Ed. Intermon Oxfam,  mayo 2011, España, pág. 82

[17] OTTO y OTTO, Op.Cit., pág.5

[18] BECK y FOUCHER, Op.Cit., pág.101

[19] EVANS, Op.Cit., pág.3

[20] BECK y FOUCHER, Op.Cit., pág.104

[21] EVANS, Op.Cit., pág.103

[22] Ibidem

[23] OTTO y OTTO, Op.Cit., pág.5

[24] BECK y FOUCHER, Op.Cit., pág.106

[25] Ibidem

[26] EVANS, Op.Cit,, pág.3

[27] BECK y FOUCHER, pág.106

[28] EVANS, Op.Cit,, pág.3

[29] BECK y FOUCHER, Op.Cit., pág.106

[30] Ibidem

[31] Ibidem, pág.102

 


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Sobre Alma Toranzo

Periodista especializada en información internacional. Actualmente se encuentra en Dakar (Senegal). Anteriormente ha escrito crónicas desde Latinoamérica. Contacto: alma.toranzo@hemisferiozero.com