El Comité Internacional de la Cruz Roja: la neutralidad (II)

“La misión fundamental de la Cruz Roja es la de ayudar pero no condenar, aun cuando la condena forme parte también de una ética de principios, condena ‘nunca personalizada’ para evitar que se pierda el espíritu de neutralidad en tanto persista el de humanidad” [1]. La neutralidad constituye aún en la actualidad el eje de la política moral del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR). Es decir, “no establecer jamás distinciones entre guerras buenas y guerras malas, causas justas e injustas e incluso víctimas y agresores”[2].

Su ética es sencilla, consiste en llegar hasta las víctimas, estén donde estén, y enseñar a los combatientes a luchar de acuerdo con unas normas. Tomando varios fragmentos de su ideario queda explicado de forma clara qué es ser neutral y sus implicaciones: “pretendemos ser permanentes testificadores y sanadores, no acusadores de la transgresión y sus efectos, porque el espíritu de imparcialidad y de neutralidad de nuestra Institución nos veda toda personalización acusatoria […] la absoluta apoliticidad de la Cruz Roja supone que nuestra campaña pueda ser asumida y defendida por toda la sociedad, con independencia de los idearios y criterios políticos, religiosos o de compromiso de cada persona” [3].

Leyendo Hangs Haug, ex presidente de la Cruz Roja entre 1968 y 1982, “el móvil del principio de neutralidad según el cual el Movimiento se abstiene de tomar parte en las hostilidades y, en todo tiempo, en las controversias de orden político, racial, religioso e ideológico es la salvaguardia de la confianza general («con el fin de conservar la confianza de todos, el Movimiento se abstiene de…»). Son patentes la evidencia y la pertinencia de este móvil: quien toma partido corre el riesgo de despenar sospechas e inspirar la animosidad en una de las partes, que tal vez lo rechace o le retire la confianza que había depositado en él”[4].

Sin embargo, la doctrina de la neutralidad suscita cada vez más controversia desde la aparición de nuevas políticas de los derechos humanos, la presencia de otros actores humanitarios, y la nueva tipología de guerra “porque no es posible permanecer indiferente ante la creciente crueldad que caracteriza a los conflictos armados recientes”[5]. En esta línea, se han producido varios debates. Algunos inciden en señalar dado que los conflictos han cambiado de naturaleza exigen una intervención que no sea neutral. Asimismo, otros apuntan que la neutralidad tiene una connotación de falta de compromiso y que es moralmente inaceptable.

En este sentido, Fiona Terry explica que la acción humanitaria es más que un ejercicio técnico orientado a alimentar una población definida como “necesitada”, es un compromiso moral basado en la solidaridad con otros miembros de la humanidad. La autora se plantea si es moralmente aceptable permanecer neutrales cuando nos enfrentamos con el genocidio o graves violaciones de los derechos humanos. Para ella, negarse a hacer un juicio sobre quién tiene razón y quién no la tiene significa asumir una igualdad legal y moral entre los opresores y sus víctimas, los coloca al mismo nivel[6]. Finalmente, hay quienes se oponen al abandono de la neutralidad debido a su preocupación por el acceso y la seguridad[7].

Respecto al auge de nuevos agentes humanitarios -la creación de las llamadas ONG “sin fronteras”, entre otras- se produjo como consecuencia del rechazo al deber de discreción que imponían los métodos de trabajo del CICR[8]. Por ejemplo, Médicos sin Fronteras cuestiona la doctrina de la neutralidad porque, según ellos, la intervención humanitaria no puede mantenerse imparcial cuando trata de casos como el de los milicianos serbios y los civiles musulmanes (conflicto de los Balcanes), o de los hutus armados de machetes y sus víctimas tutsis (conflicto de Ruanda)[9].

Estas críticas continúan en la actualidad e incluso se rechaza esa pretensión del CICR de funcionar apolíticamente[10]. En este sentido, el escritor Michael Ignatieff apunta que el CICR siempre se ha enorgullecido de actuar con total discreción y de mantener alejada a la prensa. La cuestión de si la neutralidad requiere discreción y silencio absoluto, ha producido un debate importante dentro del CICR. Incluso reconoce errores del pasado (silencio guardado pese a conocer el exterminio judío en los campos de concentración nazis durante la II Guerra Mundial) y, actualmente, rechaza la idea de que la neutralidad imponga silencio en la organización[11]. Además, se ha dado cuenta que esa actitud levanta sospechas, por eso dispone de oficinas de prensa en sus principales delegaciones[12]. De hecho, a pesar de la ya mencionada doctrina de silencio y discreción imperante en el CICR, él sí adopta una posición pública de denuncia cuando se cumplen cuatro condiciones: que las violaciones sean graves y reiteradas; que las gestiones confidenciales no hayan logrado su cese; que la publicidad beneficie a las víctimas; y que los delegados hayan sido testigos directos de esas violaciones, o la existencia y amplitud de las mismas se conozca a través de fuentes seguras y comprobables[13].

