Chema Caballero: “La reconciliación es el asunto pendiente de todas las guerras”.

Una campaña viral y la condena de un criminal de guerra han puesto en el candelero el problema de los menores soldados en el mundo. Mucho se ha hablado la última semana de Kony 2012, el vídeo de la ONG Invisible Children criticado por no mostrar la actual realidad ugandesa. El pasado 15 de marzo, la Corte Penal Internacional declaró a Thomas Lubanga culpable de crímenes de guerra por el reclutamiento de menores para utilizarlos en el conflicto armado que vivió la República Democrática del Congo en 2002 y 2003.

La utilización de niños y niñas en conflictos armados ha sido habitual también en otros países. Baste recordar el ejemplo de Sierra Leona, cuya guerra civil (1991-2002) se tradujo en familias desplazadas, mutilaciones y otras formas de violencia. Hemisferio Zero ha tenido la oportunidad de charlar con Chema Caballero, director entre 1999 y 2002 de uno de los programas de rehabilitación y reintegración para niños soldados y esclavas sexuales más exitosos hasta la fecha.

Según la Comisión Nacional para el Desarme, la Desmovilización y la Reintegración de los Excombatientes, pasaron por el centro de rehabilitación Saint Michael de Lakka (Sierra Leona) un tercio de los más de 6.000 niños soldados sierraleoneses desarmados. El periodista Gervasio Sánchez asegura en su libro Salvar a los niños soldado que en tres años “han sido reunificados directamente 1.748 y transferidos a otros programas para ser reunificados otros 958. Se han beneficiado del cuidado alternativo 292, casi el 10%, y, de éstos, 202 se han reunificado con sus familias. Se han escapado veintisiete, menos del 1%. Un éxito total”.

Preguntado sobre cómo afrontó los comienzos, Caballero reconoce que “al principio no sabes por dónde empezar, tienes que ir probando”. Sin embargo, se evidenciaron los progresos y ahora su trabajo sirve como modelo: “Fue una experiencia pionera, pero gracias a esa experiencia hoy día se basan en algo concreto en otras partes del mundo”. El programa ofrecía ayuda material e inmaterial –medicamentos, jabón, educación, enseñanza de un oficio…- gracias a las donaciones particulares y la financiación de Unicef.

Se creó un centro de tránsito para los recién llegados, donde practicaban deporte, asistían a talleres y disponían de lo necesario para ocupar tiempo y mente con horarios estrictos. “Hay que marcarles mucho al principio para que se socialicen y vivan de acuerdo a normas, porque es como se va aprendiendo”, asegura Caballero. “Un chaval que estaba en un campamento, un día que no había batalla, veía pasar a un civil o combatiente de una aldea cercana con unas zapatillas que le gustaban y podía apuntarle con el fusil y quitárselas. Era muy importante romper esquemas de autoridad”, añade.

Chema Caballero y excombatientes en Sierra Leona. Foto: Gervasio Sánchez.

La aparente lentitud del proceso también rompió esquemas a Unicef, quien propuso inicialmente que los menores permaneciesen seis meses en el centro. Tuvieron que desistir. “La media para que empezasen a hablar y soltasen su historia era de unos seis meses. Algunos hablaban antes; otros hablaban al año, por ejemplo. Después había una segunda etapa, que podía durar tres o cuatro meses, y luego podían empezar a salir fuera”. La realidad imponía el ritmo.

Además del apoyo psicológico personalizado, se trabajó con las comunidades cercanas para resolver los problemas de adaptación, pues los niños eran a menudo percibidos como una amenaza debido a su participación en el conflicto. “Empezaron a verlos como víctimas, no como a criminales”, sostiene Caballero. Había que “buscar fórmulas de aceptación e integración en la comunidad. Por ejemplo, había una escuela a la que un chico iba a asistir y veíamos cómo todos se podían beneficiar allí, por ejemplo, dándoles un paquete de cuadernos, libros, balones, etc. para la escuela”. También ayudó “una campaña muy fuerte de sensibilización a través de la radio, conciertos y teatro”.

La posibilidad de ofrecer testimonios ante el Tribunal Especial de Sierra Leona contribuyó a que algunas víctimas sintieran un cierto grado de reparación. El primer fiscal, David Crane, jugó un papel esencial al impedir que los menores de 18 años pudieran ser juzgados. A pesar de las objeciones que presentó la defensa, niños y niñas excombatientes y otros testigos declararon en el juicio contra Charles Taylor por once cargos de crímenes de guerra y de lesa humanidad. Chema Caballero fue uno de ellos.

Portada de “Los hombres leopardo se están extinguiendo”, escrito por Chema Caballero.

“Creo en la justicia internacional. Para mí era positivo participar y contar lo que sabía de esos chicos y chicas”. No obstante, lamenta que nunca se vaya hasta “el final” y añade: “En el caso de Sierra Leona, se ha llegado a Charles Taylor, pero no se llegó a Gadafi o al gobierno inglés, que estaba vendiendo armas, o el español, que también vendió”. El juicio a Charles Taylor ha quedado visto para sentencia y se espera que, después de múltiples retrasos, el Tribunal anuncie su veredicto el próximo 26 de abril.

En su libro Los hombres leopardo se están extinguiendo, Chema Caballero apunta que las víctimas han de seguir viendo y conviviendo con los verdugos de sus familiares. “El tema de la reconciliación es el asunto pendiente en todas las guerras. No se invierte dinero en ese tipo de cosas”, sentencia. “Además, cada cultura tiene unas formas de pedir perdón y de perdonar. Muy pocas veces son las gentes del lugar quienes diseñan estos programas [de reconciliación]”.

Desde que regresó de Sierra Leona, Chema Caballero dedica su tiempo a la ONG DYES, que fundó para llevar a cabo proyectos en el país africano, y a escribir en numerosas publicaciones, como el blog África no es un país. Recientemente, se ha implicado en “Aquel no era yo”, un cortometraje de ficción que aborda el problema de los menores soldado. Parece lícito preguntarse si acaso no será más acertada una labor humilde y enfocada en las víctimas que una maquinaria de campañas de escaso calado y amplia difusión.


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Sobre Gloria Moronta

Licenciada en traducción e interpretación y especialista en información internacional. Curiosa y caminante. El Salvador me enganchó a la querida América. Contacto: gloria.moronta@hemisferiozero.com