Incertidumbre en Corea del Norte

Tras la muerte del líder norcoreano Kim Jong-Il el pasado diciembre y los llantos en masa que le sucedieron, muchos nos preguntamos qué ocurrirá ahora. Tal es el hermetismo que rodea a la información sobre y desde Corea del Norte que se hace difícil aventurar una hipótesis sobre el futuro del país asiático.

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La historia de la Península de Corea comenzó el siglo XX marcada por la invasión japonesa y su conversión en un protectorado. A pesar de las distintas facciones independentistas y grupos guerrilleros que combatían la presencia nipona, ésta continuó hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Franklin D. Roosevelt había acordado en la Conferencia de Yalta que al cabo de tres meses del armisticio con Alemania, si Japón no se había rendido, Rusia se vería obligada a declarar la guerra y ayudar a Estados Unidos en el Pacífico. Dicho armisticio se firmó el 7 de mayo de 1945.

Ante la negativa de Japón a aceptar las condiciones de rendición incluidas en la Declaración de Postdam, Harry S. Truman aprobó el lanzamiento de la primera bomba atómica sobre Hiroshima el 6 de agosto. Tres días más tarde la segunda bomba caería sobre Nagasaki. Japón se rindió el 15 del mismo mes y, con el fin de la guerra en el Pacífico, terminó también la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos y la URSS se apresuraron a invadir la península de Corea, que hasta entonces había pertenecido a Japón.

En 1948 se creó al norte la República Popular Democrática de Corea bajo influencia soviética, con Kim Il Sung al frente; mientras que al sur se instauró la República de Corea, donde EEUU señaló como líder a Syngman Rhee, quien había vivido un exilio de décadas en el país norteamericano. Cuando el 25 de junio de 1950 tropas norcoreanas cruzaron a la zona sur, se produjo un altercado que acabó con una reunión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Por un lado, la administración de Truman temía la propagación del comunismo en Asia (ya había tenido lugar la victoria maoísta en China) y, por otro, Rusia había abandonado su asiento en el Consejo como protesta por la inclusión de Taiwán en éste.

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En ese contexto, se aprobaron varias resoluciones en las que la ONU autorizó por primera vez el envío de un ejército multinacional a una guerra. También China entró en juego al invadir Corea del Norte “en su ayuda”, después de que Corea del Sur hubiese alcanzado Pyongyang. Tiempo después comenzaron las negociaciones de paz que culminarían con el Armisticio de Panmunjom el 27 de junio de 1953. Se acordó la retirada de tropas extranjeras hasta la línea seguida antes de la guerra (el paralelo 38º); se procedió a la desmilitarización de una zona aproximada de cuatro kilómetros y una comisión de Naciones Unidas actuó en favor de los prisioneros. Millones de familias siguen hoy separadas por la frontera, escenario de múltiples incidentes que enfrentan a dos países que aún no han firmado un tratado de paz.

Con los cambios posteriores a la Guerra Fría, algunos expertos creían posible la reunificación basada en motivos económicos. Sin embargo, hechos como el atentado contra el vuelo 858 de Korean Airlines o las pruebas balísticas suelen terminar con procesos de acercamiento como el Acuerdo Básico de 1992. Son precisamente los programas nucleares y de misiles balísticos la baza que suele jugar Corea del Norte a la hora de recibir ayuda exterior. En 1999, por ejemplo, optó por una moratoria en las pruebas de misiles con la intención de obtener beneficios económicos (hay que recordar que unas fuertes tormentas tres años antes inundaron y echaron a perder buena parte de las cosechas del país). En 1999, fallecieron al menos 17 marineros norcoreanos en un enfrentamiento cerca de la denominada Línea del Límite Norte . Los desacuerdos entorno a los límites demarcados por dicha Línea condicionan en gran medida las relaciones actuales. En junio de 2000, se reunieron en la capital norcoreana Kim Jong-Il y Kim Dae Jung, en el primer contacto directo entre dos mandatarios coreanos.

La influencia de actores externos, a pesar del mencionado aislamiento de Corea del Norte, es fundamental en el posicionamiento político de la zona. En uno de sus discursos sobre el estado de la Unión, George W. Bush incluyó a Corea del Norte en el denominado eje del mal. Decidió cortar el flujo de ayuda, especialmente de petróleo, y las relaciones entre ambas Coreas se vieron resentidas. Ese mismo mes morirían seis surcoreanos y al menos treinta norcoreanos al enfrentarse fragatas de los dos países. Cinco años más tarde, el presidente de Corea del Sur, Roh Moo Hyun, se reunió con el mandatario de Corea del Norte en un nuevo intento de dejar atrás el armisticio de 1953 y alcanzar un verdadero acuerdo de paz. Una vez más, el diálogo parece haber caído en saco roto.

La reanudación de las actividades de la planta atómica de Yongbyon (Corea del Norte), que llevaba cerrada un par de años, después de las conversaciones entre ambas Coreas, China, Estados Unidos, Rusia y Japón, ponen de manifiesto que Corea del Norte sigue jugando con la ambigüedad respecto a su material nuclear o balístico (se calcula que tiene entre seis y doce cabezas nucleares). Precisamente esas negociaciones a seis bandas se paralizaron en 2009. En marzo de 2010, la corbeta surcoreana Cheonan se hundía tras ser alcanzada por un torpedo que provocó la muerte de los 46 marineros a bordo. A pesar de las acusaciones, Corea del Norte rechazó cualquier implicación en los hechos. Esto motivó el distanciamiento entre ambas administraciones, pues Seúl se negó a cualquier negociación con el Norte mientras éste no reconociese y se disculpase por lo sucedido.

Posteriormente, con la muerte de cuatro personas tras el ataque a la isla de Peonyeong en noviembre de 2010, las relaciones vivieron una nueva fase de tensión. Hay quien apunta a una lectura en clave interna de los hechos. Kim Il Sung, presidente eterno de la República, lideró Corea del Norte hasta su muerte en 1994. Le sucedió su hijo Kim Jong-Il, comandante supremo del ejército y recientemente fallecido. Éste a su vez designó a su tercer hijo, Kim Jong-Un, para sustituirle al mando del país. Según algunos analistas, Kim Jong-Un no sería visto con buenos ojos por el estamento militar tradicional debido a su gran desconocimiento de los asuntos marciales. El nuevo año promete revelar las primeras decisiones del sucesor, pero también el posicionamiento de quienes ocupan puestos de alto rango. De momento, ambas Coreas mueven ficha para no perder ni un ápice de fuerza en la región.


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Sobre Gloria Moronta

Licenciada en traducción e interpretación y especialista en información internacional. Curiosa y caminante. El Salvador me enganchó a la querida América. Contacto: gloria.moronta@hemisferiozero.com