14 de abril de 1931: Crónica de un corresponsal británico

Por A. G. Abella*

República:

Una forma de Estado, un determinado régimen político Una parte del territorio español, diferente a la zona ocupada por las tropas del general Franco Una quimera, una utopía, una entelequia, un ideal de convivencia, una forma de ser y de estar, un paraíso perdido antes, casi, de haberlo podido disfrutar.

Ramón Buckley, hijo de Henry Buckley, en el prólogo de “Vida y muerte de la República española”, ed. Austral.

Henry Buckley al finalizar la Guerra Civil. Fuente: Archivo Comarcal de l’Alt Penedès.

 

En noviembre de 1929 un joven periodista inglés atraviesa la meseta castellana con destino a Madrid. En el viaje en tren que le trae desde Irún va anotando sus impresiones sobre el país que pisa por primera vez. Miseria y pobreza en los campos junto a un paisaje desolador. Como compañeros de viaje, dos frailes “gordos y algo malolientes aumentaban aún más mi depresión”. Como católico practicante, la contemplación de esos monjes desaliñados, sin afeitar, chocaban con su visión anglosajona y la imagen de lo que debían representar unos profundos sentimientos religiosos.

Estas primeras observaciones unidas a fuertes creencias sociales más que religiosas no le impedirán tomar postura en favor de la república. “Del mismo modo que me disgusta la violencia de las turbas y la quema de iglesias, creo que la gente de España que proclamaba su fe católica a voz en grito era la que más culpa tenía de la existencia de masas analfabetas y una economía nacional en ruinas”. Henry Buckley, al llegar a Madrid se describe a sí mismo con humor: “virgen, antojadizo y melindroso”. Con 25 años, albergaba sólo dos años de experiencia profesional en París, aunque ninguna sentimental en la que fuera capital de la libertad sexual en los años veinte. En poco tiempo se convertiría en el mejor conocedor de la política española, testigo de los más importantes acontecimientos en España, embajador e introductor de la oleada de corresponsales que llegaron de todo el mundo para cubrir la Guerra Civil. Robert Capa, Jay Allen, Vincent Sheehan, Lawrence Fernsworth, Herbert Matthews, Ernest Hemingway, entre muchos otros que amistosamente le conocen por Enrique, comparten viajes y crónicas desde los distintos frentes de guerra.

“Al llegar a Madrid la llovizna y la densa niebla me trajeron recuerdos de mi infancia en los montes de Derbyshire. Algunos años más tarde me encontraría en ese mismo lugar, junto a la estación de Príncipe Pío, tirado en una trinchera mientras las balas y los obuses silbaban a mi alrededor, y el tiempo entonces carecería de importancia. Pero esa tarde de 1929, yo era un inglés impaciente por descubrir Madrid y recuperar las ilusiones perdidas en aquel largo viaje”.

De izquierda a derecha Ernest Hemingwqy, Robert Capa, Vincent Sheen, Herbert Matthews, Hans Kahle. Foto de Henry Buckley cedida por l ́Arxiu Comarcal de l ́Alt Penedés

El reportero inexperto ayudado por la arrogancia que da la juventud estaba dispuesto a enviar crónicas desde un país que desconocía por completo. El futuro director de la Agencia Reuters en España, una vez instalado en una cómoda habitación de hotel con desayuno y dos comidas diarias, además de teléfono y baño privado, empieza a ver la vida de otra manera. Vivir en España podía tener su encanto: “Quizá la experiencia en España no fuera tan sórdida como había imaginado durante el viaje… Madrid me fascinaba, aunque en aquellos momentos no habría sido capaz de precisar por qué”.

14 de abril 1931

Y es que, en aquel día, todo parecía de color de rosa. Se había producido un cambio de rumbo radical en el Estado Español, un viraje de ciento ochenta grados, y todo ello casi sin incidentes, sin apenas derramamiento de sangre…. ¡Pobres españoles! ¡Qué ilusos éramos en aquella mañana del 15 de abril, celebrando la caída de un régimen, el fin del feudalismo en España! Y el feudalismo, que había dejado caer a don Alfonso porque ya no le era útil, seguía tan fuerte como antes…” La noche del 13 de abril de 1931 iba a ser la última del rey Alfonso XIII en España. En las puertas del Palacio Real sólo dos periodistas: uno español y otro inglés. “Envuelto en un grueso gabán para protegerme del viento helado que bajaba del Guadarrama”. No parecía registrarse ninguna actividad; la noticia no era lo que ocurría sino lo que no ocurría. En un momento salió un mayordomo y dio testimonio de lo que sucedía en el interior del edificio: sus majestades estaban asistiendo a la proyección de una película americana en la nueva sala cinematográfica del Palacio. “Si me hubiera contestado que el rey y la reina jugaban a la pídola en camisón por los pasillos me habría sorprendido bastante menos”.

El día anterior, 12 de abril, se habían celebrado las elecciones municipales en España que habían dado el triunfo a la coalición republicana. En casi todas las ciudades, incluso en los barrios burgueses de Madrid, la evidencia de la falta de apoyo a la monarquía era abrumadora. “Camino del Palacio había pasado por la Puerta del Sol y había contemplado a las multitudes enardecidas gritando a favor de la República. La policía apenas se molestaba en reprimirlas. Algunos agentes habían bajado de los caballos y confraternizaban con la muchedumbre, intercambiando chistes y cigarrillos”.

Mientras en la Puerta del Sol el pueblo de Madrid salía para expresar su júbilo, compartiendo su alegría con improvisadas banderas tricolores, a pocos metros, el Palacio Real estaba rodeado de soledad y silencio. La familia real seguía una película americana, ajena a la realidad que les cercaba, como si ya no fuera del país, como si se encontrara ya a kilómetros de distancia.

Robert Capa. Luis Quintanilla y el fotógrafo ayudan a reparar un pinchazo del coche en el que viajaban para realizar, junto a Buckley, sus reportajes.

En la tarde del 14 de abril seis coches partieron del Palacio por la Puerta del Moro y doce horas después Alfonso XIII se embarcaba en el crucero Jaime I rumbo a Marsella. La reina Victoria Eugenia salió de España el 15 de abril con sus dos hijas y sus tres hijos desde la estación de El Escorial en el expreso con destino a Irún. Ese día fue proclamado fiesta nacional.

Los madrileños que se habían echado a la calle gritaban: “No se han marchado, ¡les hemos echado!”

“La luna de miel de la República duró apenas un mes”.

Pero esto ya pertenece a otro capítulo de los hechos que magistralmente narra Henry Buckley en “Vida y muerte de la República Española”, donde recoge una exhaustiva descripción de la historia de España durante la vida de la Segunda República, desde su inicio el 14 de abril hasta su derrota a finales de marzo de 1939. El libro fue escrito ese mismo año y publicado por primera vez en España en 1975 (fecha de la muerte de Franco). A pesar de su apoyo a la República, Buckley permaneció en España, viviendo con su esposa María Planas en Sitges, donde murió en 1972.

*A. G. Abella (@a_g_abella) es redactora de la revista digital aaaaarte.com.

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Para más información:

-La maleta mexicana

-Henry Buckley, la memoria sale del cajón

 


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