El Comité Internacional de la Cruz Roja: una aproximación histórica (I)

“La tierra negra de sangre congelada, cubierta de desperdicios, armas abandonadas, fardos y casacas; miembros esparcidos, fragmentos de huesos astillados y cajas de cartuchos; caballos sin jinete olisqueando los cadáveres; rostros desfigurados por los estertores de la muerte; heridos arrastrándose hasta los charcos de fango ensangrentado para saciar su sed; ávidos campesinos lombardos corriendo de un cadáver a otro para robarles las botas…[1].

De este modo, relata el ginebrino Jean Henry Dunant el resultado de la batalla de Solferino [2], conmovido por el horror y la crueldad que el conflicto deja tras de sí. Como señala Michael Ignatieff, el mérito de Dunant fue saber ver con ojos nuevos un hecho inmemorial –el campo de batalla– y fijarse, como pocos lo habían hecho, en los heridos y moribundos que los capitanes y reyes dejan cuando se retiran[3].

En 1862 se publica el libro Un recuerdo de Solferino donde, además, de relatar la batalla, Dunant propone la formación de sociedades de socorro en cada país cuyo objetivo, en tiempos de guerra, sería el de atender a los heridos. Asimismo, insiste en organizar la reunión de un congreso con la finalidad de estudiar los principios internacionales que proporcionen una base jurídica para la acción de estas sociedades. De este modo, en febrero de 1863 se constituye un comité de cinco miembros que será el germen del Comité Internacional de la Cruz Roja (desde este momento CICR).

Habrá que esperar a agosto de 1864 para que se reúnan representantes de 16 países con el objetivo de aumentar la asistencia médica en los campos de batalla y, finalmente, se firmen los acuerdos de la I Convención de Ginebra. Como aspectos más destacados, se establece el carácter neutral de los hospitales, las ambulancias y los equipos médicos, así como la igualdad de trato asistencias para los soldados enemigos y las propias tropas. Además, surge el emblema de la Organización, una cruz roja sobre fondo blanco en homenaje a la bandera suiza (cruz blanca sobre fondo rojo), como necesidad de crear un signo internacional uniforme que fuese la señal visible de la neutralidad e inmunidad concedida a los heridos, enfermos y personal sanitario[4].

En esta primera convención no se determinaron penalizaciones ni mecanismos para asegurar el cumplimiento, si bien se fijaron pautas a respetar por todo combatiente “civilizado”. Sin duda, esta idea de guerra “civilizada” era un concepto paradójico, cuando no perverso, incluso para la época, ya que esta reunión tuvo lugar en el momento en que la guerra adquiría un carácter más brutal[5]. El autor canadiense Michael Ignatieff señala, precisamente, que con la aparición de la primera ametralladora (Gatling) utilizada en la Guerra Civil de Estados Unidos (1860-64) comenzó “un proceso de mecanización de la muerte que iba a culminar en Verdún y en el Somme”[6].

Ya desde el comienzo, tanto Dunant como el resto de representantes tuvieron claro la inevitabilidad de los conflictos armados, de ahí, que se afirme que la razón del nacimiento de la Cruz Roja “no fue otra que la de aliviar y mejorar la suerte de las víctimas de las guerras, convertida con el paso del tiempo en el objetivo principal de la disciplina jurídica que hoy en día se conoce como Derecho Internacional Humanitario (DIH)”[7].

Asimismo y, tras las diversas experiencias bélicas transcurridas durante el último tercio del siglo XIX, se puso de manifiesto las carencias del Convenio de 1864 y la necesidad de revisar su contenido (se aportará una cronología, a modo de resumen, con todos los acuerdos y convenios). Por ejemplo, en el Convenio de 1906, que constaba de 33 artículos, se introducen normas de ejecución y represión de las violaciones al mismo y la transición del concepto de neutralización, que había inspirado al primer Convenio, al de respeto y protección, vigente en la actualidad[8].

En 1949, el CICR renueva sus estatutos y establece cuatro tratados distintos conocidos como Convenciones de Ginebra. Una vez más, se acepta la guerra como “un ritual antropológico normal al que recurrían los seres humanos para resolver ciertas disputas cuando fallaban otras fórmulas”[9]. Su principal preocupación era que los combatientes aceptasen determinados principios de humanidad elemental, el mayor de ellos, respetar a los civiles y personal médico.

Esta idea aparece en el primer lugar de las normas fundamentales del DIH aplicables en los conflictos armados: Las personas fuera de combate y las que no participan directamente en las hostilidades tienen derecho a que se respete su vida y su integridad física y moral. Estas personas serán, en toda circunstancia, protegidas y tratadas con humanidad, sin distinción alguna de índole desfavorable[10]

Es evidente que la evolución de la Cruz Roja y el DIH han ido de la mano durante el centenario proceso de desarrollo de la primera. De hecho, basta con ir a los estatutos del movimiento suizo (art. 5.2 (C)) para comprobar que al CICR le corresponde la responsabilidad de aplicar y difundir el conocimiento del DIH[11]. En este sentido, Christophe Swinarski apunta que “en el proceso de desarrollo del DIH, el CICR ha desempeñado un cometido especial, por no decir único en la historia del derecho internacional, en la medida que a una institución privada se le asignen, en virtud de los tratados, competencias propias en el ámbito internacional, convirtiéndose en un verdadero agente internacional de la aplicación y de la ejecución del Derecho de Ginebra”[12].

