Por Almudena Barragán y Gloria Moronta
Igual que en aquella canción de The Clash, Misrata llamaba a los pueblos lejanos ahora que la guerra se había declarado y la batalla estaba por venir. Alberto Arce fue uno de los pocos periodistas que acudió a la ciudad libia para cubrir la guerra civil en calidad de freelance. A partir de esta experiencia, escribió el libro “Misrata Calling”, publicado por la editorial Libros del K.O, y grabó el documental “Misrata: vencer o morir”. Historias, escenas, vivencias y anécdotas que reflejan el día a día de los rebeldes libios que decidieron alzarse en armas contra Muamar el Gadafi durante ocho meses de 2011.
El libro, una crónica de la cobertura que allí realizó junto al fotógrafo Ricardo García Vilanova, complementa al documental, rodado en primera línea de fuego. 53 minutos y 200 páginas que cuentan el asedio, los bombardeos, la tensión de la ciudad, las dificultades por las que pasaron sus habitantes, la carestía y el desabastecimiento; pero también las conversaciones en la madrugada, las inquietudes y la vida cotidiana de los combatientes. Un trabajo que recoge el testimonio de 35 personas que explicaron a Arce quiénes eran, “por qué se vieron obligados a luchar” y qué esperaban conseguir una vez acabase la guerra. Para Alberto Arce, “esta es la mayor aportación que se le podía hacer tanto al periodismo como a la vida de esas personas”.
Vídeo: Celia Hernández. Hemisferio Zero.
Chicos muy jóvenes, con pocos medios, mucha osadía y escasa preparación dejaron sus trabajos y carreras universitarias para coger un fusil, regresar a su país y hacer frente al ejército gadafista. “Te ves rodeado de adolescentes completamente enardecidos con un arma en la mano que han decidido que pasó algo previamente, un punto de no retorno que les ha llevado en unas semanas de ser panaderos o estudiantes a estar lanzando un RPG contra el pueblo de al lado. Te encuentras con esa realidad y te das cuenta de que a esta gente le ha pasado algo gordo”.
Así remarcaba el periodista español la historia de Omran, un libio que decía no verse “a sí mismo con un arma en la mano”, y que “acabó siendo parte de una de las unidades más fieras de esta guerra”. El educado joven que les sirviera como traductor sufrió la muerte de varios familiares a manos de tropas del Coronel Gadafi y decidió, entonces sí, utilizar también la violencia. “Para mí, la historia de Omran es la historia de la guerra civil de Libia”, añade Arce. Una historia complicada que no se comprende analizando sólo el final violento y brutal que sufrió Gadafi: “Si yo sólo veo el final de la película, que es un viejo linchado y sodomizado por un grupo de jóvenes enardecidos, no lo entiendo y siento que esas personas son animales (…) Hay tanta complejidad que, cuando ves la película completa, para contarlo no necesitas 200 páginas sino 600, y aun así no podrías explicarlo correctamente”.
Hay quienes han criticado duramente el trabajo de Arce en Misrata, acusándole de justificar la intervención de la OTAN en Libia. “Sabiendo todos que los rebeldes no hubieran ganado la guerra sin la OTAN, nadie está de acuerdo con la manera en que la OTAN realizó su intervención”. Según cuenta Arce, en Misrata nadie era capaz de entender qué había detrás del comportamiento de la OTAN: “Había gente que decía que la OTAN quería alargar la guerra para poder vender más armas y lucrarse más. Había gente que decía que quería alargar la guerra para darle un margen a Gadafi para que buscase una solución al conflicto. Había otros que decían que la OTAN no podía ganar la guerra desde el aire y necesitaba poner tropas en el terreno, y eso es algo que los rebeldes libios no aceptaban”.
Si hay algo que produce rechazo en el periodista español es la intervención de las tropas de la OTAN en la guerra de Libia y a la vez darse cuenta de que eran necesarias para que los rebeldes la ganasen. “Acaba por desteñírsenos la camiseta roja con la que crecimos y ahora se queda en un rosa pálido o azul sucio (…) Demuestra que al periodismo no puedes acercarte nunca con apriorismos, ni maniqueísmos, con dogmas o ideología. Tienes que dejar que la realidad te sorprenda”. La misma realidad que sorprende cuando se analiza por qué no se ha intervenido en Siria y sí en Libia: “lo más asqueroso es que en Europa haya gente, que esté defendiendo a un dictador hereditario que lleva 40 años, y que está masacrando a su población con artillería pesada”.