Un ejemplo sobre la problemática de mantenerse neutral o denunciar ante los medios de comunicación y tomar partido en el conflicto (Documental ‘Ghost of Rwanda‘, del minuto 02:41 a 08:52Imagen de previsualización de YouTube

Desde el CICR se responde que la neutralidad no se entiende como un fin en sí mismo, sino “como el medio indispensable para granjearse la confianza de todas las partes de un conflicto, con objeto de obtener el libre acceso a todas las víctimas”[14]. Por tanto, las acciones del Comité se realizan únicamente a favor de los intereses de la humanidad y no a favor de los intereses de ninguna de las partes en conflicto. En definitiva, se trata de que la acción humanitaria mantenga la distancia con respecto de los combatientes, así como con las razones del conflicto y la justeza de la causa de cada una de las partes[15]. De la distancia hacia los combatientes se deriva la neutralidad y de ésta deriva la creencia de que la acción humanitaria es apolítica. Ya lo destaca el Movimiento, que es, en primer lugar, apolítico. Ni por su razón de ser ni por su cometido ha de influir en el desarrollo del orden jurídico y social ni ha de tomar parte en las luchas por el poder en el plano nacional o internacional[16]. A finales de la década de los 70, uno de los principales pensadores de la Organización, Jean Pictet, indicaba que el corpus de la doctrina del CICR sobre la cuestión de la neutralidad está bien establecido. “Las instituciones de la Cruz Roja deben evitarla [la política], ¡como se evita el fuego! Se juegan la propia vida”[17].

Larry Minear insiste en que a finales de los años 90, el tema estrella en el debate entre las organizaciones humanitarias se refería a la interacción entre la política y la actividad humanitaria. Durante la guerra fría, la politización de la acción humanitaria por las superpotencias fue aceptada ampliamente sin discusión pública. Además, influyó en las actividades humanitarias de las organizaciones no gubernamentales y otras asociaciones. Siguiendo esta misma línea, Mabel González Bustelo menciona la manipulación de la acción humanitaria y de la imagen de éstas en función de los intereses de los donantes, la militarización de la ayuda humanitaria, así como la pérdida de independencia y neutralidad, especialmente aquellas que tienen alta dependencia de fondos estatales. Para la autora, “la erosión de los principios de neutralidad e independencia erosiona la imagen ante las poblaciones receptoras”[18].

En su artículo, Milnear destaca una cuestión que planteó en su momento la ex Comisionada Europea para Asuntos Humanitarios, Enma Bonino: ¿Pueden y deben ser neutrales los organismos humanitarios?, se preguntaba. ¿Deben estos organismos -como lo afirmarían ellos mismos- “estar inhabilitados para distinguir el bien del mal, el agresor de la víctima, los asesinos de los cadáveres? La respuesta es que el CICR trata de mantener y proteger su fuerza moral negándose a comprometerse en cuestiones muy politizadas. Jean Pictet: “No se puede ser, a la vez, campeón de la justicia y de la caridad; hay que elegir. El CICR ha elegido, desde hace mucho tiempo, ser una obra asistencial”. El CICR debe, pues, tener en cuenta la política, pero nunca ha de dejarse ganar por la misma”. El pensador Jacques Moreillon apunta que la finalidad de la Cruz Roja es “ayudar, no condenar. Debe poder socorrer a las víctimas en todas las partes, lo cual implica una moderación en sus críticas [...] ¿Se puede realmente pretender ayudar y condenar en el mismo país?”[19]

En la teoría, parece quedar claro que el CICR mantiene una postura de neutralidad y apoliticidad absoluta. Sin embargo, no queda tan claro en la práctica, es decir, cuando hay que operar sobre el terreno. Como apunta Milnear, “la interacción entre la esfera humanitaria y la política es mucho más variada e imbricada de lo que parece reconocer la doctrina del CICR. El verdadero significado de la neutralidad se pone a prueba cuando el derecho y los principios internacionales humanitarios encuentran en el terreno los dilemas del mundo real”. En las zonas de conflicto, el CICR hace cálculos prudentes y tiene en cuenta las posibles consecuencias políticas. De hecho y, como se apuntaba en anteriores párrafos (véase la cita 13), en los últimos años, el CICR se ha vuelto notablemente más abierto en sus críticas a las políticas de gobiernos e insurgentes responsables del sufrimiento de los civiles cuando se dan ciertas condiciones.