Desde el final de la II Guerra Mundial y hasta la actualidad, se han firmado nuevas convenciones y protocolos, entre otros motivos, porque los hechos preceden al derecho. Así, los Protocolos adicionales de 1977 responden a las consecuencias de índole humanitaria de las guerras de descolonización que los Convenios de 1949 sólo cubrían de forma imperfecta y los últimos protocolos son consecuencia de la nueva tipología de conflicto armado de índole interna, que ha cambiado la concepción de guerra tradicional

Cronología

1864: Convenio de Ginebra para el mejoramiento de la suerte que corren los militares heridos en los ejércitos en campaña
1868: Declaración de San Petersburgo (prohibición del uso de determinados proyectiles en tiempo de guerra)
1899: Convenios de La Haya sobre las leyes y costumbres de la guerra terrestre y sobre la adaptación a la guerra marítima de los principios del Convenio de Ginebra de 1864
1906: Revisión y desarrollo del Convenio de Ginebra de 1864
1907: Revisión de los Convenios de La Haya de 1899 y aprobación de nuevos Convenios
1925: Protocolo de Ginebra sobre la prohibición del empleo, en la guerra, de gases asfixiantes, tóxicos o similares y de medios bacteriológicos
1929: Dos Convenios de Ginebra:

  • revisión y desarrollo del Convenio de Ginebra de 1906
  • Convenio de Ginebra relativo al trato de los prisioneros de guerra (nuevo)

1949: Cuatro Convenios de Ginebra:

  • I Para aliviar la suerte que corren los heridos y los enfermos en las fuerzas armadas en campaña
  • II Para aliviar la suerte que corren los heridos, los enfermos y los náufragos de las fuerzas armadas en el mar
  • III Relativo al trato debido a los prisioneros de guerra
  • IV Relativo a la protección debida a las personas civiles en tiempo de guerra

1954: Convención de La Haya para la protección de los bienes culturales en caso de conflicto armado
1972: Convención sobre la prohibición del desarrollo, la producción y el almacenamiento de armas bacteriológicas (biológicas) y toxínicas y sobre su destrucción
1977: Dos Protocolos adicionales a los Convenios de Ginebra de 1949 que mejoran la protección de las víctimas de los conflictos armados internacionales (Protocolo I) y no internacionales (Protocolo II)
1980: Convención sobre prohibiciones o restricciones del empleo de ciertas armas convencionales que puedan considerarse excesivamente nocivas o de efectos indiscriminados. A ella se añaden:

  • el Protocolo (I) sobre fragmentos no localizables
  • el Protocolo (II) sobre prohibiciones o restricciones del empleo de minas, armas trampa y otros artefactos
  • el Protocolo (III) sobre prohibiciones o restricciones del empleo de armas incendiarias

1993: Convención sobre la prohibición del desarrollo, la producción, el almacenamiento y el empleo de armas químicas y sobre su destrucción
1995: Protocolo sobre armas láser cegadoras (Prot. IV [nuevo] de la Convención de 1980)
1996: Protocolo enmendado sobre prohibiciones o restricciones del empleo de minas, armas trampa y otros artefactos (Prot. II [enmendado] de la Convención de 1980)
1997: Convención sobre la prohibición del empleo, almacenamiento, producción y transferencia de minas antipersonal y sobre su destrucción.
1998: Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional.
1999: Protocolo a la Convención de 1954 para la protección de los bienes culturales.
2000: Protocolo facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la participación de niños en los conflictos armados .
2001: Enmienda al artículo I de la Convención sobre ciertas armas convencionales.
2005: Protocolo adicional a los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949 relativo a la aprobación de un signo distintivo adicional (Protocolo III).

 


[1] Fragmento tomado de la obra de Dunant, Jean Henry,  Un recuerdo de Solferino, Comité Internacional de la Cruz Roj, Ginebra, 1982.

[2] El 24 de junio de 1859 el ejército francés de Napoleón III, que acude en apoyo del sardo Victor Manuel II, se enfrenta a las tropas austriacas de Francisco José I en las proximidades de la ciudad de Castiglione. Este enfrentamiento se enmarca en la guerra de independencia italiana frente al imperio austriaco y que desembocará en la posterior unificación del país transalpino.

[3] Ignatieff, Michael, El honor del guerrero, Ed. Taurus, Madrid, 1999

[4]Antón Ayllón, Manuel y Babé y Romero, Mercedes, El movimiento internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, en Rodríguez-Villasante y Prieto, José Luis (Coord.), Derecho Internacional Humanitario, Ed. Tirant lo Blanch, Valencia, 2002 para Cruz Roja Española, Centro de Estudios de Derecho Internacional Humanitario.

[5] Ibid, Ignatieff.

[6] Ibid, Ignatieff

[7] Gonzalo Jar Couselo, La contribución de la Cruz Roja y la Media Luna Roja a la aplicación del DIH, en Jorge Pueyo Losa y Julio Jorge Urbina (Coord.), El DIH en una sociedad internacional en transición, Tórculo Edicións, Santiago de Compostela, 2002 para Cruz Roja, Colección Estudios Internacionales.

[8] Ibid, Gonzalo Jar Consuelo.

[9] Ibid, Ignatieff

[10] Normas fundamentales de los Convenios de Ginebra y de sus Protocolos adicionales. Editado por el CICR, Ginebra, 1983.

[11] Los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949.

[12] Swinarski, Ch., Introducción al DIH, Edita CICR e Instituto Interamericano de Derechos Humanos, San José de Costa Rica y Ginebra, 1984.


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Sobre Adrián Rodrigo

Licenciado en Historia y Periodismo. Ha trabajado en el diario La Razón y en el Observatorio de Medios de Mediapro. En la actualidad, trabaja para la empresa de análisis de medios de comunicación y política Alert Media y colabora con la Revista aauc3m. Devorador de letras contemporáneas, fotogramas clásicos y enganchado a Europa del Este. Contacto: adrian.rodrigo@hemisferiozero.com