Acusa a esas personas de callarse y no señalar como imperialistas los contratos petrolíferos que Gadafi firmó con los países europeos antes de comenzar la guerra, mientras que sí consideran imperialista la lucha por parte de los rebeldes libios, a los que se tachó de integristas islámicos y terrorista de Al-Qaeda. “Es importante que contemos esto porque creo que es lo necesario que nos puede ayudar a sentir la empatía necesaria con las personas, más allá del momento en el que están gritando “Alá abu Akbar” (Alá es grande), que es lo mismo que ser de Gijón y gritar todos los domingos “Aúpa Sporting”.
Para el reportero español, en la guerra es tan importante el suministro de espaguetis como el de armas. Es necesario estar ahí y contar qué hay detrás de los tiros y las ofensivas, las historias de las personas. Sobre el futuro de Libia, Arce se muestra consciente de la dificultad del proceso. Tras una guerra, los vencedores se imponen a los vencidos y llegan las torturas, las detenciones, las represalias. “Dejemos de ser de una vez ingenuos (…) si tú llegas al poder a través de las armas es muy difícil que te conviertas en un demócrata de la noche a la mañana. Las democracias dicen que tardan 200 años en consolidarse, es más difícil construir una democracia que ganar una guerra, lo difícil empieza ahora”, sostiene.
Alberto Arce y sus compañeros regresaron a Europa antes del fin de la guerra. “No hay nada peor que un periodista con prisas”, apunta en su libro. Ese afán por la inmediatez es uno de los problemas que alimenta la crisis que atraviesa la profesión. “No vamos a poder contarlo bien en un contexto en el cual se nos pide que cada vez sea todo más corto, más breve, más masticado”. Toca recoger y marcharse a otro lugar. “Se acaban los fuegos artificiales y no queda nadie para contar el frío de la posguerra”. Todavía existen muchas historias por contar en Libia, lo que no queda es tiempo o interés suficiente.















Bien por Gloria y Almudena, las autoras de este documento.
Sin embargo no convergo demasiado con la posición de Alberto Arce. Es muy audaz decir la OTAN no quería bajas (sin añadir el fleco de que sí las hubo) a estas alturas; quiero decir, a estas alturas hay documentación, no es el abstracto informativo del 2011. Cualquier persona sin entender demsiado viendo estas palabras del autor hace parecer allí los buenos, la OTAN, cuidaba de no producir heridos. Es necesario puntualizar (si queremos mostrar neutralidad, claro).
http://www.cubadebate.cu/noticias/2011/08/12/otan-ha-bombardeado-libia-7037-veces-dejando-mas-de-1200-muertos-y-miles-de-heridos/
http://www.infowars.com/mounting-libyan-death-toll-from-us-nato-bombings/
http://sp.rian.ru/international/20110620/149443151.html
Pongo tres enlaces aunque podría enlazar no menos de 10. Lo más grave es decir que la OTAN era necesaria para la victoria rebelde. Ya está, sin decir si el futuro gobierno va a ser un títere del bloque atlántico perjudicando a su población, si ha sido peor el remedio que la enfermedad (http://www.iraqsolidaridad.org/2008/docs/05_02_Informe_mortalidad.html), que cargarte el Derecho Internacional devuelve el mundo a la ley de la jungla. Por decir lo principal.
Dice que por culpa de Gadaffi no se pudo hacer el trabajo profesional. Veamos. Hasta dónde sé un escenario de guerra no es una aventura gráfica donde puedes coger información y pistas para montar el cuadro perfecto. Los escenarios ideales no existen. Sencillamente se trabaja con limitaciones y estás deben reflejarse en el trabajo final, por mucho que pese. Por tanto la frase en sí mismo carece de lógica y lanzar acusaciones no se cómo clasificarlo, si poco realista, tendencioso o medida contingente a futuras críticas.
Lo único que saco útil es el desconocimiento de los rebeldes sobre los objetivos de la OTAN; o dicho con otras palabras, desconocían si sus temporales salvadores podían ser finalmente aves de carroña sobre los futuros intereses nacionales. Muy triste.
Y el argumento de “yo estuve allí” me sirve realmente poco. No consiste en ver el árbol sino el bosque, cosa que parece imposible con la síntesis leída hasta ahora. Todo esto se redondea con una visión del actual conflicto sobre Siria, como decirlo, maniquea y simplista en extremo. Porque en Siria está en juego cosas muy gordas, no es una simple lucha interna por el poder o el agotamiento de la población.
No es tan poco buen indicador insultar a quienes piensan distinto a ti, no es bueno omitir quién te financió la estancia y el papeleo.