El cambio o, al menos, cierto giro viene dado porque los delegados de la Cruz Roja se enfrentan a un tipo de guerra diferente que su fundador, Jean Henry Dunant, no habría podido imaginar. Los actuales conflictos tienen poco que ver con el modelo clásico de la guerra profesional entre estados. En la actualidad, son guerras civiles e intraestatales. Se trata de insurrecciones armadas y campañas guerrilleras contra regímenes impopulares, enfrentamientos en estados fallidos y con regímenes políticos de legitimidad débil [20]. Como indica Julio Jorge Urbina, el problema de la neutralidad radica en si se puede mantener cuando una de las partes impide reiteradamente el acceso a las víctimas y ataca deliberadamente al personal de las organizaciones humanitarias, recurre al hambre como método de combate o practica una política de “limpieza étnica”. Fiona Terry destaca que las circunstancias en que se desarrolló la idea de neutralidad no son ya relevantes a los contextos contemporáneos, sobre todo, porque se producen contradicciones entre el hecho de respetar este principio o actuar en el mejor interés de las víctimas.

Además, está el problema de los nuevos actores protagonistas de los conflictos. Como acertadamente apunta Michael Ignatieff, los acuerdos establecen que los ejércitos disidentes estarán a las órdenes de un “mando responsable”, pero desde los 90 la guerra ha estado en manos de ejércitos no regulares o de bandas de paramilitares que combinan la lucha con el bandidaje. Por tanto, la tarea del CICR se ha hecho mucho más peligrosa. Como ejemplo, Mabel González Bustelo señala el debilitamiento de los emblemas como instrumento de protección. Este tema de la seguridad, no obstante, será tratado con mayor profundidad en el siguiente capítulo. De momento y, para concluir el presente epígrafe, se debe reconocer que la medida práctica de la neutralidad es su percepción por las partes beligerantes. Es decir, las organizaciones de ayuda internacional pueden declarar que son neutrales, pero es cómo son vistas lo que cuenta cuando se trata de garantizar la seguridad de su personal o el acceso a las víctimas[21].



[1] La Cruz Roja y los derechos del hombre. Edita Cruz Roja Española, Servicio de Publicaciones, Madrid, 1980.

[2] Ignatieff, Michael, El honor del guerrero, Ed. Taurus, Madrid, 1999.

[3] Ibid, La Cruz Roja y los derechos del hombre.

[4] Haug, Hans, “La neutralidad como Principio Fundamental dela Cruz Roja”, Revista Internacional dela Cruz Roja, nº 138, nov-dic 1996.

[5] Urbina, Julio Jorge, “La protección del personal encargado de distribuir la ayuda humanitaria”, en Jorge Pueyo Losa y Julio Jorge Urbina (Coord.), El DIH en una sociedad internacional en transición, Tórculo Edicións, Santiago de Compostela, 2002 para Cruz Roja, Colección Estudios Internacionales.

[6] Castilla, Jorge y Terry, Fiona, “Neutralidad y acción humanitaria”, Colección Cuadernos para el debate de Médicos Sin Fronteras, nº 9.

[7] Ibid, Castilla, Jorge y Terry, Fiona.

[8] Ibid, Gonzalo Jar, Consuelo.

[9] Ibid, Ignatieff.

[10] Minear, Larry, “La teoría y la práctica de la neutralidad: algunas reflexiones sobre las tensiones”, RICR, nº 833, marzo 1999.

[11] Ibis Castilla, Jorge y Terry, Fiona.

[12] Ibid, Ignatieff.

[13] Harroff-Tavel, Marion: “Neutralidad e imparcialidad”, RICR, nº 96, nov-dic 1989.

[14]Respeto y protección debidos al personal de organizaciones humanitarias. Documento preparatorio del Comité Internacional dela Cruz Roja para la primera reunión periódica sobre el derecho internacional humanitario – Ginebra, 19 – 23 de enero de 1998.

[15] Ibid, Castilla, Jorge y Terry, Fiona.

[16] Ibis, Haug, Hans.

[17] La cita de Jean Pictet está tomada del artículo de Minear, Larry, “La teoría y la práctica de la neutralidad: algunas reflexiones sobre las tensiones”, RICR, nº 833, marzo 1999.

[18] González Bustelo, Mabel. “Introducción” en ¿Intervenciones humanitarias? Perspectivas del Sur. Vol III, nº 2. Edita Centro de Investigaciones parala Paz (CIP) dela Fundación Hogar del Empleado, Madrid, 2004.

[19] Op cit. 17.

[20] González Bustelo, Mabel: “Guerra global antiterrorista y acción humanitaria: una relación compleja” en González Bustelo, Mabel (Coord): ¿Intervenciones humanitarias? Perspectivas del Sur. Edita Fundación Hogar del Empleado (FUHEM) y Centro de Investigación parala Paz (CIP), Madrid, 2004.

[21] Ibid, Castilla, Jorge y Terry, Fiona.


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Sobre Adrián Rodrigo

Licenciado en Historia y Periodismo. Ha trabajado en el diario La Razón y en el Observatorio de Medios de Mediapro. En la actualidad, trabaja para la empresa de análisis de medios de comunicación y política Alert Media y colabora con la Revista aauc3m. Devorador de letras contemporáneas, fotogramas clásicos y enganchado a Europa del Este. Contacto: adrian.rodrigo@hemisferiozero.com