Mujeres de miedo en Puerto Rico: del terror al horror

Por Cristina Bravo Rozas*

La expresión “Mujeres de miedo” hace referencia a las narradoras de Puerto Rico que cultivan el género del terror y el horror. En el desarrollo de la historia del cuento puertorriqueño, el cuento de miedo se concebía como un género marginal y prácticamente inexistente. Los cuentos puertorriqueños del siglo XX estaban inmersos en los problemas de la identidad nacional, la independencia, la emigración, la violencia que se instauraba en los núcleos urbanos etc.. . Sin embargo, el estallido de la narrativa puertorriqueña escrita por mujeres en los años 80 hace que el territorio del miedo se instale en muchas de ellas. La causa primordial es que estas cuentistas muestran su mundo de mujeres criticando esas actitudes masculinas que eclipsan su universo, la violencia hacia ellas, su debilidad moral o el machismo; en general, hacen que opten por cuentos que no sólo van a provocar terror y horror en los lectores, sino que además ese miedo se convierta en metáfora de la situación social y política de un país.

Rosario Ferré, “La muñeca menor”(1976); Olga Nolla, “Los caprichos de Carla”(1989); Mayra Montero, “Corinne muchacha amable” (1991); Ana Lydia Vega, “Delito sin cuerpo”, “Más acá”(1990) representan el cuento de horror puertorriqueño en sus variedades de realista-mágico, fantástico y paródico.

Rosario Ferré utiliza el motivo de una chágara (pequeño cangrejo negro de río) que permanece en la pierna de la tía de la familia y como ese “monstruoso” animal acaba anidando también en el interior de la sobrina menor que al casarse parece metamorfosearse en una muñeca idéntica a la que su tía le había regalado al contraer matrimonio. Esta escalofriante historia provoca el horror del lector y el de los personajes del cuento al mostrar la metamorfosis de una mujer en una muñeca devorada por la chágara. En realidad lo que muestra el narrador es el horror de una clase media que sólo ve en la mujer un objeto decorativo que termina transformándose en una verdadera muñeca.

Mayra Montero también pertenece al horror realista–mágico. En este caso, es el vudú practicado en una joven lo que provoca el horror, lo que desencadena la metamorfosis de la joven en zombi es una revuelta social en Haití. Se cuestiona una vez más el tema de las clases sociales y la manipulación del destino de las mujeres.

Olga Nolla escribe un cuento de horror fantástico, donde un marido acaba asesinando de una manera sutil a su esposa, todo ello provocado por el interés desmesurado de la esposa por los objetos de arte. De nuevo la sociedad materialista que cosifica a los individuos protagoniza esta historia de desamor.

Ana Lydia Vega nos sorprende con sus parodias de historias de horror fantásticas, amantes que conviven y comparten lecho y, por tanto, también su terrible pesadilla de eliminarse uno al otro. En “Más acá” un marido despechado vuelve del más allá para exigir la posesión de su esposa. De nuevo el machismo y la crítica a la falta de amor en la pareja nos acompañan en los territorios del miedo.

Aunque algunos críticos piensen que estamos ante un fenómeno aislado, el horror hinca sus fauces en los cuentos puertorriqueños escritos por mujeres, no para devorarlos, sino para que renazca un género soterrado pero no ausente y para mostrarnos en verdad el rostro monstruoso que se oculta bajo nuestra aparente existencia cotidiana.

*Cristina Bravo Rozas es profesora de literatura hispanoamericana en la Universidad Complutense de Madrid y especialista en cuento y teatro.


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